Capítulo 7
La Salvación de Tṛṇāvarta
La Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, siempre está llena de seis opulencias– a saber, riqueza completa, fuerza completa, fama completa, conocimiento completo, belleza completa y renunciación completa. El Señor aparece en diferentes formas de encarnación que son completas y eternas. El alma condicionada tiene una inmensa oportunidad de escuchar acerca de las actividades trascendentales del Señor en estas diferentes encarnaciones. En el Bhagavad-gītā se dice, janma karma ca me divyam. Los pasatiempos y actividades del Señor no son materiales; están más allá de la concepción material. Sin embargo, el alma condicionada puede beneficiarse al escuchar tales actividades poco comunes. Escuchar es una oportunidad de asociarse con el Señor; escuchar sobre Sus actividades es evolucionar hacia la naturaleza trascendental–simplemente escuchando. El alma condicionada tiene una aptitud natural para escuchar algo sobre otras almas condicionadas en forma de ficción, drama y novela. Esa inclinación a escuchar algo sobre otros puede ser utilizada para escuchar los pasatiempos del Señor. Entonces uno puede inmediatamente evolucionar hacia su naturaleza trascendental. Los pasatiempos de Kṛṣṇa no solo son hermosos; también son muy agradables para la mente.
Si alguien aprovecha la oportunidad de escuchar los pasatiempos del Señor, la contaminación material del polvo acumulado en el corazón debido a la larga asociación con la naturaleza material puede ser inmediatamente limpiada. El Señor Caitanya también instruyó que simplemente escuchando el nombre trascendental del Señor Kṛṣṇa, uno puede limpiar el corazón de toda contaminación material. Existen diferentes procesos para la autorrealización, pero este proceso de servicio devocional–del cual escuchar es la función más importante–cuando es adoptado por cualquier alma condicionada, automáticamente lo limpia de la contaminación material y le permite realizar su verdadera posición constitucional. La vida condicionada se debe únicamente a esta contaminación, y tan pronto como desaparece, naturalmente la función latente de la entidad viviente—prestarle servicio al Señor–se despierta. Al desarrollar su relación eterna con el Señor Supremo, uno se vuelve elegible para crear una amistad con los devotos. Mahārāja Parīkṣit recomendó, por experiencia práctica, que todos intenten escuchar acerca de los pasatiempos trascendentales del Señor. Este tratado de Kṛṣṇa está destinado a ese propósito, y el lector puede aprovecharlo para alcanzar la meta última de la vida humana.
El Señor, por Su misericordia sin causa, desciende a este mundo material y muestra Sus actividades como un hombre ordinario. Desafortunadamente, las entidades impías o la clase atea de hombres consideran a Kṛṣṇa un hombre ordinario como ellos mismos, y por ello Lo desprecian. Esto lo condena el Señor Mismo en el Bhagavad-gītā cuando dice, “Avajānanti māṁ mūḍhāḥ.” Los mūḍhas, o los sinvergüenzas, consideran a Kṛṣṇa un hombre ordinario o un hombre ligeramente más poderoso; debido a su gran infortunio, no pueden aceptarlo como la Suprema Personalidad de Dios. A veces, tales personas desafortunadas se presentan erróneamente como encarnaciones de Kṛṣṇa sin referirse a las escrituras autorizadas.
Cuando Kṛṣṇa creció un poco más, comenzó a girarse boca abajo; no descansaba únicamente sobre Su espalda. Y Yaśodā y Nanda Mahārāja observaron otra ceremonia: el primer cumpleaños de Kṛṣṇa. Organizarón la ceremonia de cumpleaños de Kṛṣṇa, que todavía hoy en día la observan todos los seguidores de los principios Védicos. (La ceremonia de cumpleaños de Kṛṣṇa la celebran en India todos los Hindúes, independientemente de diferentes puntos de vista sectarios.) Todos los pastores de vacas hombres y mujeres fueron invitados a participar, y llegaron con júbilo. Una agradable banda tocaba, y la gente reunida lo disfrutaba. Todos los brāhmaṇas eruditos fueron invitados, y recitaron himnos Védicos para la buena fortuna de Kṛṣṇa. Durante la recitación de los himnos Védicos y la actuación de las bandas, Madre Yaśodā bañó a Kṛṣṇa. Esta ceremonia de baño se llama técnicamente abhiṣeka, y aún hoy se celebra en todos los templos de Vṛndāvana como el Día de Janmāṣṭamī, o el aniversario del nacimiento del Señor Kṛṣṇa.
En esta ocasión, madre Yaśodā dispuso repartir una gran cantidad de granos, y vacas de primera clase decoradas con adornos de oro fueron preparadas para ser dadas en caridad a los brāhmaṇas eruditos y respetables. Yaśodā se bañó y se vistió cuidadosamente, y tomando al niño Kṛṣṇa, debidamente vestido y bañado, en su regazo, se sentó a escuchar los himnos Védicos recitados por los brāhmaṇas. Mientras escuchaba la recitación de los himnos Védicos, el niño parecía quedarse dormido, y por ello madre Yaśodā muy silenciosamente Lo acostó en la cama. Estando ocupada en recibir a todos los amigos, parientes y habitantes de Vṛndāvana en esa ocasión sagrada, olvidó alimentar al niño con leche. Él lloraba de hambre, pero madre Yaśodā no podía oírle debido a los diversos ruidos. Sin embargo, el niño Se enfureció porque tenía hambre y Su madre no le prestaba atención. Entonces levantó las piernas y comenzó a patalear con Sus pies de loto como un niño común. El bebé Kṛṣṇa había sido colocado debajo de una carreta de mano, y mientras pataleaba, accidentalmente tocó la rueda de la carreta, que se derrumbó. Varios tipos de utensilios y platos de bronce y metal habían sido apilados en la carreta de mano, y todos cayeron con gran estrépito. La rueda de la carreta se separó del eje, y los rayos de la rueda se rompieron y se dispersaron por todas partes. Madre Yaśodā y todas las gopīs, así como Mahārāja Nanda y los pastores de vacas, se asombraron de cómo la carreta podía haberse derrumbado por sí sola. Todos los hombres y mujeres reunidos para la celebración sagrada se aglomeraron y comenzaron a sugerir cómo podría haberse derrumbado la carreta. Nadie podía determinar la causa, pero algunos niños pequeños que habían sido confiados para jugar con el bebé Kṛṣṇa informaron a la multitud que fue debido a que Kṛṣṇa golpeó Sus pies contra la rueda. Aseguraron a la multitud que lo habían visto con sus propios ojos y aseveraron este punto. Algunos escuchaban la declaración de los niños, pero otros decían, “¿Cómo pueden creer las declaraciones de estos niños?” Los pastores y pastoras de vacas no podían comprender que la toda-poderosa Personalidad de Dios estaba acostado allí como un bebé, y que podía hacer cualquier cosa. Tanto lo posible como lo imposible estaban en Su poder. Mientras la discusión continuaba, el bebé Kṛṣṇa lloró. Sin reparos, madre Yaśodā tomó al niño en su regazo y llamó a los brāhmaṇas eruditos para que recitaran himnos Védicos sagrados para contrarrestar los espíritus malignos. Al mismo tiempo, permitió que el bebé mamara su pecho. Si un niño mama placenteramente el pecho de su madre, se entiende que está fuera de todo peligro. Después de esto, todos los pastores de vacas más fuertes pusieron en orden la carreta rota, y todos los objetos dispersos fueron colocados cuidadosamente como antes. Posteriormente, los brāhmaṇas comenzaron a ofrecer oblaciones al fuego de sacrificio con yogur, mantequilla, hierba kuśa y agua. Adoraron a la Suprema Personalidad de Dios para la buena fortuna del niño.
Los brāhmaṇas presentes en ese momento estaban todos cualificados, pues no eran envidiosos; nunca se entregaban a la falsedad, nunca eran orgullosos, eran no violentos y nunca reclamaban un prestigio falso. Todos eran brāhmaṇas fidedignos, y no había razón para pensar que su bendición sería inútil. Con firme fe en los brāhmaṇas cualificados, Nanda Mahārāja tomó a su niño en su regazo y Lo bañó con agua mezclada con diversas hierbas mientras los brāhmaṇas recitaban himnos del Ṛk, Yajus y Sāma Vedas.
Se dice que sin ser un brāhmaṇa cualificado, uno no debe debe leer los mantras de los Vedas. Aquí está la prueba de que los brāhmaṇas estaban cualificados con todos los síntomas brahmínicos. Mahārāja Nanda también tenía plena fe en ellos. Por lo tanto, se les permitió realizar las ceremonias rituales recitando los mantras Védicos. Existen muchas variedades diferentes de sacrificios recomendados para distintos propósitos, sin embargo, todos los mantras deben ser recitados por brāhmaṇas cualificados. Y debido a que en esta era de Kali tales brāhmaṇas cualificados no están disponibles, todos los sacrificios rituales Védicos se prohiben. Śrī Caitanya Mahāprabhu ha recomendado, por lo tanto, solo un tipo de sacrificio en esta era– a saber el saṅkīrtana yajña, o simplemente el canto del mahāmantra, Hare Kṛṣṇa, Hare Kṛṣṇa, Kṛṣṇa Kṛṣṇa, Hare Hare, Hare Rāma, Hare Rāma, Rāma Rāma, Hare Hare.
Mientras los brāhmaṇas recitaban los himnos Védicos y realizaban las ceremonias rituales por segunda vez, Nanda Mahārāja nuevamente les dio grandes cantidades de granos y muchas vacas. Todas las vacas entregadas en caridad estaban cubiertas con hermosos mantos bordados en oro, y sus cuernos adornados con anillos de oro; sus cascos estaban revestidos con láminas de plata y llevaban guirnaldas de flores. Dio tantas vacas únicamente por el bienestar de su maravilloso niño, y los brāhmaṇas a cambio ofrecieron su sincera bendición. Y las bendiciones ofrecidas por los brāhmaṇas capacitados nunca serán frustradas.
Un día, poco después de esta ceremonia, cuando madre Yaśodā estaba acariciando a su bebé en su regazo, el niño se sintió demasiado pesado, y al no poder cargarlo, Lo colocó contra su voluntad en el suelo. Después de un rato, se ocupó en los quehaceres domésticos. En ese momento, uno de los sirvientes de Kaṁsa, conocido como Tṛṇāvarta, siguiendo las instrucciones de Kaṁsa, apareció allí en forma de torbellino. Levantó al niño sobre sus hombros y levantó una gran tormenta de polvo en todo Vṛndāvana. Debido a esto, los ojos de todos quedaron cubiertos en pocos momentos, y toda la región de Vṛndāvana se oscureció densamente, de modo que nadie podía verse a sí mismo ni a los demás. Durante esta gran catástrofe, madre Yaśodā no podía ver a su bebé, que había sido llevado por el torbellino, y comenzó a llorar muy desconsoladamente. Cayó al suelo exactamente como una vaca que acaba de perder a su ternero. Cuando madre Yaśodā lloraba tan desconsoladamente, todas las mujeres pastoras de vacas llegaron inmediatamente y comenzaron a buscar al bebé, pero se sintieron decepcionadas y no pudieron encontrarlo. El demonio Tṛṇāvarta, que se había llevado al bebé Kṛṣṇa sobre su hombro, subió alto en el cielo, pero el niño asumió tal peso que súbitamente el demonio no pudo continuar, y tuvo que detener sus actividades de torbellino. El bebé Kṛṣṇa se hizo más y más pesado y comenzó a hacer que el demonio descendiera . El Señor se agarró de su cuello. Tṛṇāvarta sintió al niño tan pesado como una gran montaña, e intentó librarse de Su agarre, pero no pudo, y sus ojos se salieron de sus cuencas. Gritando muy ferozmente, cayó al suelo de Vṛndāvana y murió. El demonio cayó exactamente como Tripurāsura, quien fue atravesado por la flecha del Señor Śiva. Golpeó el suelo de piedra, y sus miembros se aplastaron. Su cuerpo se hizo visible para todos los habitantes de Vṛndāvana.
Cuando las gopīs vieron al demonio muerto y al niño Kṛṣṇa jugando muy feliz sobre su cuerpo, lo recogieron inmediatamente con gran afecto. Los hombres y mujeres pastores de vacas se alegraron mucho de recuperar a su amado niño Kṛṣṇa. En ese momento comenzaron a comentar lo maravilloso que fue que el demonio se llevara al niño para devorarlo, pero no pudo hacerlo; en cambio, cayó muerto. Algunos de ellos apoyaron esta interpretación: “Esto es apropiado porque aquellos que son demasiado pecaminosos mueren debido a sus reacciones pecaminosas, y el niño Kṛṣṇa es piadoso; por lo tanto, queda a salvo de todo tipo de situaciones temibles. Y nosotros también debemos haber realizado grandes sacrificios en nuestras vidas pasadas, adorando a la Suprema Personalidad de Dios, dando grandes riquezas en caridad y actuando filantrópicamente para el bienestar general de los hombres. Debido a tales actividades piadosas, el niño queda a salvo de todo peligro.”
Las gopīs reunidas allí comentaron entre ellas: “¡A qué tipo de austeridades y penitencias nos debimos haber sometido en nuestras vidas pasadas! Debemos haber adorado a la Suprema Personalidad de Dios, ofrecido distintos tipos de sacrificios, hecho caridades y realizado muchas actividades de bienestar público, como plantar árboles banianos y excavar pozos. Como resultado de estas actividades piadosas, hemos recuperado a nuestro niño, aunque Él debería haber muerto. Ahora ha regresado para vivificar a sus parientes.” Después de observar tales sucesos maravillosos, Nanda Mahārāja comenzó a pensar en las palabras de Vasudeva una y otra vez.
Después de este incidente, una vez cuando Yaśodā estaba amamantando a su hijo y acariciándolo con gran afecto, brotó un abundante suministro de leche de su pecho, y al abrirle la boca al niño con los dedos, vio repentinamente la manifestación universal dentro de Su boca. Vio dentro de la boca de Kṛṣṇa todo el cielo, incluyendo las luminarias, las estrellas en todas direcciones, el sol, la luna, el fuego, el aire, los mares, islas, montañas, ríos, bosques y todos los demás seres móviles e inmóviles. Al ver esto, el corazón de madre Yaśodā comenzó a palpitar, y murmuró para sí misma, “¡Qué maravilloso es esto!” No pudo expresar nada, sino que simplemente cerró los ojos. Estaba absorta en pensamientos maravillosos. El hecho de que Kṛṣṇa mostrara la forma universal de la Suprema Personalidad de Dios, incluso cuando yacía en el regazo de Su madre, prueba que la Suprema Personalidad de Dios siempre es la Suprema Personalidad de Dios, ya sea que se manifieste como un niño en el regazo de su madre o como un auriga en el campo de batalla de Kurukṣetra. La invención mental del impersonalista, de que uno puede convertirse en Dios mediante la meditación o mediante algunas actividades materiales artificiales, queda aquí declarada falsa. Dios siempre es Dios en cualquier condición o estado, y las entidades vivientes siempre son partes y porciones del Señor Supremo. Nunca pueden ser iguales al inconcebible poder sobrenatural de la Suprema Personalidad de Dios.
Así termina el significado Bhaktivedanta del Séptimo Capítulo de Kṛṣṇa, “La Salvación de Tṛṇāvarta.”