Introducción

INTRODUCCIÓN

Antes del aniversario de la desaparición de Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī en febrero de 1959, Abhaya Caraṇāravinda Bhaktivedanta sintió intensamente la separación de su maestro espiritual. Él comprendió que las instrucciones de Śrīla Bhaktisiddhānta eran más importantes que su presencia física y que, de hecho, el maestro espiritual está presente en sus instrucciones. De esta manera, Abhaya siempre había estado con él. Sin embargo, en esta observancia anual en particular, Abhaya sintió profundamente su pérdida excepcional. Recordó cómo en 1932 había sido un gṛhastha y un discípulo nuevo. En ese entonces no había tenido libertad para servir tanto como servía ahora. Sin embargo, fue en esos años cuando personalmente vio a su maestro espiritual, le ofreció reverencias, comió los remanentes de su prasāda, caminó a su lado, escuchó su voz y recibió su mirada. Abhaya reflexionó profundamente sobre sus encuentros juntos.

¡Qué poderosa había sido la misión de Śrīla Bhaktisiddhānta! Sus imprentas trabajaban día y noche, imprimiendo revistas, libros y el periódico diario Nadīya Prakāśa. Y Europa había sido un campo de prédica prometedor. Con Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī Ṭhākura al mando, la Gauḍīya Maṭha había entrado en batalla contra las fuerzas de māyā, y Śrīla Bhaktisiddhānta había hecho que sus discípulos no tuvieran temor.

Abhaya siempre había estado ansioso por servir a su maestro espiritual, cooperar con la Gauḍīya Maṭha y con su sede en Calcuta. Pero cómo exactamente el debería servir no le había quedado claro, hasta que recibió su última carta de Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī, en la cual se le instaba a continuar predicando el mensaje de Śrīman Mahāprabhu al mundo de habla Inglesa.

Abhaya miró hacia los más de veinte años transcurridos desde la desaparición de su maestro espiritual. La Gauḍīya Maṭha había sido destruida por sus líderes, y todos los demás se habían dispersado como hojas en una tormenta. Fue una pérdida indescriptible. Y era una historia antigua–cómo los grandes sannyāsīs habían desobedecido las instrucciones de su maestro espiritual y, en cambio, habían creado intrigas, disputas, litigios, facciones violentas, falsos líderes reclamando ser ācāryas del mundo—¿y qué grupo había tenido razón? No, ambos estaban equivocados, todos estaban equivocados, porque la Gauḍīya Maṭha se había desintegrado. Ahora había docenas de pequeños maṭhas y ninguna prédica, nada de prédica real como antes, cuando él, Siṁha-guru, había infundido miedo en los corazones de los Māyāvādīs y había dirigido un ejército de jóvenes predicadores poderosos a marchar por toda la India y el mundo. Y las mayores víctimas de la disolución de la Gauḍīya Maṭha eran las personas, los no devotos, quienes ahora tenían poca esperanza de ser liberados de las palizas de māyā. Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī había iniciado una revolución espiritual, pero ahora māyā había derrocado esa revolución. Los restos dispersos del Gauḍīya Maṭha se habían asentado tranquilamente en unidades auto-satisfechas, aisladas y casi impotentes. Y eran las personas en general quienes sufrían la trágica pérdida del movimiento de saṅkīrtana.

Abhaya se aferró a los recuerdos de su guru. Se sentía seguro, en que su propia relación con Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī estaba intacta y en curso. Sin embargo, sentía cierta impotencia. Estaba cumpliendo diligentemente la orden de su maestro espiritual de predicar en Inglés, pero sin la presencia física de su maestro espiritual se sentía inadecuado y solo. En momentos como éste, cuestionaba la sabiduría de haber dejado a su familia y su negocio.

Lamentando la ausencia de Śrīla Bhaktisiddhānta y la caída de la Gauḍīya Maṭha, compuso un poema Bengalí en Diciembre de 1958 llamado Viraha-Aṣṭaśṭaka (“Ocho Octetos en Separación de Mi Maestro Espiritual”). La visión de Abhaya era sombría en ese momento. La era dorada de predicación que había florecido en los días de Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī ya no existía. “Ahora, por la influencia de māyā,” escribió Abhaya, “solo hay oscuridad en todas partes.” 

Meditando en esa gran personalidad poseedora del poder divino para salvar al mundo, Abhay expresó sus sentimientos de debilidad e impotencia. ¿Ahora quién podría salvar al mundo entero, que estaba más oprimido que antes? Śrīla Bhaktisiddhānta había dicho que un hombre muerto no puede predicar; sólo aquel que tiene vida puede predicar. Abhaya comprendió que mientras él y otros pudieran lamentar profundamente el fracaso de la Gauḍīya Maṭha, todavía había vida y esperanza. Era inútil llorar por lo que habían hecho sus hermanos espirituales, pero al verlo y resentirlo, Abhaya encontró, dentro del dolor de lo que podría haber sido, una chispa perdurable de lo que aún podría ser: Su maestro espiritual había instruido a todos a cantar, y “Empoderaste a todos la cualificación adicional para distribuir ese santo nombre.”

Abhaya Caraṇāravinda Bhaktivedanta envió este poema a su hermano espiritual Keśava Mahārāja, quien lo publicó en la revista Gauḍīya Patrikā bajo el título “Eight Stanzas on Separation from Bhaktisiddhānta Sarasvatī” en el Volumen X, Número 11 (Febrero de 1959), a tiempo para el aniversario de la desaparición de Śrīla Bhaktisiddhānta Sarasvatī.

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