Capítulo 7
El Conocimiento Como Fe en el Guru y la Entrega a Kṛṣṇa
En el Cuarto Capítulo del Bhagavad-gītā, Śrī Kṛṣṇa concluye que, de todos los sacrificios, el mejor es la adquisición del conocimiento.
śreyān dravyamayād yajñāj
jñāna-yajñaḥ parantapa
sarvaṁ karmākhilaṁ pārtha
jñāne parisamāpyate
“Oh castigador del enemigo, el sacrificio del conocimiento es mayor que el sacrificio de las posesiones materiales. Oh hijo de Pṛthā, después de todo, el sacrificio del trabajo culmina en el conocimiento trascendental.” (Bg. 4.33)
El conocimiento es el mejor sacrificio porque esta vida condicionada se debe a la ignorancia. El propósito del sacrificio, la penitencia, el yoga y la discusión filosófica es adquirir conocimiento. Hay tres etapas del conocimiento trascendental por las cuales uno realiza el aspecto impersonal de Dios (realización de Brahman), el aspecto localizado de Dios dentro del corazón y dentro de cada átomo (realización del Paramātmā o Superalma) y la realización de la Suprema Personalidad de Dios (realización de Bhagavān). Pero el primer paso para adquirir conocimiento es llegar a comprender que “no soy este cuerpo. Soy alma espiritual, y mi objetivo en la vida es salir de este enredo material.” El punto es que cualquier sacrificio que hagamos tiene como fin permitirnos llegar al punto del conocimiento verdadero. La más elevada perfección del conocimiento se da en el Bhagavad-gītā como la entrega a Kṛṣṇa (bahūnāṁ janmanām ante jñānavān māṁ prapadyate) (Bg. 7.19). El jñānavān, y no el necio, se entrega a Kṛṣṇa, y ese es la más alta etapa del conocimiento. De manera similar, al final del Bhagavad-gītā Śrī Kṛṣṇa aconseja a Arjuna:
sarva-dharmān parityajya
mām ekaṁ śaraṇaṁ vraja
ahaṁ tvāṁ sarva-pāpebhyo
mokṣayiṣyāmi mā śucaḥ
“Abandona todas las variedades de religión y simplemente entrégate a Mí. Yo te liberaré de toda reacción pecaminosa. No temas.” (Bg. 18.66)
Esta es la parte más confidencial del conocimiento. Desde todos los puntos de vista, si hacemos un estudio analítico de las literaturas Védicas, encontraremos que la cumbre última del conocimiento es entregarse a Kṛṣṇa. ¿Y qué tipo de entrega se recomienda? Entrega con pleno conocimiento–cuando uno llega al punto de perfección, debe comprender que Vāsudeva, Kṛṣṇa, Lo es todo. Esto también se confirma en el Brahma-saṁhitā:
īśvaraḥ paramaḥ kṛṣṇaḥ
sac-cid-ānanda-vigrahaḥ
anādir ādir govindaḥ
sarva-kāraṇa-kāraṇam
“Kṛṣṇa, quien es conocido como Govinda, es el Dios Supremo. Él tiene un cuerpo espiritual eterno y bienaventurado. Él es el origen de todo. No tiene otro origen, y Él es la causa primaria de todas las causas.” (Brahma-saṁhitā 5.1)
Las palabras sarva-kāraṇa indican que Kṛṣṇa es la causa de todas las causas. Si buscamos para ver quién es el padre de nuestro padre, y quién es su padre, y así sucesivamente hacia atrás, si de alguna manera fuera posible rastrear nuestra ascendencia a través del tiempo, llegaríamos al Padre Supremo, la Suprema Personalidad de Dios.
Por supuesto, todos desean ver a Dios inmediatamente, pero podremos ver a Dios cuando estemos cualificados y en perfecto conocimiento. Podemos ver a Dios cara a cara, tal como nos vemos unos a otros, pero se requiere cualificación, y esa calificación es la conciencia de Kṛṣṇa. La conciencia de Kṛṣṇa comienza con śravaṇam, escuchar acerca de Kṛṣṇa a través del Bhagavad-gītā y otras literaturas Védicas, y kīrtanam, repetir lo que hemos escuchado y glorificar a Kṛṣṇa cantando Sus nombres. Al cantar y escuchar sobre Kṛṣṇa, podemos realmente asociarnos con Él, pues Él es absoluto y no diferente de Sus nombres, cualidades, formas y pasatiempos. Al asociarnos con Kṛṣṇa, Él nos ayuda a entenderlo y disipa la oscuridad de la ignorancia con la luz del conocimiento. Kṛṣṇa está sentado dentro de nuestros corazones actuando como guru. Cuando comenzamos a escuchar temas acerca de Él, el polvo acumulado en nuestra mente debido a tantos años de contaminación material se va limpiando gradualmente. Kṛṣṇa es amigo de todos, pero es un amigo especial para Sus devotos. Tan pronto como nos inclinamos un poco hacia Él, comienza a impartir instrucciones favorables desde nuestro corazón para que podamos progresar gradualmente. Kṛṣṇa es el primer maestro espiritual, y cuando nos interesamos más en Él, debemos acudir a un sādhu u hombre santo que actúe como maestro espiritual desde afuera. Esto es ordenado por Śrī Kṛṣṇa Mismo en el siguiente verso:
tad viddhi praṇipātena
paripraśnena sevayā
upadekṣyanti te jñānaṁ
jñāninas tattva-darśinaḥ
“Solo intenta aprender la verdad acercándote a un maestro espiritual. Inquiere de él sumisamente y préstale servicio. El alma autorrealizada puede impartirte conocimiento porque ha visto la verdad.” (Bg. 4.34)
Es necesario seleccionar a una persona a quien podamos entregarnos. Por supuesto, a nadie le gusta rendirse ante alguien. Estamos envanecidos con cualquier conocimiento que poseemos, y nuestra actitud es, “Oh, ¿quién me puede dar conocimiento?” Algunas personas dicen que para la realización espiritual no hay necesidad de un maestro espiritual, pero en cuanto a la literatura Védica se refiere, y en lo que respecta al Bhagavad-gītā, Śrīmad-Bhāgavatam y los Upaniṣads, sí hay necesidad de un maestro espiritual. Incluso en el mundo material, si uno quiere aprender a ser músico, debe buscar a un músico que le enseñe, o si uno quiere ser ingeniero, debe ir a un colegio tecnológico y aprender de aquellos que conocen la tecnología. Ni nadie puede convertirse en médico simplemente comprando un libro en el mercado y leyéndolo en casa. Uno debe ser admitido en una escuela de medicina y someterse a un entrenamiento bajo doctores certificados. No es posible aprender ninguna materia importante únicamente comprando libros y leyéndolos en casa. Se necesita a alguien que nos muestre cómo aplicar ese conocimiento que se encuentra en los libros. En cuanto a la ciencia de Dios se refiere, Śrī Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios Misma, nos aconseja acudir a una persona a quien podamos entregarnos. Esto significa que debemos verificar si la persona es capaz de dar instrucciones sobre el Bhagavad-gītā y otras literaturas sobre la realización de Dios. No se trata de que debamos buscar un maestro espiritual caprichosamente. Debemos ser muy serios para encontrar a una persona que realmente tenga conocimiento del tema.
Al principio del Bhagavad-gītā, Arjuna estaba hablando con Kṛṣṇa exactamente como un amigo, y Kṛṣṇa le estaba preguntando cómo podía, siendo militar, renunciar a la lucha. Pero cuando Arjuna vio que las conversaciones amistosas no resolverían sus problemas, se rindió ante Kṛṣṇa, diciendo, śiṣyaste ’haṁ śādhi māṁ tvāṁ prapannam: “Ahora soy Tu discípulo y un alma rendida a Ti. Por favor, instrúyeme.” (Bg. 2.7) Este es el proceso. No es que debamos rendirnos ciegamente, sino que debemos ser capaces de inquirir con inteligencia.
Sin inquirir, no podemos progresar. En la escuela, un estudiante que hace preguntas al maestro suele ser un estudiante inteligente. Es generalmente señal de inteligencia cuando un niño pequeño pregunta a su padre, “Oh, ¿qué es esto? ¿Qué es aquello?” Podemos tener un maestro espiritual muy bueno, pero si no tenemos capacidad de inquirir, no podremos progresar. La indagación tampoco debe ser de la naturaleza de un desafío. Uno no debe pensar, “Ahora veré qué tipo de maestro espiritual es. Lo desafiaré.” Nuestras preguntas (paripraśnena) deben ser sobre el tema del servicio (sevayā). Sin servicio, nuestras preguntas serán inútiles, pero incluso antes de preguntar, debemos tener alguna cualificación. Si vamos a una tienda a comprar algo de oro o joyas y no sabemos nada sobre joyas u oro, es probable que nos engañen. Si vamos a un joyero y decimos, “¿Puede darme un diamante?” él entenderá que somos tontos. Él podría cobrarnos cualquier precio por cualquier cosa. Ese tipo de búsqueda no servirá de nada. Primero debemos volvernos un poco inteligentes, pues no es posible progresar espiritualmente de otra manera.
El primer mandato del Vedānta-sūtra es: athāto brahma-jijñāsā. “Ahora es el momento de inquirir sobre Brahman.” La palabra atha significa que aquel que es inteligente, que ha llegado al punto de darse cuenta de las frustraciones básicas de la vida material, es capaz de indagar. En el Śrīmad-Bhāgavatam se afirma que uno debe preguntarle a un maestro espiritual sobre temas que están “más allá de esta oscuridad.” Este mundo material es por naturaleza oscuro, y se ilumina artificialmente por el fuego. Nuestras indagaciones deben ser sobre los mundos trascendentales que yacen más allá de este universo. Si alguien está deseoso de descubrir estos mundos espirituales, debe buscar un maestro espiritual; de lo contrario, no tiene sentido la búsqueda. Si quiero estudiar el Bhagavad-gītā o el Vedānta-sūtra con el propósito de mejorar materialmente, no es necesario encontrar un maestro espiritual. Primero uno debe desear indagar sobre Brahman y luego buscar a un maestro que tenga visión perfecta de la Verdad Absoluta (jñāninas tattva-darśinaḥ). Kṛṣṇa es el supremo tattva, la Verdad Absoluta. En el Séptimo Capítulo del Bhagavad-gītā, Śrī Kṛṣṇa declara:
manuṣyāṇāṁ sahasreṣu
kaścid yatati siddhaye
yatatām api siddhānāṁ
kaścin māṁ vetti tattvataḥ
“De entre muchos miles de hombres, uno puede esforzarse por la perfección, y de aquellos que han alcanzado la perfección, apenas uno Me conoce en verdad.” (Bg. 7.3)
Así, de entre muchos espiritualistas perfeccionados, un hombre puede conocer lo que Kṛṣṇa realmente es. Como indica este verso, el tema de Kṛṣṇa no es tan fácil, sino muy difícil. Sin embargo, el Bhagavad-gītā también indica que es fácil.
bhaktyā mām abhijānāti
yāvān yaś cāsmi tattvataḥ
tato māṁ tattvato jñātvā
viśate tad-anantaram
“Uno puede comprender a la Suprema Personalidad tal como Él es únicamente mediante el servicio devocional. Y cuando uno está en plena conciencia del Señor Supremo mediante tal devoción, puede entrar en el reino de Dios.” (Bg. 18.55)
Si aceptamos el proceso del servicio devocional, podemos entender a Kṛṣṇa muy fácilmente. A través de él podemos comprender perfectamente la ciencia de Kṛṣṇa y volvernos elegibles para entrar en el reino espiritual. Si, como dice el Bhagavad-gītā, después de muchos nacimientos eventualmente debemos entregarnos a Kṛṣṇa, ¿por qué no rendirnos a Él de inmediato? ¿Por qué esperar muchos, muchos nacimientos? Si la rendición es el fin de la perfección, ¿por qué no aceptar la perfección inmediatamente? Por supuesto, la respuesta es que las personas generalmente tienen dudas. La conciencia de Kṛṣṇa puede alcanzarse en un segundo, o puede que no se logre incluso después de mil nacimientos y muertes. Si elegimos, podemos volvernos grandes almas inmediatamente al entregarnos a Kṛṣṇa, pero debido a que tenemos dudas sobre si Kṛṣṇa es realmente el Supremo, debemos tomar tiempo para disipar estas dudas mediante el estudio de las escrituras. Al estudiar el Bhagavad-gītā bajo la guía de un maestro espiritual fidedigno, podemos eliminar estas dudas y avanzar de manera definitiva.
Es el fuego del conocimiento el que reduce todas las dudas y actividades fruitivas a cenizas. Śrī Kṛṣṇa proporciona la siguiente información sobre los resultados de inquirir sobre la verdad con aquel que realmente ha visto la verdad.
yaj jñātvā na punar moham
evaṁ yāsyasi pāṇḍāva
yena bhūtāny aśeṣāṇi
drakṣyasy ātmany atho mayi
api ced asi pāpebhyaḥ
sarvebhyaḥ pāpa-kṛttamaḥ
sarvaṁ jñāna-plavenaiva
vṛjinaṁ santariṣyasi
yathaidhāṁsi samiddho ’gnir
bhasmasāt kurute ’rjuna
jñānāgniḥ sarva-karmāṇi
bhasmasāt kurute tathā
“Y cuando así hayas aprendido la verdad, sabrás que todos los seres vivientes no son sino partes de Mí–y que están en Mí, y son Míos. Incluso si eres considerado el más pecador de todos los pecadores, cuando te sitúes en el bote del conocimiento trascendental, serás capaz de cruzar el océano de miserias. Así como un fuego ardiente reduce la leña a cenizas, Oh Arjuna, así el fuego del conocimiento reduce a cenizas todas las reacciones de las actividades materiales.” (Bg. 4.35–37)
El fuego del conocimiento es encendido por el maestro espiritual, y cuando está en llamas, todas las reacciones a nuestras obras se convierten en cenizas. Las reacciones a nuestro trabajo, o nuestro karma, son la causa de nuestro cautiverio. Hay buenas obras y malas obras, y en este verso la palabra sarva-karmāṇi indica ambas. Para aquel que desea liberarse de este cautiverio material, tanto las reacciones de las buenas y malas obras son perjudiciales. En este mundo material estamos apegados a realizar buenas obras si estamos situados en las modalidadades de la bondad. Si estamos en las modalidades de la pasión e ignorancia, sin embargo, hacemos malas obras en pasión e ignorancia. Pero para aquellos que van a ser conscientes de Kṛṣṇa, no hay necesidad de buenas ni malas obras. Mediante buenas obras podemos obtener un buen nacimiento en una familia aristocrática o rica, y mediante malas obras podemos nacer incluso en el reino animal o en familias humanas degradadas, pero en cualquier caso el nacimiento significa cautiverio, y aquel que se esfuerza por la conciencia de Kṛṣṇa se esfuerza por la liberación del cautiverio de la transmigración. ¿Cuál es la ventaja de nacer en una familia rica o aristocrática si uno no se deshace de las miserias materiales? Ya sea que disfrutemos las reacciones de las buenas obras o suframos las reacciones de las malas, debemos asumir un cuerpo material y, por ende, padecer las miserias materiales.
Al ocuparnos en el servicio trascendental a Kṛṣṇa, realmente nos liberamos del ciclo de nacimiento y muerte. Pero como el fuego del conocimiento no arde en nuestras mentes, aceptamos la existencia material como felicidad. Un perro o un cerdo no puede comprender qué clase de vida miserable está pasando. Realmente cree que está disfrutando de la vida, Esto se denomina cobertura o influencia ilusoria de la energía material. En Bowery, hay tantos borrachos tirados en la calle, y todos piensan, “Estamos disfrutando de la vida.” Pero los que pasan junto a ellos piensan, “Oh, qué miserables son.” Así actúa la energía ilusoria. Podemos estar en una condición miserable, pero la aceptamos pensando que somos muy felices. Esto se llama ignorancia. Pero cuando uno es despertado al conocimiento, piensa, “Oh, no soy feliz. Quiero libertad, pero no hay libertad. No quiero morir, pero hay muerte. No quiero envejecer, pero hay vejez. No quiero enfermedades, pero hay enfermedades.” Estos son los problemas mayores de la existencia humana, pero los ignoramos y nos concentramos en resolver problemas muy menores. Consideramos que el desarrollo económico es lo más importante, olvidando cuánto tiempo viviremos en este mundo material. Desarrollo económico o no, al final de sesenta o cien años nuestra vida habrá terminado. Incluso si acumulamos un millón de dólares, debemos dejarlo todo cuando abandonemos este cuerpo. Necesitamos llegar a comprender que en el mundo material lo que sea que estemos haciendo está siendo derrotado por la influencia de la naturaleza material.
Deseamos libertad, y queremos viajar por todo el mundo y por todo el universo. De hecho, ese es nuestro derecho como alma espiritual. El alma espiritual en el Bhagavad-gītā es llamada sarva-gataḥ, lo que significa que tiene la capacidad de ir donde quiera. En los Siddhalokas hay seres perfeccionados o yogīs que pueden viajar donde quieran sin ayuda de aviones u otros artilugios mecánicos. Una vez liberados del condicionamiento material, podemos volvernos muy poderosos. En realidad, no tenemos idea de cuán poderosos somos como chispas espirituales. En cambio, estamos muy satisfechos quedándonos en esta tierra y enviando algunos cohetes espaciales, pensando que nos hemos vuelto enormemente avanzados en la ciencia material. Gastamos millones y millones de dólares construyendo cohetes espaciales sin saber que tenemos la habilidad de viajar donde queramos, sin costo alguno.
El punto es que debemos cultivar nuestras potencias espirituales mediante el conocimiento. El conocimiento ya está allí; simplemente tenemos que aceptarlo. En eras anteriores, la gente se sometía a tantas penitencias y austeridades para adquirir conocimiento, pero en esta era este proceso no es posible porque nuestras vidas son muy cortas y siempre estamos perturbados. El proceso para esta era es el proceso de la conciencia de Kṛṣṇa, el canto de Hare Kṛṣṇa, inaugurado por Śrī Caitanya Mahāprabhu. Si, mediante este proceso, podemos encender el fuego del conocimiento, todas las reacciones de nuestras actividades se reducirán a cenizas y seremos purificados.
na hi jñānena sadṛśaṁ
pavitram iha vidyate
tat svayaṁ yoga-saṁsiddhaḥ
kālenātmani vindati
“En este mundo, no hay nada tan sublime y puro como el conocimiento trascendental. Tal conocimiento es el fruto maduro de todo misticismo. Y aquel que lo ha alcanzado disfruta del ser dentro de sí mismo en el debido curso del tiempo.” (Bg. 4.38)
¿Qué es ese conocimiento sublime y puro? Es el conocimiento de que somos parte y porción de Dios y que debemos acoplar nuestra conciencia con la Conciencia Suprema. Este es el conocimiento más puro en el mundo material. Aquí todo está contaminado por las modalidades de la naturaleza material–bondad, pasión e ignorancia. La bondad también es una especie de contaminación. En la bondad uno se vuelve consciente de su posición y de los temas trascendentales, etc., pero su defecto está en pensar, “Ahora lo he entendido todo. Ahora estoy bien.” Quiere quedarse aquí. En otras palabras, el hombre en la modalidad de la bondad se convierte en un prisionero de primera clase y, siendo feliz en la prisión, quiere quedarse allí. ¿Y qué decir de aquellos en las modalidades de la pasión e ignorancia? El punto es que debemos trascender incluso la cualidad de bondad. La posición trascendental comienza con la realización ahaṁ brahmāsmi–“No soy esta materia, sino espíritu.” Pero incluso esta posición es inestable. Se requiere más.
brahma-bhūtaḥ prasannātmā
na śocati na kāṅkṣati
samaḥ sarveṣu bhūteṣu
mad-bhaktiṁ labhate parām
“Quien se encuentra así trascendentalmente situado realiza de inmediato al Brahman Supremo. Nunca se lamenta ni desea tener nada; está igualmente dispuesto hacia todas las entidades vivientes. En ese estado alcanza el servicio devocional puro hacia Mí.” (Bg. 18.54)
En la etapa brahma-bhūtaḥ uno ya no se identifica con la materia. El primer síntoma de haberse establecido en la plataforma brahma-bhūtaḥ es volverse alegre (prasannātmā). En esa plataforma no hay lamentación ni anhelo. Pero incluso si nos elevamos a esta etapa y no adoptamos el servicio amoroso a Kṛṣṇa, existe la posibilidad de volver a caer en el torbellino material. Podemos elevarnos muy alto en el cielo, pero si allí no tenemos refugio, si no aterrizamos en algún planeta, volveremos a caer. Un simple entendimiento de la etapa brahma-bhūtaḥ no nos ayudará a menos que tomemos refugio en los pies de loto de Kṛṣṇa. Tan pronto como nos ocupamos en el servicio a Kṛṣṇa, ya no hay posibilidad de volver a caer en el mundo material.
Nuestra naturaleza es tal que necesitamos alguna ocupación. Un niño puede hacer travesuras, pero no puede abstenerse de ellas a menos que se le dé alguna ocupación. Cuando se le dan juguetes, su atención se desvía y sus actividades traviesas cesan. Somos como niños traviesos, y por eso debemos tener una ocupación espiritual. Simplemente entender que somos alma espiritual no es suficiente. Al entender que somos espíritu, debemos sostenerlo mediante ocupaciones espirituales. No es raro en India que un hombre renuncie a todas las ocupaciones materiales, deje su hogar y familia y tome la orden de renuncia, sannyāsa, y después de meditar un tiempo, comience a hacer obras filantrópicas abriendo hospitales o participando en política. El negocio de hacer hospitales lo conduce el gobierno; el deber de un sannyāsa es crear hospitales mediante los cuales las personas puedan realmente desprenderse de sus cuerpos materiales, no simplemente repararlos. Pero por falta de conocer qué es la verdadera actividad espiritual, nos dedicamos a actividades materiales.
Al volvernos perfectos en la conciencia de Kṛṣṇa, el conocimiento y la sabiduría se encuentran en el debido curso del tiempo. Puede haber cierta desmotivación al principio, pero la palabra kālena, que significa “en el debido curso del tiempo,” indica que si perseveramos, seremos exitosos. Se requiere fe, como se afirma en el siguiente verso.
śraddhāvāḹ labhate jñānaṁ
tat-paraḥ saṁyatendriyaḥ
jñānaṁ labdhvā parāṁ śāntim
acireṇādhigacchati
“Un hombre fiel, que está absorto en el conocimiento trascendental y que domina sus sentidos, alcanza rápidamente la paz espiritual suprema.” (Bg. 4.39)
Para aquellos que dudan y carecen de fe, la conciencia de Kṛṣṇa es muy difícil. Incluso en nuestros asuntos diarios se requiere cierta cantidad de fe. Cuando compramos un boleto, confiamos en que la compañía nos llevará a nuestro destino. Sin fe no podemos siquiera vivir en el mundo material, qué decir de progresar espiritualmente. ¿Dónde debemos colocar nuestra fe? En la autoridad. No debemos reservar nuestro boleto con una compañía no autorizada. La fe debe estar en Kṛṣṇa, el orador del Bhagavad-gītā. ¿Cómo nos volvemos fieles? Se requiere control de los sentidos (saṁyatendriyaḥ). Estamos en el mundo material porque queremos gratificar nuestros sentidos. Si tenemos fe en que un médico puede curarnos, y él nos dice que no comamos esto o aquello, y aun así lo comemos, ¿qué clase de fe tenemos? Si tenemos fe en nuestro médico, seguiremos sus prescripciones para curarnos. El punto es que debemos seguir las instrucciones con fe. Entonces vendrá la sabiduría. Cuando alcanzamos la etapa de la sabiduría, el resultado es parāṁ śāntim–la paz suprema. Kṛṣṇa indica que cuando uno controla los sentidos, la fe llega en un futuro cercano (acireṇa). Al haber alcanzado esa etapa de fe en Kṛṣṇa, uno siente que es la persona más feliz del mundo. Esta es nuestra posición. Debemos aceptar la fórmula y ejecutarla con fe. Esta fe debe estar en la suprema autoridad, no en un hombre de tercera clase. Debemos buscar un maestro espiritual en quien podamos tener fe. Kṛṣṇa es la personalidad más autorizada, pero cualquiera que sea consciente de Kṛṣṇa puede ser aceptado, porque una persona completamente en conciencia de Kṛṣṇa es el representante fidedigno de Kṛṣṇa. Habiendo probado las palabras del representante de Kṛṣṇa, nos sentiremos satisfechos, así como nos sentimos satisfechos al comer una comida completa.
ajñaś cāśraddadhānaś ca
saṁśayātmā vinaśyati
nāyaṁ loko ’sti na paro
na sukhaṁ saṁśayātmanaḥ
“Pero las personas ignorantes y sin fe, que dudan de las escrituras reveladas, no alcanzan la conciencia de Dios. Para el alma dudosa no hay felicidad ni en este mundo ni en el próximo.” (Bg. 4.40)
Aquellos que vacilan en tomar este sendero del conocimiento no tienen oportunidad. La vacilación se debe a la ignorancia (ajñaś ca). Para quien duda en adoptar la conciencia de Kṛṣṇa, ni siquiera en este mundo material será feliz, y qué decir de la próxima vida. El mundo material ya es miserable, pero si uno carece de fe, será aún más miserable. Así, para los que no tienen fe, la situación es muy precaria. Podemos depositar miles de dólares en un banco porque tenemos fe en que ese banco no cerrará. Si tenemos fe en los bancos y en las aerolíneas, ¿por qué no tener fe en Śrī Kṛṣṇa, quien es reconocido por tantas literaturas Védicas y por tantos sabios como la autoridad suprema? Nuestra posición es seguir los pasos de grandes autoridades como Śaṅkarācārya, Rāmānujācārya y Caitanya Mahāprabhu. Si mantenemos nuestra fe ejecutando nuestros deberes y siguiendo sus pasos, el éxito está garantizado.
Como se indicó antes, debemos buscar a aquel que ha visto la Verdad Absoluta, entregarnos a él y servirle. Cuando esto se hace, no hay duda de nuestra salvación espiritual. Todos están ansiosos por ver a Dios, pero en nuestro estado actual de vida estamos condicionados y engañados. No tenemos idea de las cosas tal como son. Aunque somos Brahman y por naturaleza gozosos, de algún modo hemos caído de nuestra posición constitucional. Nuestra naturaleza es sac-cid-ānanda, eterna, bienaventurada y llena de conocimiento, a pesar de todo, este cuerpo está destinado a morir, y mientras existe, está lleno de ignorancia y miserias. Los sentidos son imperfectos, y no es posible alcanzar el conocimiento perfecto a través de ellos. Por ello se afirma en el Bhagavad-gītā que si queremos de verdad aprender el conocimiento trascendental, debemos acercarnos a alguien que haya visto realmente la Verdad Absoluta (tad-viddhi praṇipāteṇa). Tradicionalmente, los brāhmaṇas están destinados a ser maestros espirituales, pero en esta era de Kali es muy difícil encontrar un brāhmaṇa cualificado. En consecuencia, es muy difícil encontrar un maestro espiritual cualificado. Por ello, Caitanya Mahāprabhu ha recomendado kibā vipra, kibā nyāsī, śūdra kene naya/yei kṛṣṇa-tattva-vettā, sei ‘guru’ haya: “No importa si uno es un brāhmaṇa, śūdra, sannyāsī o cabeza de familia. Si conoce la ciencia de Kṛṣṇa, es un maestro espiritual fidedigno.”
El Bhagavad-gītā es la ciencia de Kṛṣṇa, y si la estudiamos cuidadosamente con todo nuestro raciocinio, sentidos y conocimiento filosófico, llegaremos a conocer esa ciencia. No se trata de entregarnos ciegamente. El maestro espiritual puede ser auto-realizado y estar situado en la Verdad Absoluta, aún así debemos cuestionarlo con el fin de comprender todos los puntos espirituales. Si alguien es capaz de responder de manera fáctica a las preguntas sobre la ciencia de Kṛṣṇa, es un maestro espiritual, sin importar dónde nació ni lo que es–ya sea brāhmaṇa, śūdra, Americano, Indio o cualquier otro. Cuando vamos a un médico, no preguntamos si es Hindú, Cristiano o brāhmaṇa. Tiene la cualificación de médico, y simplemente nos entregamos diciendo, “Doctor, tráteme, estoy sufriendo.”
Kṛṣṇa es la meta última de la ciencia espiritual. Por supuesto, cuando hablamos de Kṛṣṇa nos referimos a Dios. Hay muchos nombres para Dios en el mundo y en el universo, pero Kṛṣṇa es el nombre supremo de acuerdo con el conocimiento Védico. Por eso, Caitanya Mahāprabhu recomendó el canto de Hare Kṛṣṇa, Hare Kṛṣṇa, Kṛṣṇa Kṛṣṇa, Hare Hare/ Hare Rāma, Hare Rāma, Rāma Rāma, Hare Hare como el medio supremo de realización en esta era. Caitanya Mahāprabhu no hizo distinciones de casta o posición social. De hecho, muchos de Sus discípulos más importantes eran considerados caídos en la sociedad. Incluso nombró a Haridāsa Ṭhākura, un Mahometano, como nāmācārya, o preceptor de los santos nombres. De manera similar, Rūpa y Sanātana Gosvāmīs, dos de los principales discípulos del Señor Caitanya Mahāprabhu, eran anteriormente conocidos como Sākara Mallika y Dabira Khāsa, empleados del gobierno Mahometano. En aquellos días, los Hindúes eran tan estrictos que si un brāhmaṇa aceptaba servicio de un no Hindú, era inmediatamente condenado al ostracismo de la sociedad Hindú. A pesar de esto, Rūpa y Sanātana Gosvāmīs fueron designados autoridades principales en la ciencia de Kṛṣṇa por Caitanya Mahāprabhu. Así, no hay barreras para nadie; cualquiera puede volverse un maestro espiritual siempre que conozca la ciencia de Kṛṣṇa. Esta es la única cualificación, y esta ciencia, en esencia, está contenida en el Bhagavad-gītā. Actualmente, se necesitan miles de maestros espirituales para difundir esta gran ciencia por todo el mundo.
Debemos comprender que cuando Kṛṣṇa Le está hablando a Arjuna en el Bhagavad-gītā, no se dirige únicamente a Arjuna, sino a toda la raza humana. Śrī Kṛṣṇa Mismo declara que simplemente con conocer la ciencia de Kṛṣṇa, Arjuna no estaría sujeto a la ilusión (yaj jñātvā na punar moham). Si tuviéramos un barco muy bueno, podríamos cruzar fácilmente el Océano Atlántico. En el presente, nos encontramos en medio del océano de la ignorancia, ya que este mundo material ha sido comparado con un gran océano de nesciencia. Por ello, el Señor Caitanya Mahāprabhu oró a Kṛṣṇa de la siguiente manera:
ayi nandatanuja kiṅkaraṁ
patitaṁ māṁ viṣame bhavāmbudhau
kṛpayā tava pāda-paṅkaja-
sthita-dhūlīsadṛśaṁ vicintaya
“Oh hijo de Mahārāja Nanda, soy Tu sirviente eterno, y aunque así lo sea, de alguna manera u otra he caído en el océano del nacimiento y la muerte. Por favor, recógeme de este océano de muerte y fíjame como uno de los átomos a Tus pies de loto.” (Śikṣāṣṭakam, 5)
Si tenemos el bote del conocimiento perfecto, no hay miedo, pues podemos cruzar el océano muy fácilmente. Incluso si una persona es de lo más pecaminosa, si recibe el bote de la ciencia de Kṛṣṇa, puede cruzar el océano muy fácilmente. Como se afirmo anteriormente (Bg. 4.36), no importa lo que fuimos en nuestras vidas pasadas. Debido a que estábamos en la ignorancia, podemos haber cometido tantas acciones abominables. De hecho, nadie puede decir que está libre de la actividad pecaminosa. Pero de acuerdo con el Bhagavad-gītā, esto no importa. Solo con conocer la ciencia de Kṛṣṇa, uno se vuelve libre.
Por lo tanto, es absolutamente necesario que busquemos conocimiento, y la perfección del conocimiento es entender a Kṛṣṇa. Hoy en día existen tantas teorías, y todos afirman conocer la mejor manera de vivir; por ello han surgido tantos “ismos.” De estos, el comunismo se ha vuelto muy prominente en el mundo. Pero en el Śrīmad-Bhāgavatam encontramos la semilla del comunismo espiritual. Allí, Nārada Muni explica que en este universo material–ya sea que uno se encuentre en un sistema planetario inferior, medio o superior, o incluso en el espacio exterior–todos los recursos naturales son manifestados por el Señor Supremo. Debemos entender que todo lo que existe en este mundo no fue producido por ningún ser humano, sino que todo fue creado por Dios. Ningún hombre cuerdo puede negar esto. El Śrī Īśopaniṣad ordena:
īśāvāsyam idaṁ sarvaṁ
yat kiñca jagatyāṁ jagat
tena tyaktena bhuñjīthā
mā gṛdhaḥ kasya svid dhanam
“Todo lo animado o inanimado dentro del universo está controlado y es propiedad del Señor. Por lo tanto, uno debe aceptar únicamente aquellas cosas que sean necesarias para sí mismo, lo que se ha apartado como su cuota, y no debe aceptar otras cosas, sabiendo bien a quién pertenecen.” (Śrī Īśopaniṣad, Mantra 1)
En consecuencia, todas las entidades vivientes, comenzando por Brahmā, el más alto de los semidioses, hasta la más baja de las hormigas, tienen el derecho de usar los recursos naturales. Nārada Muni señala que podemos usar estos recursos tanto como necesitemos, pero si tomamos más de lo necesario, nos convertimos en ladrones. Desafortunadamente, todos intentan conquistar y predominar. Los países compiten por llegar a la luna para plantar sus banderas y reclamar ese planeta. Cuando los Europeos llegaron a América, colocaron su bandera y la reclamaron para su nación. Toda esta plantación y ondeo de banderas se debe a la ignorancia. No nos detenemos a pensar dónde estamos colocando nuestra bandera. No es nuestra propiedad, sino de Dios. Saber esto es conocimiento, y pensar que es mi propiedad es ignorancia. Tenemos el derecho a utilizar, pero no a reclamar ni acumular.
Si tiramos una bolsa de grano en la calle, las palomas pueden venir y comer cuatro o cinco granos pequeños y luego irse. No tomarán más de lo que pueden comer, y habiendo comido, siguen su camino libremente. Pero si colocamos muchas bolsas de harina en la acera e invitamos a la gente a tomarlas, un hombre tomaría diez o veinte bolsas, y otro quince o treinta, y así sucesivamente. Sin embargo, aquellos que no tengan medios para cargar tanto no podrán llevarse más de una o dos bolsas. Así, la distribución será desigual. Esto se llama avance de la civilización; incluso carecemos del conocimiento que tienen las palomas, perros y gatos. Todo pertenece al Señor Supremo, y podemos aceptar lo que sea que necesitemos, pero no más. Eso es conocimiento. Según la disposición del Señor, el mundo está hecho de manera que no hay escasez de nada. Todo es suficiente, siempre que sepamos cómo distribuirlo. Sin embargo, la deplorable condición de hoy es que uno toma más de lo que necesita mientras otro muere de hambre. En consecuencia, las masas que mueren de hambre se rebelan y preguntan, “¿Por qué debemos morir de hambre?” Pero sus métodos son imperfectos. La perfección del comunismo espiritual se encuentra en el conocimiento de que todo Le pertenece a Dios. Al conocer la ciencia de Kṛṣṇa, podemos cruzar fácilmente la ignorancia de la falsa propiedad.
En realidad, estamos sufriendo debido a nuestra ignorancia. En un tribunal de justicia, la ignorancia no es excusa. Si le decimos al juez que no estábamos conscientes de la ley, de todos modos seremos castigados. Si alguien ha acumulado ilegalmente tanta riqueza y aún así reclama ignorancia de su transgresión, igualmente será castigado. El mundo entero carece de este conocimiento, y por eso se necesitan miles de maestros de la ciencia de Kṛṣṇa. Hay una gran necesidad de este conocimiento ahora. No debemos pensar que, porque Kṛṣṇa nació en India, el conocimiento del Bhagavad-gītā sea sectario o que Kṛṣṇa sea un Dios sectario. De hecho, en el Capítulo Catorce, Śrī Kṛṣṇa se proclama a Sí Mismo como el padre de todos los seres, como se indicó anteriormente (Bg. 14.4).
Como almas espirituales, somos parte y porción del Espíritu Supremo, pero debido a nuestro deseo de disfrutar de este mundo material, hemos sido colocados en la naturaleza material. Sin embargo, en cualquier especie de vida en la que estemos, Kṛṣṇa es el Padre. Así, el Bhagavad-gītā no está destinado a ningún partido o nación en particular, sino a todos los seres del mundo–incluso a los animales. Ahora que los hijos del Supremo están cometiendo robo por ignorancia, es el deber de quien es versado en el Bhagavad-gītā difundir este conocimiento supremo a todos los seres. De esta manera, las personas pueden darse cuenta de su verdadera naturaleza espiritual y de su relación con el todo espiritual supremo.