Capítulo 7
El Encuentro de Uṣā y Aniruddha
El encuentro de Aniruddha y Uṣā, que causó una gran lucha entre el Señor Kṛṣṇa y el Señor Śiva, es muy misterioso e interesante. Mahārāja Parīkṣit estaba ansioso por escuchar toda la historia de Śukadeva Gosvāmī, y así Śukadeva la narró. “Mi querido Rey, debes haber oído el nombre del Rey Bali. Él fue un gran devoto que entregó en caridad todo lo que tenía–es decir, el mundo entero–al Señor Vāmana, la encarnación de Viṣṇu como un brāhmaṇa enano. El Rey Bali tuvo cien hijos, y el mayor de todos ellos fue Bāṇāsura.”
Este gran héroe Bāṇāsura, nacido de Mahārāja Bali, era un gran devoto del Señor Śiva y siempre estaba dispuesto a prestarle servicio. Debido a su devoción, alcanzó una gran posición en la sociedad, y era honrado en todos los aspectos. En realidad, también era muy inteligente y liberal, y todas sus actividades son dignas de alabanza porque nunca se desvió de su promesa y de su palabra de honor; era muy veraz y firme en su voto. En aquellos días gobernaba sobre la ciudad de Śonitapura. Por la gracia del Señor Śiva, Bāṇāsura tenía mil brazos, y se volvió tan poderoso que incluso semidioses como el Rey Indra le servían como los más obedientes sirvientes.
Hace mucho tiempo, cuando el Señor Śiva estaba danzando en su célebre estilo llamado tāṇḍava-nṛtya, por el cual es conocido como Naṭarāja, Bāṇāsura ayudó al Señor Śiva en su danza golpeando rítmicamente tambores con sus mil manos. El Señor Śiva es bien conocido como Āśutoṣa, se complace muy fácilmente, y también es muy afectuoso con sus devotos. Es un gran protector para las personas que se refugian en él y es el amo de todas las entidades vivientes en este mundo material. Complacido con Bāṇāsura, dijo, “Cualquier cosa que desees puedes obtener de mí porque estoy muy complacido contigo.” Bāṇāsura respondió, “Mi querido señor, si lo deseas, puedes permanecer en mi ciudad solo para protegerme de las manos de mis enemigos.”
En cierta ocasión, Bāṇāsura vino a ofrecer sus respetos al Señor Śiva. Tocando los pies de loto del Señor Śiva con su yelmo, que brillaba como el globo solar, le ofreció sus reverencias. Mientras ofrecía sus respetuosas reverencias, Bāṇāsura dijo, “Mi querido señor, cualquiera que no haya cumplido su ambición podrá hacerlo refugiándose en tus pies de loto, que son como árboles de los deseos–uno puede obtener de ellos cualquier cosa que desee. Mi querido señor, me has dado mil brazos, pero no sé qué hacer con ellos. Por favor perdóname, pero parece que no puedo usarlos apropiadamente en el combate. No encuentro a nadie competente para pelear conmigo excepto tu señoría, el padre original del mundo material. A veces siento una gran tendencia a pelear con mis brazos, y salgo a buscar un guerrero apropiado. Desafortunadamente, todos huyen, conociendo mi extraordinario poder. Frustrado por no encontrar un oponente digno, simplemente satisfago la comezón de mis brazos golpeándolos contra las montañas. De esta manera, hago pedazos muchas grandes montañas.”
El Señor Śiva comprendió que su bendición se había vuelto problemática para Bāṇāsura y se dirigió a él, “¡Sinvergüenza! Estás muy ansioso por pelear, pero como no tienes con quién pelear, estás afligido. Aunque piensas que no hay nadie en el mundo que pueda oponerse a ti excepto yo, te digo que finalmente encontrarás a una persona así de competente. En ese momento tus días llegarán a su fin, y tu bandera de victoria ya no ondeará. ¡Entonces verás tu falso prestigio hecho pedazos!”
Después de escuchar la declaración del Señor Śiva, Bāṇāsura se envaneció mucho con su poder. Se sintió exultante al saber que encontraría a alguien capaz de hacerlo pedazos. Entonces Bāṇāsura regresó a casa con gran placer, y siempre esperaba el día en que llegaría el luchador adecuado para rebajar su fuerza. Era un demonio muy necio. Parece que los seres humanos necios y demoníacos, cuando están innecesariamente sobrecargados de opulencias materiales, desean exhibir esas opulencias, y tales personas necias sienten satisfacción cuando esas opulencias se agotan. La idea es que no saben cómo emplear su energía en causas correctas, al no ser conscientes del beneficio de la conciencia de Kṛṣṇa. En realidad, hay dos clases de hombres–una es consciente de Kṛṣṇa, la otra no es consciente de Kṛṣṇa. Los hombres no conscientes de Kṛṣṇa generalmente son devotos de los semidioses, mientras que los hombres conscientes de Kṛṣṇa son devotos de la Suprema Personalidad de Dios. Las personas conscientes de Kṛṣṇa utilizan todo para el servicio del Señor. Las personas no conscientes de Kṛṣṇa utilizan todo para la gratificación de los sentidos, y Bāṇāsura es un ejemplo perfecto de tal persona. Estaba muy ansioso por utilizar para su propia satisfacción su extraordinario poder para pelear. Al no encontrar ningún combatiente, golpeaba sus poderosas manos contra las montañas, rompiéndolas en pedazos. En contraste con esto, Arjuna también poseía poderes extraordinarios para luchar, pero los utilizó únicamente para Kṛṣṇa.
Bāṇāsura tenía una hija muy hermosa, cuyo nombre era Uṣā. Cuando alcanzó la edad de casarse y estaba durmiendo entre sus muchas amigas, una noche soñó que Aniruddha estaba a su lado y que disfrutaba una relación conyugal con él, aunque nunca antes lo había visto ni oído hablar de él. Despertó de su sueño exclamando muy fuertemente: “¡Mi querido amado, dónde estás!” Al quedar expuesta de esta manera ante sus otras amigas, se sintió un poco avergonzada. Una de las amigas de Uṣā era Citralekhā, quien era la hija del primer ministro de Bāṇāsura. Citralekhā y Uṣā eran amigas íntimas, y debido a una gran curiosidad Citralekhā preguntó, “Mi querida y hermosa princesa, hasta ahora no estás casada con ningún joven, ni tampoco has visto a ningún muchacho hasta este momento; así que me sorprende que estés exclamando de esta manera. ¿A quién estás buscando? ¿Quién es tu pareja adecuada?”
Al oír las preguntas de Citralekhā, Uṣā respondió, “Mi querida amiga, en mi sueño vi a un hermoso joven que es muy, muy bello. Su complexión es morena, sus ojos son exactamente como pétalos de loto, y está vestido con prendas amarillas. Sus brazos son muy largos, y sus rasgos corporales en general son tan agradables que cualquier joven muchacha se sentiría atraída. Siento gran orgullo al decir que este hermoso joven me estaba besando, y yo estaba disfrutando muchísimo del néctar de sus besos. Lamento informarte que justo después de esto él desapareció, y he sido arrojada al remolino de la desilusión. Mi querida amiga, estoy muy ansiosa por encontrar a este maravilloso joven, el deseado señor de mi corazón.”
Después de oír las palabras de Uṣā, Citralekhā respondió de inmediato, “Puedo entender tu aflicción, y te aseguro que si este muchacho se encuentra dentro de estos tres mundos–los sistemas planetarios superior, intermedio e inferior–debo encontrarlo para tu satisfacción. Si puedes identificarlo a partir de tu sueño, traeré paz a tu mente. Ahora, déjame dibujar algunas imágenes para que las examines, y tan pronto como encuentres la imagen de tu deseado esposo, házmelo saber. No importa dónde esté; conozco el arte de traerlo aquí. Así que, tan pronto como lo identifiques, inmediatamente haré los arreglos para ello.”
Citralekhā, mientras hablaba, comenzó a dibujar muchas imágenes de los semidioses que habitan los sistemas planetarios superiores, luego imágenes de los Gandharvas, Siddhas, Cāraṇas, Pannagas, Daityas, Vidyādharas y Yakṣas, así como de muchos seres humanos. (Las declaraciones del Śrīmad-Bhāgavatam y de otra literatura Védica prueban definitivamente que en todos y cada uno de los planetas hay entidades vivientes de diferentes variedades. Por lo tanto, es tonto afirmar que no hay entidades vivientes aparte de las de esta tierra). Citralekhā pintó muchas imágenes. Entre aquellas de los seres humanos estaba la dinastía Vṛṣṇi, incluyendo a Vasudeva, el padre de Kṛṣṇa, Śūrasena, el abuelo de Kṛṣṇa, Śrī Balarāmajī, el Señor Kṛṣṇa y muchos otros. Cuando Uṣā vio la imagen de Pradyumna, se volvió un poco tímida, pero cuando vio la imagen de Aniruddha, se volvió tan tímida que inmediatamente bajó la cabeza y sonrió, habiendo encontrado al hombre que estaba buscando. Ella identificó la imagen ante Citralekhā como la del hombre que había robado su corazón.
Citralekhā era una gran yoginī mística, y tan pronto como Uṣā identificó la imagen, aunque ninguna de las dos lo había visto jamás ni conocía su nombre, Citralekhā pudo entender de inmediato que la imagen era la de Aniruddha, un nieto de Kṛṣṇa. Esa misma noche viajó por el espacio exterior y en muy poco tiempo llegó a la ciudad de Dvārakā, que estaba muy bien protegida por Kṛṣṇa. Entró en el palacio y encontró a Aniruddha durmiendo en su dormitorio sobre una cama muy opulenta. Citralekhā, mediante su poder místico, inmediatamente llevó a Aniruddha, en esa condición de sueño, a la ciudad de Śonitapura para que Uṣā pudiera ver a su deseado esposo. Uṣā inmediatamente floreció de felicidad y comenzó a disfrutar de la compañía de Aniruddha con gran satisfacción.
El palacio en el cual vivían Uṣā y Citralekhā estaba tan bien fortificado que era imposible para cualquier varón entrar o siquiera ver el interior. Uṣā y Aniruddha vivieron juntos en el palacio, y día tras día el amor de Uṣā por Aniruddha crecía cuatro veces sobre cuatro veces. Uṣā complacía a Aniruddha con sus valiosos vestidos, flores, guirnaldas, fragancias e incienso. Junto al lugar donde él se sentaba al lado de la cama había otros enseres para uso residencial–agradables bebidas tales como leche y sherbet y agradables alimentos que podían masticarse o tragarse. Sobre todo, ella lo complacía con dulces palabras y un servicio muy atento. Aniruddha era adorado por Uṣā como si fuera la Suprema Personalidad de Dios. Mediante su excelente servicio, Uṣā hizo que Aniruddha olvidara todas las demás cosas y fue capaz de atraer su atención y su amor hacia ella sin desviación. En tal atmósfera de amor y servicio, Aniruddha prácticamente se olvidó de sí mismo y no podía recordar cuántos días había estado lejos de su verdadero hogar.
Con el transcurso del tiempo, Uṣā manifestó algunos síntomas corporales por los cuales podía entenderse que estaba teniendo relaciones con un amigo varón. Los síntomas eran tan evidentes que sus acciones ya no podían permanecer ocultas para nadie. Uṣā siempre estaba alegre en la asociación de Aniruddha, pero no conocía límites para su satisfacción. El ama de llaves y los guardianes del palacio podían adivinar muy fácilmente que ella estaba teniendo relaciones con un amigo varón, y sin esperar un mayor desarrollo, todos informaron a su amo, Bāṇāsura. En la cultura Védica, que una muchacha soltera tenga asociación con un varón es la mayor deshonra para la familia, y por eso el cuidador informó cautelosamente a su amo que Uṣā estaba desarrollando síntomas que indicaban una asociación deshonrosa. Los sirvientes informaron a su amo que no estaban siendo negligentes en absoluto en la vigilancia de la casa, permaneciendo alerta día y noche contra cualquier joven que pudiera entrar. Eran tan cuidadosos que un varón ni siquiera podía ver lo que estaba ocurriendo allí, y por eso estaban sorprendidos de que ella se hubiera contaminado. Como no podían descubrir la razón de ello, presentaron toda la situación ante su amo.
Bāṇāsura quedó conmocionado al comprender que su hija Uṣā ya no era una doncella virgen. Esto pesó fuertemente en su corazón, y sin demora corrió hacia el palacio donde Uṣā vivía. Allí vio que Uṣā y Aniruddha estaban sentados juntos y conversando. Uṣā y Aniruddha se veían muy hermosos juntos, siendo Aniruddha el hijo de Pradyumna, quien era Cupido mismo. Bāṇāsura vio que su hija y Aniruddha eran una pareja apropiada, sin embargo, por prestigio familiar, no le agradó en absoluto aquella unión. Bāṇāsura no podía comprender quién era realmente el joven. Apreciaba el hecho de que Uṣā no podría haber escogido a nadie más hermoso en los tres mundos. La complexión de Aniruddha era brillante y morena. Estaba vestido con prendas amarillas y tenía ojos como pétalos de loto. Sus brazos eran muy largos, y tenía un hermoso cabello azulado y rizado. Los resplandecientes rayos de sus brillantes pendientes y la hermosa sonrisa en sus labios eran ciertamente cautivadores. Aun así, Bāṇāsura estaba muy enojado.
Cuando Bāṇāsura lo vio, Aniruddha estaba ocupado jugando con Uṣā. Aniruddha estaba bellamente vestido, y Uṣā lo había enguirnaldado con diversas hermosas flores. El polvo rojizo de kuṅkuma que las mujeres se aplicaban en los pechos estaba marcado aquí y allá en la guirnalda, indicando que Uṣā lo había abrazado. Bāṇāsura quedó asombrado de que, incluso en su presencia, Aniruddha estuviera sentado tranquilamente frente a Uṣā. Sin embargo, Aniruddha sabía que su futuro suegro no estaba en absoluto complacido y que estaba reuniendo muchos soldados en el palacio para atacarlo.
Así, al no encontrar ninguna otra arma, Aniruddha tomó una gran barra de hierro y se puso de pie frente a Bāṇāsura y sus soldados. Adoptó firmemente una postura que indicaba que, si era atacado, derribaría a todos los soldados al suelo con la barra de hierro. Bāṇāsura y su compañía de soldados vieron que el joven estaba de pie ante ellos exactamente como el superintendente de la muerte con su invencible vara. Ahora, bajo la orden de Bāṇāsura, los soldados de todos lados intentaron capturarlo y arrestarlo. Cuando se atrevieron a acercarse a él, Aniruddha los golpeó con la barra, rompiéndoles las cabezas, piernas, brazos y muslos, y uno tras otro comenzaron a caer al suelo. Los mató tal como el líder de una bandada de halcones mata a perros ladradores, uno tras otro. De este modo, Aniruddha pudo escapar del palacio.
Bāṇāsura conocía diversas artes de combate, y por la gracia del Señor Śiva sabía cómo arrestar a su enemigo oponente mediante el uso de un nāgapāśa, lazo de serpiente, y así Aniruddha fue apresado cuando salió del palacio. Cuando Uṣā recibió la noticia de que su padre había arrestado a Aniruddha, quedó abrumada por el dolor y la confusión. Lágrimas comenzaron a deslizarse por sus ojos, y siendo incapaz de contenerse, comenzó a llorar muy fuertemente.
Así termina el significado Bhaktivedanta del Segundo Volúmen, Séptimo Capítulo de Kṛṣṇa, “El encuentro de Uṣā y Aniruddha.”