Capítulo 1: El Yoga como Restablecimiento de las Relaciones con Kṛṣṇa

Capítulo 1

El Yoga como Restablecimiento de las Relaciones con Kṛṣṇa

Hemos escuchado muchas veces acerca del sistema yoga. El sistema yoga es aprobado por el Bhagavad-gītā, pero el sistema yoga del Bhagavad-gītā está indicado especialmente para la purificación. La meta es triple: controlar los sentidos, purificar las actividades y unirlo a uno a Kṛṣṇa en una relación recíproca.

La Verdad Absoluta se realiza en tres etapas: el Brahman impersonal, el Paramātmā localizado (Superalma) y finalmente como Bhagavān, la Suprema Personalidad de Dios. En último análisis, la Suprema Verdad Absoluta es una Persona, y simultáneamente es la omnipenetrante Superalma dentro de los corazones de todas las entidades vivientes y dentro del núcleo de cada átomo, y es también el brahmajyoti, o la refulgencia de la luz espiritual. Bhagavān Śrī Kṛṣṇa está lleno de opulencias como la Suprema Personalidad de Dios, pero al mismo tiempo está lleno de toda renunciación. En el mundo material encontramos que quien posee mucha opulencia no tiene mucha inclinación a dejarla, pero Kṛṣṇa no es así. Él puede renunciar a todo y permanecer completo en Sí Mismo.

Cuando leemos o estudiamos el Bhagavad-gītā bajo un maestro espiritual fidedigno, no deberíamos pensar que el maestro espiritual está presentando sus propias opiniones. No es él quien está hablando. Él solamente es un instrumento. Quien verdaderamente está hablando es la Suprema Personalidad de Dios, quien se encuentra tanto dentro como fuera. Al principio de Su discurso sobre el sistema yoga en el Sexto Capítulo del Bhagavad-gītā, Śrī Kṛṣṇa dice:

anāśritaḥ karma-phalaṁ
kāryaṁ karma karoti yaḥ
sa sannyāsī ca yogī ca
na niragnir na cākriyaḥ

“Quien está desapegado de los frutos de su trabajo y trabaja como su deber le obliga, está en la orden de vida de renuncia y es el verdadero místico; no así, aquél que no enciende fuego ni ejecuta trabajo alguno.” (Bg. 6.1) Todos están trabajando y esperando algún resultado. Puede uno preguntarse ¿cuál es el propósito de trabajar si no se espera ningún resultado? El trabajador siempre exige una remuneración o salario. Pero Kṛṣṇa nos indica aquí que uno puede trabajar solo por el sentido del deber, sin esperar los resultados de sus actividades. Si uno trabaja de esta forma, entonces en realidad es un sannyāsī; aquel está en la orden de vida de renuncia.

De acuerdo con la cultura Védica, hay cuatro etapas de la vida: brahmacārī, gṛhastha, vānaprastha y sannyāsa. Brahmacārī es la vida estudiantil dedicada al entrenamiento en la comprensión espiritual. La vida de gṛhastha es la vida del casado. Después de alcanzar la edad de cincuenta aproximadamente, uno puede tomar la orden de vānaprastha—es decir, aquel deja su hogar e hijos y viaja con su esposa a lugares sagrados de peregrinación. Finalmente este deja tanto a la esposa como a los hijos y permanece solo para cultivar la conciencia de Kṛṣṇa, y esta etapa es llamada sannyāsa, o la orden de vida de renuncia. Sin embargo, Kṛṣṇa indica que para un sannyāsī la renunciación no lo es todo. Además de eso, tiene que haber algún deber. ¿Cuál es entonces el deber de un sannyāsī, para aquel que ha renunciado a la vida familiar y no tiene ya obligaciones materiales? Su deber es el de mayor responsabilidad; es trabajar para Kṛṣṇa. Además, éste es el verdadero deber de todos en todas las etapas de la vida.

En la vida de cada quién hay dos deberes: uno es servir a la ilusión y el otro es servir a la realidad. Cuando uno sirve a la realidad, es un verdadero sannyāsī. Y cuando uno sirve a la ilusión se está engañado por māyā. Tiene uno que entender, sin embargo, que bajo cualquier circunstancia se está obligado a servir. O se sirve a la ilusión o se sirve a la realidad. La posición constitucional del ser viviente es la de ser un sirviente, no un señor. Todos en el mundo material son sirvientes; nadie es el señor. Uno puede pensar que es el señor, pero en realidad es un sirviente. Cuando se tiene una familia, uno puede pensar que es el dueño de su esposa o de sus hijos, o de su hogar, su negocio y así sucesivamente, pero todo eso es falso. Uno en realidad es el sirviente de su esposa, de sus hijos y de su negocio. El presidente puede ser considerado el jefe del país, pero en realidad es el sirviente del país. Nuestra posición es siempre como sirviente—ya sea como sirviente de la ilusión o como sirviente de Dios. Sin embargo, si permanecemos como sirvientes de la ilusión, entonces nuestra vida se desperdicia. Desde luego que todos piensan que no son sirvientes, sino que trabajan únicamente para ellos mismos. Aunque los frutos de su labor son pasajeros e ilusorios, lo obligan a ser un sirviente de la ilusión o un sirviente de sus propios sentidos. Pero cuando uno despierta a sus sentidos trascendentales y se sitúa realmente en el conocimiento, entonces se convierte en sirviente de la realidad. Cuando uno llega a la plataforma del conocimiento, entiende que bajo cualquier circunstancia es un sirviente. Ya que no es posible para él ser el señor, uno está mucho mejor situado sirviendo a la realidad que sirviendo a la ilusión. Cuando uno se vuelve consciente de esto, alcanza la plataforma del verdadero conocimiento. Por sannyāsa, la orden renunciante de la vida, nos referimos a quien ha llegado a esta plataforma. Sannyāsa es una cuestión de realización, no de estatus social.

Es el deber de todos hacernos conscientes de Kṛṣṇa y servir a la causa de Kṛṣṇa. Cuando uno realmente se da cuenta de esto se convierte en un mahātmā, o una gran alma. En el Bhagavad-gītā Kṛṣṇa dice que después de muchos nacimientos, cuando alguien llega a la plataforma del verdadero conocimiento, él “se rinde ante Mí.” ¿Por qué esto? Vāsudevaḥ sarvam iti. El hombre sabio se da cuenta de que “Vāsudevah [Kṛṣṇa] lo es todo.” Sin embargo, Kṛṣṇa dice que tal alma tan grande raramente se encuentra. ¿Por qué es esto? Si una persona inteligente llega a comprender que la meta final de la vida es rendirse a Kṛṣṇa, ¿por qué vacilar? ¿Por qué no rendirse inmediatamente? ¿De qué sirve esperar tantos nacimientos? Cuando uno llega a ese punto de rendición, se convierte en un verdadero sannyāsī. Kṛṣṇa nunca fuerza a nadie a que se rinda ante Él. La rendición es el resultado del amor, del amor trascendental. Cuando se forza y no hay libertad, no puede haber amor. Cuando una madre ama a un niño, nadie le obliga a amarlo ni ella lo ama con la expectativa de un salario o remuneración.

En forma similar, podemos amar al Señor Supremo de muchas maneras—podemos amarlo como maestro, como amigo, como hijo o como esposo. Hay cinco rasas o relaciones básicas mediante las cuales estamos eternamente relacionados con Dios. Cuando realmente estamos en la etapa liberada del conocimiento, podemos comprender que nuestra relación con el Señor está en un rasa determinado. Esa plataforma se llama svarūpa-siddhi, o verdadera autorrealización. Todo el mundo tiene una relación eterna con el Señor, sea como señor y sirviente, como amigo y amigo, como padre e hijo, como esposo y esposa, o como amante y amada. Estas relaciones están eternamente presentes. Todo el proceso de realización espiritual y la verdadera perfección del yoga consisten en revivir nuestra conciencia de esta relación. En el presente, nuestra relación con el Señor Supremo se refleja pervertida en este mundo material. En el mundo material, la relación entre señor y sirviente se basa en el dinero o en la fuerza o en la explotación. No es cuestión de servicio por amor. La relación entre señor y sirviente, pervertidamente reflejada, continúa únicamente mientras el señor pueda pagar al sirviente. En cuanto el pago cesa, la relación también termina. Similarmente, en el mundo material puede existir una relación entre amigos, pero en cuanto hay un pequeño desacuerdo, la amistad queda rota y el amigo se convierte en enemigo. Cuando hay una diferencia de opinión entre el hijo y los padres, el hijo se va de la casa y la relación se corta. Lo mismo sucede con el esposo y la esposa; una pequeña diferencia de opinión, y hay divorcio.

Ninguna relación en este mundo material es real o eterna. Debemos recordar siempre que estas relaciones efímeras son simplemente reflejos pervertidos de aquella relación eterna que tenemos con la Suprema Personalidad de Dios. Hemos experimentado que el reflejo de un objeto en un vidrio no es real. Puede parecer real, pero cuando lo vamos a tocar encontramos que solamente hay vidrio. Tenemos que llegar a entender que estas relaciones como amigo, padre, hijo, señor, sirviente, esposo, esposa o amante son simples reflejos de la relación que tenemos con Dios. Cuando llegamos a este nivel de comprensión entonces nos encontramos en el conocimiento perfecto. Cuando llega ese conocimiento, empezamos a entender que somos sirvientes de Kṛṣṇa y que tenemos una eterna relación amorosa con Él.

En esta relación amorosa no hay cuestión de remuneración, pero desde luego hay remuneración y ésta es mucho mayor que lo que podamos ganar aquí mediante la prestación de servicio. No hay límites para la remuneración dada por Śrī Kṛṣṇa. A propósito de esto, hay una historia sobre Bali Mahārāja, un rey muy poderoso que conquistó un buen número de planetas. Los ciudadanos de los planetas celestiales apelaron ante el Señor Supremo para que los salvara, pues habían sido conquistados por el demoníaco rey Bali Mahārāja. Al escuchar sus súplicas, Śrī Kṛṣṇa asumió la forma de un niño brāhmaṇa enano y se acercó a Bali Mahārāja diciéndole, “Mi querido rey, me gustaría que me dieras algo. Tú eres un gran monarca y tienes fama de dar caridad a los brāhmaṇas, así que, ¿podrías darme algo?”

Bali Mahārāja dijo, “Te daré lo que quieras.”

“Simplemente quiero la tierra que pueda yo abarcar con tres pasos,” dijo el niño.

“Oh, ¿es eso todo?” respondió el rey. “¿Y qué harás con una porción tan pequeña de tierra?”

“Aunque pequeña, me bastará,” sonrió el niño.

Bali Mahārāja asintió y el niño enano dio dos pasos y abarcó el universo entero. Entonces le preguntó a Bali Mahārāja donde habría de dar su tercer paso y Bali Mahārāja, comprendiendo que el Señor Supremo le estaba mostrando su favor, respondió: “Mi querido Señor, ya lo he perdido todo. No me queda ninguna otra propiedad; pero si tengo mi cabeza. ¿Serías tan amable de pisar ahí?”

El Señor Śrī Kṛṣṇa quedó muy complacido con Bali Mahārāja, y preguntó a éste, “¿qué desearías que Yo te diese?”

“Nunca esperé nada de Ti,” dijo Bali Mahārāja. “Pero entiendo que Tú querías algo de mí, y ahora te lo he ofrecido todo.”

“Sí,” dijo el Señor, “pero de Mi parte tengo algo para ti. Siempre permaneceré y serviré como mandadero en tu corte.” De esta forma el Señor se convirtió en el portero de Bali Mahārāja, y esa fue su retribución. Si algo le ofrecemos al Señor, se nos retribuye millones de veces. Pero no deberíamos esperar esto. El Señor siempre está ansioso por retribuir el servicio de Su sirviente. Quienquiera piense que el servicio al Señor es en efecto su deber, es perfecto en el conocimiento y ha alcanzado la perfección del yoga.

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