Capítulo 4
Los Caminos del Necio y el Sabio
De ese modo, Kṛṣṇa se explica tal como es. Todavía así, no nos sentimos atraídos por Él. ¿Por qué es esto? La razón la da Kṛṣṇa Mismo:
daivī hy eṣā guṇamayī
mama māyā duratyayā
mām eva ye prapadyante
māyām etāṁ taranti te
“Esta energía divina Mía, que consiste de las tres modalidades de la naturaleza material, es difícil de superar. Pero aquellos que se han rendido a Mí pueden cruzar fácilmente más allá.” (Bg. 7.14)
El mundo material está impregnado de las tres cualidades de la naturaleza material. Todas las entidades vivientes están influenciadas por estas cualidades. Si están influenciadas principalmente por la modalidad de la bondad, se les llama brāhmaṇas, y si están influenciadas por la modalidad de la pasión, se les llama kṣatriyas. Si están influenciadas por las modalidades de la pasión y la ignorancia, son vaiśyas, y si están influenciadas por la ignorancia, son śūdras. Esto no es una imposición artificial debido al nacimiento o a la condición social, sino que es de acuerdo a guṇa, o la modalidad de la naturaleza bajo la cual uno actúa.
cātur-varṇyaṁ mayā sṛṣṭaṁ
guṇa-karma-vibhāgaśaḥ
tasya kartāram api māṁ
viddhy akartāram avyayam
“De acuerdo con las tres modalidades de la naturaleza material y el trabajo que se les atribuye, las cuatro divisiones de la sociedad humana fueron creadas por Mí. Y, aunque soy el creador de este sistema, debes saber que todavía soy el no-hacedor, siendo inmutable.” (Bg. 4.13)
No es que este sistema se refiera al pervertido sistema de castas de la India. Śrī Kṛṣṇa declara específicamente: guṇa–karma–vibhāgaśaḥ: Los hombres se clasifican según la guṇa o la modalidad bajo la cual están actuando, y esto se aplica a los hombres de todo el universo. Cuando Kṛṣṇa habla, debemos entender que todo lo que dice no es limitado sino que es universalmente cierto. Él afirma ser el padre de todas las entidades vivientes–incluso se afirma que los animales, los seres acuáticos, los árboles, las plantas, los gusanos, los pájaros y las abejas son Sus hijos. Śrī Kṛṣṇa afirma que el universo entero está ilusionado por las interacciones de las tres cualidades de la naturaleza material, y nosotros estamos bajo el hechizo de esa ilusión; por lo tanto, no podemos entender qué es Dios.
¿Cuál es la naturaleza de esta ilusión y cómo se puede superar? Eso también se explica en el Bhagavad–gītā:
daivī hy eṣā guṇamayī
mama māyā duratyayā
mām eva ye prapadyante
māyām etāṁ taranti te
“Esta energía divina Mía, que consiste de las tres modalidades de la naturaleza material, es difícil de superar. Pero aquellos que se han rendido a Mí pueden cruzar fácilmente más allá.” (Bg. 7.14)
Nadie puede librarse del enredo de las tres cualidades de la naturaleza material mediante la especulación mental. Las tres guṇas son muy fuertes y difíciles de superar. ¿No podemos sentir como estamos atrapados en la naturaleza material? La palabra guṇa (modalidad) también significa cuerda. Cuando alguien está atado por tres cuerdas fuertes, ciertamente está muy bien sujeto. Nuestras manos y piernas están todas atadas por las fuertes cuerdas de la bondad, la pasión y la ignorancia. ¿Debemos entonces abandonar la esperanza? No, porque aquí Śrī Kṛṣṇa promete que quienquiera que se rinda a Él queda inmediatamente libre. Cuando uno se vuelve consciente de Kṛṣṇa–ya sea de esta manera o de aquella–se vuelve libre.
Todos estamos relacionados con Kṛṣṇa, porque todos somos Sus hijos. Un hijo puede tener un desacuerdo con su padre, pero no le es posible romper esa relación. En el transcurso de su vida se le será preguntado quién es él y tendrá que responder, “Soy hijo de fulano de tal.” Esa relación no se puede romper. Todos somos hijos de Dios, y esa relación con Él es eterna, pero simplemente lo hemos olvidado. Kṛṣṇa es todopoderoso, todo famoso, todo rico, todo hermoso, todo conocedor, y también está lleno de renunciación. Aunque somos amigos de tan gran personalidad, lo hemos olvidado. Si el hijo de un hombre rico olvida a su padre, sale de casa y se vuelve loco, puede que se eche en la calle a dormir o que pida dinero para comida, pero todo esto se debe a su olvido. Sin embargo, si alguien le da información que simplemente está sufriendo porque ha abandonado la casa de su padre y que su padre, un hombre muy rico y dueño de gran propiedad, está ansioso por que regrese–esa persona es un gran benefactor.
En este mundo material siempre estamos sufriendo de tres tipos de miserias–las miserias que surgen del cuerpo y la mente, de otras entidades vivientes y de catástrofes naturales. Al estar cubiertos por la ilusión, por las modalidades de la naturaleza material, no tomamos en cuenta estas miserias. Sin embargo, siempre debemos saber que en el mundo material estamos pasando por mucho sufrimiento. Aquel que tiene una conciencia suficientemente desarrollada, que es inteligente, inquiere por qué sufre. “No quiero miserias. ¿Por qué estoy sufriendo?” Cuando surge esta pregunta, existe la posibilidad de volverse consciente de Kṛṣṇa.
Tan pronto como nos entregamos a Kṛṣṇa, Él nos recibe muy cordialmente. Es justo como un niño perdido que regresa con su padre y le dice, “Mi querido padre, debido a un malentendido dejé tu protección, pero he sufrido. Ahora vuelvo a ti.” El padre abraza a su hijo y le dice, “Mi querido niño, vamos. Estuve tan ansioso por ti todos los días que estuviste fuera, y ahora estoy tan feliz de que hayas regresado.” El padre es tan bondadoso. Estamos en la misma posición. Tenemos que rendirnos a Kṛṣṇa y no es muy difícil. Cuando el hijo se rinde al padre, ¿es un trabajo muy difícil? Es muy natural y el padre siempre está esperando recibir al hijo. No hay posibilidad de insulto. Si nos inclinamos ante nuestro Padre Supremo y tocamos Sus pies, no hay daño para nosotros, ni es difícil. De hecho, es glorioso para nosotros. ¿Por qué no deberíamos hacerlo? Al entregarnos a Kṛṣṇa, quedamos inmediatamente bajo Su protección y somos aliviados de todas las miserias. Esto está validado por todas las escrituras. Al final del Bhagavad–gītā, Śrī Kṛṣṇa dice:
sarva-dharmān parityajya
mam ekaṁ śaraṇaṁ vraja
ahaṁ tvāṁ sarva-pāpebhyo
mokṣayiṣyāmi mā śucaḥ
“Abandona todas las variedades de religión y tan solo ríndete a Mí. Yo te liberaré de toda reacción pecaminosa. No temas.” (Bg. 18.66)
Cuando nos arrojamos a los pies de Dios, quedamos bajo Su protección, y desde ese momento en adelante no hay temor para nosotros. Cuando los niños están bajo la protección de sus padres, no tienen miedo porque saben que sus padres no permitirán que se les haga daño. Mām eva ye prapadyante: Kṛṣṇa promete que quienes se rinden a Él no tienen motivo para temer.
Si entregarse a Kṛṣṇa es algo tan fácil, ¿por qué la gente no lo hace? En cambio, hay muchos que cuestionan la existencia misma de Dios, afirmando que la naturaleza y la ciencia lo son todo y que Dios no es nada. El llamado avance de la civilización en el conocimiento significa que la población se está volviendo más loca. En lugar de curarse, la enfermedad está aumentando. A la gente no le importa Dios, pero sí le importa la naturaleza, y es asunto de la naturaleza dar patadas en forma de las tres miserias. Ella siempre está administrando estas patadas las veinticuatro horas del día. Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a que nos pateen que pensamos que está bien y consideramos que es el curso normal de las cosas. Nos hemos vuelto muy orgullosos de nuestra educación, pero le decimos a la naturaleza material, “Muchas gracias por patearme. Ahora, por favor continúa.” Así engañados, pensamos que incluso hemos conquistado la naturaleza material. ¿Pero cómo es esto así? La naturaleza todavía nos inflige las miserias del nacimiento, la vejez, las enfermedades y la muerte. ¿Alguien ha solucionado estos problemas? Entonces, ¿qué avance hemos logrado realmente en conocimiento y civilización? Estamos bajo las estrictas reglas de la naturaleza material, pero aun así estamos pensando que hemos conquistado. Esto se llama māyā.
Puede que haya alguna dificultad en rendirse al padre de este cuerpo, porque él tiene conocimiento y poder limitados, pero Kṛṣṇa no es como un padre ordinario. Kṛṣṇa es ilimitado y tiene pleno conocimiento, pleno poder, plena riqueza, plena belleza, plena fama y plena renunciación. ¿No deberíamos considerarnos afortunados de acudir a un padre así y disfrutar de Su propiedad? Sin embargo, a nadie parece importarle esto, y ahora todo el mundo está haciendo propaganda de que no hay Dios. ¿Por qué la gente no lo busca? La respuesta se da en el siguiente verso del Bhagavad–gītā:
na māṁ duṣkṛtino mūḍhāḥ
prapadyante narādhamāḥ
māyayāpahṛta jñānā
āsuraṁ bhāvam āśritāḥ
“Aquellos malhechores que son grandemente tontos, los más bajos entre la humanidad, cuyo conocimiento es robado por la ilusión y que participan de la naturaleza atea de los demonios, no se entregan a Mí.” (Bg. 7.15)
De esta manera se clasifica a los tontos. Un duṣkṛtī siempre actúa en contra de los mandatos de las escrituras. La tarea de la civilización actual es romper las reglas de las escrituras–eso es todo. Por definición, un hombre piadoso es aquel que no lo hace. Debe haber algún estándar para distinguir entre duṣkṛtī (un hacedor de maldad) y sukṛtī (un hombre virtuoso). Todo país civilizado tiene alguna escritura–puede ser Cristiana, Hindú, Musulmana o Budista. Eso no importa. El punto es que el libro de autoridad, la escritura, está ahí. Quien no sigue sus mandatos es considerado un proscrito.
Otra categoría mencionada en este verso es mūḍha, el tonto número uno. El narādhama es alguien que está en un nivel inferior en la escala humana, y māyayāpahṛta-jñāna se refiere a aquel cuyo conocimiento es arrebatado por māyā, o la ilusión. Āsuraṁ bhāvam āśritāḥ se refiere a aquellos que son abiertamente ateos. Aunque no hay desventajas en entregarse al Padre, las personas que se caracterizan así nunca lo hacen. Como resultado, son constantemente castigados por los agentes del Padre. Se les tiene que abofetear, azotar y patear brutalmente, y tienen que sufrir. Así como un padre tiene que castigar a su hijo rebelde, así la naturaleza material tiene que emplear ciertos castigos. Al mismo tiempo, la naturaleza nos nutre proporcionándonos comida y otras necesidades. Ambos procesos ocurren porque somos hijos del Padre más rico de todos, y Kṛṣṇa es bondadoso aunque no nos rindamos a Él. Sin embargo, a pesar de haber sido tan bien provisto por el Padre, el duṣkṛtī todavía realiza acciones no autorizadas. Uno es tonto si persiste en ser castigado, y uno está en un nivel inferior en la escala humana si no utiliza esta forma de vida humana para comprender a Kṛṣṇa. Si un hombre no utiliza su vida para despertar la relación que tiene con su verdadero Padre, se le considera caído en la escala humana.
Los animales simplemente comen, duermen, se defienden, tienen relaciones sexuales y mueren. No aprovechan la conciencia superior porque eso no es posible en las formas de vida inferiores. Si un ser humano sigue las actividades de los animales y no aprovecha su capacidad para elevar su conciencia, cae de la escala humana y se prepara para un cuerpo animal en su próxima vida. Por la gracia de Kṛṣṇa, se nos da un cuerpo y una inteligencia altamente desarrollados, pero si no los utilizamos, ¿por qué debería Él dárnoslos nuevamente? Debemos entender que este cuerpo humano se ha desarrollado después de millones y millones de años de evolución y que en sí mismo es una oportunidad para salir del ciclo de nacimiento y muerte en el que evolucionan más de ocho millones de especies de vida. Esta oportunidad se nos da por la gracia de Kṛṣṇa, y si no la tomamos, ¿no somos los más bajos entre los hombres? Uno puede ser poseedor de un título–maestría, doctorado, etc.–de alguna universidad, pero la energía ilusoria arrebata este conocimiento mundano. Aquel que es realmente inteligente aplicará su inteligencia para comprender quién es él, quién es Dios, qué es la naturaleza material, por qué está sufriendo en la naturaleza material y cuál es el remedio para este sufrimiento.
Podemos aplicar nuestra inteligencia para fabricar un automóvil, una radio o una televisión para la gratificación de los sentidos, pero tenemos que comprender que esto no es conocimiento. Más bien, se trata de inteligencia saqueada. La inteligencia fue dada al hombre para comprender los problemas de la vida, pero se está utilizando mal. La gente piensa que ha adquirido conocimiento porque sabe cómo fabricar y conducir automóviles, pero antes de que existieran los automóviles, la gente todavía iba de un lugar a otro. Lo que pasa es que las facilidades han aumentado, pero junto con estas facilidades vienen problemas adicionales–la contaminación del aire y carreteras abarrotadas. Esto es māyā; estamos creando facilidades, pero estas facilidades, a su vez, están creando muchísimos problemas.
En lugar de desperdiciar nuestra energía para abastecernos de tantas facilidades y comodidades modernas, deberíamos aplicar la inteligencia para comprender quiénes y qué somos. No nos gusta sufrir, pero deberíamos entender por qué se nos impone el sufrimiento. Mediante el supuesto conocimiento, simplemente hemos logrado fabricar la bomba atómica. De este modo se ha acelerado el proceso de la muerte. Estamos muy orgullosos de pensar que esto es un avance del conocimiento, pero si podemos fabricar algo que pueda detener la muerte, realmente habremos avanzado en el conocimiento. La muerte ya existe en la naturaleza material, pero estamos muy ansiosos por promoverla matando a todos de una sola vez–esto se llama māyayāpahṛta–jñāna, conocimiento arrebatado por la ilusión.
Los āsuras, los demonios y los ateos proclamados, en realidad desafían a Dios. Si no fuera por nuestro Padre Supremo, no veríamos la luz del día, entonces, ¿qué sentido tiene desafiarlo? En los Vedas se declara que hay dos clases de hombres, los devas y los āsuras, los semidioses y los demonios. ¿Quiénes son los devas? Los devotos del Señor Supremo reciben el nombre de devas porque también se vuelven como Dios, mientras que aquellos que desafían la autoridad del Supremo reciben el nombre de āsuras o demonios. Estas dos clases siempre se encuentran en la sociedad humana.
Así como hay cuatro tipos de malhechores que nunca se rinden a Kṛṣṇa, hay cuatro tipos de hombres afortunados que Le adoran, y se clasifican en el siguiente verso:
catur-vidhā bhajante māṁ
janāḥ sukṛtino ‘rjuna
ārto jijñāsur arthārthī
jñānī ca bharatarṣabha
“Oh el mejor entre los Bhāratas [Arjuna], cuatro tipos de hombres piadosos me rinden servicio devocional–el afligido, el que desea riquezas, el inquisitivo y el que busca el conocimiento del Absoluto.” (Bg. 7.16)
Este mundo material está lleno de aflicción, y tanto los piadosos como los impíos están sujetos a ella. El frío del invierno trata a todos por igual. No le importa el piadoso ni el impío, el rico o el pobre. La diferencia entre el piadoso y el impío, sin embargo, es que el hombre piadoso piensa en Dios cuando se encuentra en su condición miserable. A menudo, cuando un hombre está afligido, va a la iglesia y ora, “Oh Señor mío, estoy en dificultad. Por favor, ayúdame.” Aunque esté orando por alguna necesidad material, esa persona debe ser considerada piadosa porque ha acudido a Dios en su aflicción. De manera similar, un hombre pobre puede ir a la iglesia y orar, “Mi querido Señor, por favor dame algo de dinero.” Por otro lado, los inquisitivos suelen ser inteligentes. Siempre están investigando para entender las cosas. Quizás pregunten “¿Qué es Dios?” y luego realizan una investigación científica para averiguarlo. También se les considera piadosos porque su investigación se dirige al objeto adecuado. El hombre con conocimiento se llama jñānī–aquel que ha comprendido su posición constitucional. Tal jñānī puede tener una concepción impersonal de Dios, pero como se está refugiando en la Verdad Absoluta Suprema última, también debe ser considerado piadoso. Estos cuatro tipos de hombres se llaman sukṛtī–piadosos–porque todos buscan a Dios.
teṣāṁ jñānī nitya-yukta
eka-bhaktir viśiṣyate
priyo hi jñānino ‘tyartham
ahaṁ sa ca mama priyaḥ
“De estos, el mejor es el sabio que tiene pleno conocimiento en unión Conmigo a través del servicio devocional puro. Porque yo soy muy querido para él y él es querido para Mí”. (Bg. 7.17)
De las cuatro clases de hombres que se acercan a Dios, el que está tratando filosóficamente de comprender la naturaleza de Dios, el que está tratando de volverse consciente de Kṛṣṇa–viśiṣyate–es el mejor cualificado. De hecho, Kṛṣṇa dice que esa persona le es muy querida porque no tiene otra ocupación que comprender a Dios. Los demás son inferiores. Nadie tiene que orarle a Dios para pedirle nada, y el que lo hace es un tonto porque no sabe que el Dios omnisciente está dentro de su corazón y es muy consciente cuando está en aflicción o necesita dinero. El hombre sabio se da cuenta de esto y no ora pidiendo alivio de las miserias materiales. Más bien, ora para glorificar a Dios e informar a otros cuán grande es Él. No ora por su interés personal, por pan, vestido o refugio. El devoto puro, cuando está afligido, dice, “Querido Señor, ésta es Tu bondad. Me has puesto en aflicción sólo para rectificarme. Debería estar en una aflicción mucho mayor, pero por Tu misericordia has minimizado esto.” Ésta es la visión de un devoto puro que no se perturba.
A aquel que está en conciencia de Kṛṣṇa no le importan las aflicciones materiales, los insultos ni los honores, porque está apartado de todos estos. Él sabe bien que la aflicción, el honor y el insulto pertenecen sólo al cuerpo y que él no es el cuerpo. Sócrates, por ejemplo, que creía en la inmortalidad del alma, fue condenado a muerte y, cuando se le preguntó como le gustaría ser enterrado, respondió, “Primero que nada, quizás tengan que atraparme.” De modo que quien sabe que no es el cuerpo no se perturba, porque sabe que el alma no puede ser atrapada, torturada, asesinada o enterrada. Aquel que está versado en la ciencia de Kṛṣṇa sabe perfectamente bien que él no es el cuerpo, que es parte y porción de Kṛṣṇa, que su verdadera relación es con Kṛṣṇa, y que de una forma u otra, aunque haya sido puesto en el cuerpo material, debe permanecer alejado de las tres cualidades de la naturaleza material. No le preocupan las modalidades de la bondad, la pasión o la ignorancia, sino Kṛṣṇa. Aquel que entiende esto es un jñānī, un hombre sabio, y es muy querido por Kṛṣṇa. Un hombre afligido, cuando se le coloca en la opulencia, puede que olvide a Dios, pero un jñānī, que conoce la verdadera posición de Dios, nunca lo olvidará.
Hay una clase de jñānīs llamados impersonalistas que dicen que, como adorar lo impersonal es demasiado difícil, una forma de Dios tiene que ser imaginada. Estos no son verdaderos jñānīs–son tontos. Nadie puede imaginar la forma de Dios, porque Dios es tan grande. Uno puede imaginar alguna forma, pero eso es una invención; no es la forma real. Hay quienes imaginan la forma de Dios y hay quienes niegan la forma de Dios. Tampoco aquel es un jñānī. Quienes imaginan la forma se llaman iconoclastas. Durante los disturbios Hindú-Musulmanes en la India, algunos Hindúes iban a la mezquita Musulmana y rompían estatuas e imágenes de Dios, y los Musulmanes correspondían de la misma manera. De esta manera ambos pensaban, “Hemos matado al Dios Hindú. Hemos matado al Dios Musulmán, etc.” De manera similar, cuando Gandhi estaba liderando su movimiento de resistencia, muchos Indios salían a la calle y destruían los buzones de correo, pensando que de este modo estaban destruyendo el servicio postal del gobierno. Las personas con esa mentalidad no son jñānīs. Las guerras religiosas entre Hindúes y Musulmanes, Cristianos y no Cristianos se llevaron a cabo sobre la base de la ignorancia. Quien tiene conocimiento sabe que Dios es uno; No puede ser Musulmán, Hindú o Cristiano.
Es nuestra imaginación que Dios es tal y tal y tal y tal. Eso es todo imaginación. El verdadero hombre sabio sabe que Dios es trascendental. Aquel que sabe que Dios es trascendental a las modalidades materiales, verdaderamente conoce a Dios. Dios está siempre a nuestro lado, presente en nuestros corazones. Cuando dejamos el cuerpo, Dios también va con nosotros, y cuando tomamos otro cuerpo, Él va con nosotros allí sólo para ver qué estamos haciendo. ¿Cuándo volveremos nuestro rostro hacia Él? Él siempre está esperando. Tan pronto como volvemos nuestro rostro hacia Dios, Él dice, “Mi querido hijo, vamos–sa ca mama priyaḥ–tú eres eternamente querido para Mí. Ahora vuelves tu rostro hacia Mí y estoy muy contento.”
El hombre sabio, el jñānī, en realidad comprende la ciencia de Dios. Aquel que sólo entiende que “Dios es bueno” está en una etapa preliminar, pero aquel que realmente entiende cuán grande y bueno es Dios, ha progresado aun más. Ese conocimiento se puede obtener en el Śrīmad–Bhāgavatam y el Bhagavad–gītā. Aquel que esté realmente interesado en Dios debe estudiar la ciencia de Dios, el Bhagavad–gītā.
idaṁ tu te guhyatamaṁ
pravakṣyāmy anasūyave
jñānaṁ vijñāna-sahitaṁ
yaj jñātvā mokṣyase ’śubhāt
“Mi querido Arjuna, porque nunca eres envidioso de Mí, te impartiré esta más secreta sabiduría, la cual sabiendo serás aliviado de las miserias de la existencia material.” (Bg. 9.1)
El conocimiento de Dios impartido en el Bhagavad-gītā es muy sutil y confidencial. Está lleno de jñāna, sabiduría metafísica, y vijñāna, conocimiento científico. Y también está lleno de misterio. ¿Cómo uno puede entender este conocimiento? Debe ser impartido por Dios Mismo o por un representante fidedigno de Dios. Por lo tanto, Śrī Kṛṣṇa dice que siempre que hay una discrepancia en la comprensión de la ciencia de Dios, Él se encarna.
El conocimiento tampoco proviene del sentimiento. La devoción no es sentimiento. Es una ciencia. Śrīla Rūpa Gosvāmī dice, “Un espectáculo de espiritualidad sin referencia al conocimiento Védico es simplemente una perturbación para la sociedad.” Uno debe probar el néctar de la devoción mediante la razón, el argumento y el conocimiento, y luego debe transmitirlo a los demás. Uno no debe pensar que la conciencia de Kṛṣṇa es mero sentimentalismo. El baile y el canto son todos científicos. Hay ciencia y también hay reciprocidad amorosa. Kṛṣṇa es muy querido para el hombre sabio, y el hombre sabio es muy querido para Kṛṣṇa. Kṛṣṇa nos devolverá nuestro amor mil veces más. ¿Qué capacidad tenemos nosotros, criaturas finitas, para amar a Kṛṣṇa? Pero Kṛṣṇa tiene una inmensa capacidad–una capacidad ilimitada–para amar.