MANTRA 5
तदेजति तन्नैजति तद् दूरे तद्वन्तिके ।
तदन्तरस्य सर्वस्य तद सर्वस्यास्य बाह्यतः ।। ५ ।।
tad ejati tan naijati
tad dūre tad vantike
tad antarasya sarvasya
tad u sarvasyāsya bāhyataḥ
SINÓNIMOS
tat—este Señor Supremo; ejati—camina; tat—Él; na—no; ejati—camina; tat—Él (está); dūre—lejos; tat—Él (está); u—también; antike—muy cerca; tat—Él (está); antar—dentro; asya—de esto; sarvasya—todo; tat—Él (está); u—también; sarvasya—todo; asya—de esto; bāhyataḥ—externo a.
TRADUCCIÓN
El Señor Supremo camina y no camina. Está lejos, pero también muy cerca. Está dentro de todo, y a la vez, está fuera de todo.
SIGNIFICADO
He aquí una explicación de las actividades trascendentales del Señor Supremo por medio de Sus potencias inconcebibles. Aquí hay dos conjuntos de palabras contradictorias para probar la potencia inconcebible del Señor. Él camina, y Él no camina. Estas dos frases son contradictorias. Si alguien puede caminar, es impropio, entonces decir que no puede caminar. Estas contradicciones muestran el poder inconcebible de Dios. Con nuestro limitado acopio de conocimiento no podemos acomodar tales cosas, y por eso el Señor es concebido en términos de nuestros limitados poderes de comprensión. Los filósofos impersonalistas de la escuela māyā-vāda aceptan únicamente la parte impersonal de las actividades del Señor y refutan Su característica Personal. La escuela Bhāgavata, sin embargo, acepta al Señor de ambas maneras, es decir, como Personal e impersonal. Y los Bhāgavatas también aceptan Sus potencias inconcebibles. Sin potencia inconcebible no hay sentido alguno en las palabras Señor Supremo.
No debemos dar por sentado que, porque no podemos ver a Dios ante nuestros ojos, por ello no hay existencia personal del Señor. Para refutar este tipo de argumento, el Śrī Īśopaniṣad nos advierte que el Señor está lejos de nosotros, pero que también está muy cerca. La Morada del Señor está más allá del cielo material. Ni siquiera tenemos los medios para medir el propio cielo material. Si tan solo el cielo material está tan, tan lejos de nosotros, entonces ¿qué decir del cielo espiritual, que está totalmente más allá del cielo material? Que el cielo espiritual se halla muy, muy lejos del mundo material lo confirma además el Bhagavad-gītā. Pero, a pesar de que el Señor esté tan lejos, Él puede inmediatamente, en menos de un segundo, descender ante nosotros con una velocidad más poderosa que la mente o el aire. Puede caminar tan rápidamente que nadie puede superarlo. Este hecho ya ha sido descrito en el verso anterior.
Cuando la Personalidad de Dios así se presenta ante nosotros, sin embargo, Le descuidamos. Esta negligencia por parte de las personas necias es condenada por el Señor en el Bhagavad-gītā. El Señor dice que los necios se burlan de Él, tomándolo por uno de los seres mortales. Pero Él no es un ser mortal, ni se presenta ante nosotros con un cuerpo producido por la Naturaleza material. Hay muchos supuestos eruditos que afirman que cuando el Señor desciende lo hace en un cuerpo de materia, justo como un ser viviente ordinario. Tales hombres necios colocan al Señor al mismo nivel que el del hombre ordinario, no conociendo Su potencia inconcebible.
Debido a que Él está pleno de potencias inconcebibles, Dios puede aceptar nuestro servicio a través de cualquier tipo de medio, y puede convertir Sus diferentes potencias según Su propia voluntad. Los no creyentes arguyen que el Señor no puede encarnarse, o que si acaso lo hace, desciende en una forma de energía material. Este argumento queda anulado si aceptamos Sus potencias inconcebibles como realidades. Incluso si Él se aparece ante nosotros en la forma de energía material, es completamente posible para Él convertir esa energía material en energía espiritual. Siendo la fuente de las energías una y la misma, las energías pueden ser utilizadas convenientemente según la voluntad de aquella Fuente energética. Por ejemplo, el Señor se presenta en la Forma de Arca, o Deidades supuestamente hechas de tierra o piedra. Estas formas, labradas en madera o piedra o en cualquier otra materia, no son ídolos, como lo sostienen los iconoclastas.
En el estado presente de nuestra existencia material imperfecta no podemos ver al Señor Supremo por causa de nuestra visión imperfecta. Pero aun así, aquellos devotos que desean verlo por medio de la visión material son favorecidos por el Señor, Quien se presenta en la supuesta forma material para aceptar el servicio de los devotos. Esto no significa que tales devotos, que se hallan en la etapa más baja del servicio devocional, estén adorando un ídolo. En realidad, están adorando al Señor, Quien ha aceptado aparecer ante ellos de una manera que les resulte accesible. Esta Forma Arca no está confeccionada según el capricho u orden del adorador. Es eternamente existente con toda Su parafernalia. Esto puede ser realmente percibido por un devoto sincero, pero no por un ateo.
En el Bhagavad-gītā el Señor declara que trata a Su devoto en proporción al grado de entrega que realiza el devoto. Él se reserva el derecho de no revelarse a cualquiera y a todos, sino únicamente a aquellos que se entregan a Él. Por tanto, para el alma entregada, Él siempre está al alcance, mientras que para el alma no entregada, Él está muy, muy lejos y no puede ser abordado.
Hay dos palabras en las Escrituras reveladas que son importantes en este respecto: saguṇa y nirguṇa–con cualidades y sin cualidades. Saguṇa no significa que el Señor quede sometido a las leyes de la Naturaleza material cuando aparece, aunque tenga cualidades y aparezca en la forma material. Para Él no existe diferencia entre energías materiales y espirituales, porque Él es la Fuente de tales energías. Él es el Controlador de las diferentes energías, y como tal no puede en ningún momento estar bajo su influencia, como nosotros sí lo estamos. La energía material funciona conforme a Su dirección, y por eso Él puede usar la energía material para Su propósito, pero sin ser jamás influido por ninguna de las cualidades de Sus energías. Ni por este propósito Él llega a convertirse en una entidad carente de forma en ningún momento. En última instancia Él es la Forma eterna, el Señor Primordial. Y la representación impersonal, o la efulgencia del Brahman, es el resplandor de Sus rayos Personales, así como los rayos del Sol son el resplandor del dios Sol.
Cuando el niño santo Prahlāda Mahārāja estuvo en presencia de su padre ateo, su padre le preguntó, “¿Dónde está tu Dios?” El niño Prahlāda respondió que Dios mora en todas partes. Entonces el padre, furioso, preguntó si su Dios estaba dentro de la columna del palacio, y el niño dijo que sí. De inmediato el rey ateo rompió la columna frente a él en pedazos, y el Señor apareció como Nṛsiṁhadeva (la Encarnación mitad hombre, mitad león) desde el interior de la columna, y mató al rey ateo. Esto significa que el Señor está dentro de todo aquello que es creado por Sus diversas energías. Y por Su poder inconcebible puede presentarse en cualquier lugar para favorecer a Su devoto sincero. El Señor Nṛsiṁha apareció desde dentro de la columna no por orden del rey ateo, sino por el deseo del devoto Prahlāda. Un ateo no puede ordenar al Señor que aparezca; pero para mostrar misericordia a Su devoto, el Señor puede presentarse en cualquier sitio y en todo lugar.
El Bhagavad-gītā confirma esto, en la declaración que el Señor aparece para vencer a los no creyentes y para proteger a los creyentes. Para vencer a un no creyente, por supuesto, el Señor tiene energías y agentes suficientes que pueden realizar el trabajo, pero favorecer al devoto es una agradable labor para Él, y por ello desciende como una encarnación. Lo hace únicamente para favorecer a Sus devotos, y no con otro propósito.
En el Brahma-saṁhitā se dice que Govinda, el Señor Primordial, penetra todo por Su porción plenaria. Entra en el universo así como en el átomo del universo. Está fuera en la Forma Viraṭa, y está dentro como Antaryāmī. Como Antaryāmī Él es testigo de todo lo que hacemos, y nos da el resultado de nuestras acciones como karma-phala. Nosotros mismos podemos olvidar lo que hemos hecho en vidas anteriores, pero debido a que el Señor es el testigo de nuestras acciones, el resultado de nuestras acciones siempre está allí, y tenemos que padecer las reacciones a pesar de todo.
En realidad no hay nada excepto Dios, dentro y fuera. Todo se manifiesta a partir de Sus diferentes energías, como el calor y la luz del fuego, lo que significa que hay una unidad entre las diversas energías. A pesar de esta unidad, sin embargo, el Señor disfruta en Su Forma Personal todo aquello que es disfrutado por los limitados sentidos de las pequeñas partes y porciones que son los seres vivientes.