Capítulo 18
El Señor Kṛṣṇa Regresa a la Ciudad de Hastināpura
Los reyes y príncipes liberados por el Señor Kṛṣṇa después de la muerte de Jarāsandha eran gobernantes de diferentes partes del mundo. Jarāsandha era tan poderoso militarmente que había conquistado a todos estos príncipes y reyes, que sumaban 20,800. Todos fueron encarcelados dentro de una cueva montañosa especialmente construida como fortaleza, y durante mucho tiempo permanecieron en esa situación. Cuando fueron liberados por la gracia del Señor Kṛṣṇa, todos tenían un aspecto muy desdichado, sus ropas eran andrajosas y sus rostros estaban casi consumidos por la falta de cuidados adecuados para el cuerpo. Estaban muy débiles debido al hambre, y sus rostros habían perdido toda belleza y brillo. Debido al largo encarcelamiento de los reyes, todas las partes de sus cuerpos se habían debilitado y deteriorado. Pero, aunque sufrían en aquella miserable condición de vida, tuvieron la oportunidad de pensar en la Suprema Personalidad de Dios, Viṣṇu.
Ahora vieron ante sí el color del cuerpo trascendental del Señor Kṛṣṇa, exactamente como el tono de una nube recién llegada al cielo. Él apareció ante ellos bellamente cubierto con ropas de seda de color amarillo, con cuatro brazos como Viṣṇu y portando los diferentes símbolos: la maza, la caracola, el disco y la flor de loto. En Su pecho había marcas de líneas doradas, y los pezones de Su pecho parecían el vertilicio de una flor de loto. Sus ojos parecían extendidos como los pétalos de una flor de loto, y Su rostro sonriente mostraba el símbolo de la paz y la prosperidad eternas. Sus relucientes aretes estaban bellamente engastados, y Su yelmo estaba adornado con valiosas joyas. El collar de perlas del Señor, así como las ajorcas y brazaletes hermosamente colocados en Su cuerpo, resplandecían con una belleza trascendental. La joya Kaustubha, que colgaba de Su pecho, brillaba con gran esplendor, y el Señor llevaba una hermosa guirnalda de flores. Después de tanto sufrimiento, cuando los reyes y príncipes vieron al Señor Kṛṣṇa con Sus hermosos rasgos trascendentales, Lo contemplaron hasta saciar sus corazones, como si bebieran néctar con los ojos, lamieran Su cuerpo con la lengua, olieran el aroma de Su cuerpo con la nariz y Lo abrazaran con los brazos. Simplemente por estar delante de la Suprema Personalidad de Dios, todas las reacciones de sus actividades pecaminosas fueron eliminadas. Por lo tanto, se entregaron sin reservas a los pies de loto del Señor. En el Bhagavad-gītā se afirma que, a menos que uno esté liberado de toda clase de reacciones pecaminosas, no puede entregarse plenamente a los pies de loto del Señor. Todos los príncipes que vieron al Señor Kṛṣṇa olvidaron todas sus tribulaciones pasadas. Con las manos juntas y con gran devoción, comenzaron a ofrecer oraciones al Señor Kṛṣṇa de la siguiente manera.
“Querido Señor, Oh Suprema Personalidad de Dios, amo de todos los semidioses, Tú puedes remover inmediatamente los tormentos de todos Tus devotos, porque Tus devotos están plenamente entregados a Ti. Oh querido Señor Kṛṣṇa, Oh Deidad eterna de bienaventuranza y conocimiento trascendentales, Tú eres imperecedero y ofrecemos nuestras respetuosas reverencias a Tus pies de loto. Es por Tu misericordia sin causa que hemos sido liberados del encarcelamiento de Jarāsandha, pero ahora Te rogamos que nos liberes del encarcelamiento de la energía ilusoria de esta existencia material. Por favor, por consiguiente, detén nuestro continuo ciclo de nacimiento y muerte. Ahora tenemos suficiente experiencia de la miserable condición de la vida material, en la que estábamos completamente absortos, y después de haber probado su amargura hemos venido a refugiarnos bajo Tus pies de loto. Querido Señor, Oh asesino del demonio Madhu, ahora podemos ver claramente que Jarāsandha no tuvo la menor culpa; en realidad, fue por Tu misericordia sin causa que fuimos privados de nuestros reinos, pues estábamos muy orgullosos de llamarnos gobernantes y reyes. Cualquier gobernante o rey que se envanece demasiado con el prestigio y el poder falsos no tiene la oportunidad de comprender su verdadera posición constitucional y su vida eterna. Tales necios y supuestos gobernantes y reyes se vuelven falsamente orgullosos de su posición bajo la influencia de Tu energía ilusoria; son como el necio que considera que un espejismo en el desierto es un depósito de agua. Las personas necias piensan que sus posesiones materiales les proporcionarán protección, y quienes se ocupan en la gratificación de los sentidos aceptan falsamente este mundo material como un lugar de disfrute eterno. Oh Señor, Oh Suprema Personalidad de Dios, debemos admitir que, antes de esto, estábamos envanecidos por nuestras opulencias materiales. Como todos nos envidiábamos mutuamente y queríamos conquistarnos unos a otros, nos dedicábamos a luchar por la supremacía, incluso al precio de sacrificar la vida de muchos ciudadanos.”
Esta es la enfermedad del poder político. Tan pronto como un rey o una nación se vuelve rica en opulencias materiales, desea dominar a otras naciones mediante la agresión militar. De manera similar, los hombres de negocios quieren monopolizar determinado tipo de comercio y controlar a otros grupos mercantiles. Degradada por el falso prestigio y embriagada por las opulencias materiales, la sociedad humana, en lugar de esforzarse por la conciencia de Kṛṣṇa, crea caos y perturba la vida pacífica. Así, los hombres olvidan naturalmente el verdadero propósito de la vida: conseguir el favor del Señor Viṣṇu, la Suprema Personalidad de Dios.
Los reyes continuaron: “Oh Señor, simplemente nos dedicábamos a la abominable tarea de matar a los ciudadanos y de inducirlos a ser asesinados innecesariamente, solo para satisfacer nuestros caprichos políticos. No considerábamos que Tu Señoría está siempre presente ante nosotros en la forma de la cruel muerte. Estábamos tan engañados que nos convertimos en la causa de la muerte de otros, olvidando nuestra propia muerte inminente. Pero, querido Señor, la represalia del factor tiempo, que es Tu representante, es ciertamente insuperable. El factor tiempo es tan poderoso que nadie puede escapar de su influencia; por lo tanto, hemos recibido las reacciones de nuestras atroces actividades y ahora estamos privados de todas nuestras opulencias y nos encontramos ante Ti como mendigos de la calle. Consideramos que nuestra posición es Tu misericordia inmaculada y sin causa sobre nosotros, porque ahora podemos comprender que estábamos falsamente orgullosos y que nuestras opulencias materiales podían sernos retiradas en un segundo por Tu voluntad. Solo por Tu misericordia inmotivada somos ahora capaces de pensar en Tus pies de loto. Esta es nuestra mayor ganancia. Querido Señor, todos saben que el cuerpo es un caldo de cultivo de enfermedades. Ahora somos suficientemente ancianos y, en lugar de sentirnos orgullosos de nuestra fuerza corporal, nos debilitamos día tras día. Ya no estamos interesados en la gratificación de los sentidos ni en la falsa felicidad derivada del cuerpo material. Por Tu gracia, ahora hemos llegado a la conclusión de que anhelar semejante felicidad material es como buscar agua en un espejismo del desierto. Ya no estamos interesados en los resultados de nuestras actividades piadosas, como realizar grandes sacrificios para ser elevados a los planetas celestiales. Ahora comprendemos que semejante elevación a un estándar superior de vida material en los planetas celestiales puede sonar muy deleitable, pero en realidad no puede haber felicidad dentro de este mundo material. Oramos para que Tu Señoría nos favorezca instruyéndonos sobre cómo ocuparnos en el servicio amoroso trascendental de Tus pies de loto, para que nunca olvidemos nuestra relación eterna con Tu Señoría. No deseamos la liberación del enredo de la existencia material. Por Tu voluntad, podemos nacer en cualquier especie de vida; no importa. Simplemente oramos para no olvidar jamás Tus pies de loto bajo ninguna circunstancia. Querido Señor, ahora nos entregamos a Tus pies de loto ofreciéndote nuestras respetuosas reverencias, porque Tú eres el Señor Supremo, la Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, el hijo de Vasudeva. Tú eres la Superalma en el corazón de todos y eres el Señor Hari, quien puede eliminar todas las condiciones miserables de la existencia material. Querido Señor, Tu nombre es Govinda, el depósito de todo placer. Aquel que se ocupa en satisfacer Tus sentidos satisface automáticamente también sus propios sentidos y, por ello, eres conocido como Govinda. Querido Señor, eres eternamente famoso, pues puedes poner fin a todas las miserias de Tus devotos. Por favor, por lo tanto, acéptanos como Tus sirvientes entregados.”
Después de escuchar las oraciones de los reyes liberados de la prisión de Jarāsandha, el Señor Kṛṣṇa, quien siempre es el protector de las almas entregadas y el océano de misericordia para los devotos, les respondió con Su dulce voz trascendental, misma que era grave y llena de significado. “Mis queridos reyes,” dijo, “les otorgo Mis bendiciones. A partir de este día estarán infaliblemente apegados a Mi servicio devocional. Les concedo esta bendición, tal como la han deseado. Deben saber por Mí que Yo siempre estoy sentado dentro de sus corazones como la Superalma y, puesto que ahora han vuelto sus rostros hacia Mí, Yo, como amo de todos, siempre les daré buen consejo, para que nunca Me olviden y para que gradualmente vayan de vuelta al hogar, de vuelta al Supremo. Mis queridos reyes, su decisión de abandonar todas las concepciones del disfrute material y dirigirse, en cambio, hacia Mi servicio devocional es verdaderamente un síntoma de su buena fortuna. De ahora en adelante, siempre serán bendecidos con una vida bienaventurada. Confirmo que todo lo que han dicho acerca de Mí en sus oraciones es cierto. Es un hecho que la posición materialmente opulenta de quien no es plenamente consciente de Kṛṣṇa es la causa de su caída y de que se convierta en víctima de la energía ilusoria. En el pasado hubo muchos reyes rebeldes, como Haihaya, Nahuṣa, Vena, Rāvaṇa y Narakāsura. Algunos de ellos eran semidioses y otros eran demonios, pero debido a su falsa percepción acerca de su posición, cayeron de sus exaltados cargos y, por lo tanto, dejaron de ser los reyes de sus respectivos reinos.
“Mientras estén perdidos en la violencia de la vida condicionada, todos y cada uno de ustedes deben comprender que todo lo material tiene un comienzo, crecimiento, expansión, deterioro y, finalmente, desaparición. Todos los cuerpos materiales están sujetos a estas seis condiciones, y todas las adquisiciones relativas acumuladas por este cuerpo están destinadas, sin duda, a la destrucción final. Por lo tanto, nadie debe apegarse a las cosas perecederas. Mientras uno se encuentre dentro de este cuerpo material, debe ser muy cuidadoso en sus relaciones mundanas. La forma de vida más perfecta dentro de este mundo material consiste simplemente en dedicarse a Mi servicio amoroso trascendental y ejecutar honestamente los deberes prescritos correspondientes a la posición particular que uno ocupa en la vida. En cuanto a ustedes, todos pertenecen a familias kṣatriya. Por lo tanto, deben vivir honestamente, de acuerdo con los deberes prescritos propios del orden real, y deben procurar que sus ciudadanos sean felices en todos los aspectos. Mantengan el estándar de vida de los kṣatriyas. No engendren hijos para la gratificación de los sentidos, sino simplemente para hacerse cargo del bienestar de la gente en general. Todos nacen en este mundo material debido a los deseos contaminados de su vida anterior y, por ello, están sujetos a las estrictas leyes de la naturaleza, tales como el nacimiento y la muerte, la aflicción y la felicidad, la ganancia y la pérdida. Uno no debe dejarse perturbar por la dualidad, sino permanecer siempre fijo en Mi servicio y, de ese modo, mantener el balance mental y sentirse satisfecho en todas las circunstancias, considerando que todo cuanto recibe le es dado por Mí, y debe permanecer sin desviarse de su ocupación en el servicio devocional. De esta manera puede vivir una vida muy feliz y pacífica, incluso dentro de esta condición material. En otras palabras, uno debe volverse verdaderamente indiferente ante este cuerpo material y sus subproductos, y debe permanecer sin ser afectado por ellos. Debe permanecer plenamente satisfecho en cuanto a los intereses del alma espiritual y ocuparse en el servicio de la Superalma. Uno debe ocupar su mente únicamente en Mí, simplemente convertirse en Mi devoto, simplemente adorarme y ofrecerme sus respetuosas reverencias únicamente a Mí. De esta manera, puede cruzar muy fácilmente este océano de nesciencia y, al final, regresar a Mí. En conclusión, sus vidas deben estar constantemente ocupadas en Mi servicio.”
Después de impartir Sus instrucciones a los reyes y príncipes, el Señor Kṛṣṇa dispuso inmediatamente todo lo necesario para su comodidad y pidió a muchos sirvientes y sirvientas que cuidaran de ellos. El Señor Kṛṣṇa pidió a Sahadeva, el hijo del Rey Jarāsandha, que les proporcionara todo lo necesario y también que les mostrara todo el respeto y honor debidos. Siguiendo la orden del Señor Kṛṣṇa, Sahadeva les ofreció todos los honores y les presentó ornamentos, vestidos, guirnaldas y demás parafernalia. Después de bañarse y vestirse muy bien, los reyes parecían felices y apacibles. Luego se les sirvieron excelentes alimentos. El Señor Kṛṣṇa les proporcionó todo lo necesario para su comodidad, de acuerdo con sus respectivas posiciones reales. Como los reyes habían sido tratados tan misericordiosamente por el Señor Kṛṣṇa, sintieron una gran felicidad, y sus rostros radiantes parecían estrellas en el cielo después del final de la estación lluviosa. Todos estaban muy bien vestidos y adornados, y sus aretes resplandecían. Entonces cada uno fue sentado en una carroza adornada con oro y joyas, tirada por caballos decorados. Después de cerciorarse de que todos hubieran sido debidamente atendidos, el Señor Kṛṣṇa, con una voz dulce, les pidió que regresaran a sus respectivos reinos. Mediante Su comportamiento sumamente liberal, sin paralelo en la historia del mundo, el Señor Kṛṣṇa liberó a todos los reyes que habían estado bajo las garras de Jarāsandha, y, completamente satisfechos, los reyes comenzaron a ocuparse en cantar Su santo nombre, pensar en Su forma sagrada y glorificar Sus pasatiempos trascendentales como la Suprema Personalidad de Dios. Ocupados de esta manera, regresaron a sus respectivos reinos. Los ciudadanos de sus reinos se sintieron sumamente complacidos al verlos regresar y, al enterarse del bondadoso trato que habían recibido del Señor Kṛṣṇa, todos se llenaron de alegría. Los reyes comenzaron a administrar los asuntos de sus reinos de acuerdo con las instrucciones del Señor Kṛṣṇa, y tanto ellos como sus súbditos pasaron sus días muy felizmente. Este es un vívido ejemplo de una sociedad consciente de Kṛṣṇa. Si los habitantes del mundo dividen la sociedad entera, de acuerdo con sus respectivas cualidades materiales, en cuatro órdenes para el progreso material y espiritual, centrados en Kṛṣṇa y siguiendo las instrucciones de Kṛṣṇa tal como se declaran en el Bhagavad-gītā, toda la sociedad humana será indudablemente feliz. Esta es la lección que debemos extraer de este incidente.
Después de haber causado así la aniquilación de Jarāsandha a manos de Bhīmasena y de haber recibido los debidos honores de Sahadeva, el hijo de Jarāsandha, el Señor Kṛṣṇa, acompañado por Bhīmasena y Arjuna, regresó a la ciudad de Hastināpura. Cuando llegaron a las inmediaciones de Hastināpura, hicieron sonar sus respectivas caracolas, y al escuchar las vibraciones sonoras y comprender quiénes estaban llegando, todos se llenaron inmediatamente de alegría. Pero, al escuchar las caracolas, los enemigos de Kṛṣṇa se sintieron muy afligidos. Los ciudadanos de Indraprastha sintieron que sus corazones se llenaban de júbilo simplemente al escuchar la vibración de la caracola de Kṛṣṇa, pues comprendieron que Jarāsandha había sido muerto. Ahora la ejecución del sacrificio Rājasūya por parte del Rey Yudhiṣṭhira era prácticamente segura. Bhīmasena, Arjuna y Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, llegaron ante el Rey Yudhiṣṭhira y le ofrecieron sus respetos. El Rey Yudhiṣṭhira escuchó atentamente la narración de la muerte de Jarāsandha y de la liberación de los reyes. También escuchó acerca de las tácticas que Kṛṣṇa había empleado para matar a Jarāsandha. El rey sentía naturalmente afecto por Kṛṣṇa, pero después de escuchar la historia quedó aún más unido a Kṛṣṇa por el amor; lágrimas de éxtasis resbalaron de sus ojos y quedó tan pasmado que casi no podía hablar.
Así termina el significado Bhaktivedanta del Segundo Volúmen, Decimoctavo Capítulo de Kṛṣṇa, “El Señor Kṛṣṇa Regresa a la Ciudad de Hastināpura.”