Capítulo 5
Paramparā: El Conocimiento A Través de la Sucesión Discipular
śrī bhagavān uvāca
imaṁ vivasvate yogaṁ
proktavān aham avyayam
vivasvān manave prāha
manur ikṣvākave ’bravīt
“El Señor Bendito dijo: Yo instruí esta ciencia imperecedera del yoga al dios del sol, Vivasvān, y Vivasvān la instruyó a Manu, el padre de la humanidad, y Manu, a su vez, la instruyó a Ikṣvāku.” (Bg. 4.1)
Hace muchísimas eras, Kṛṣṇa impartió el conocimiento divino del Bhagavad-gītā a Vivasvān, el dios del sol. Hasta donde sabemos, el sol es un lugar muy caliente, y no consideramos posible que alguien pueda vivir allí. Ni siquiera es posible acercarse demasiado al sol con estos cuerpos. Sin embargo, a partir de las literaturas védicas podemos comprender que el sol es un planeta, al igual que este, pero que todo allí está compuesto de fuego. Así como este planeta está compuesto principalmente de tierra, existen otros planetas compuestos principalmente de fuego, de agua o de aire.
Las entidades vivientes en estos diversos planetas adquieren cuerpos compuestos de elementos de acuerdo con el elemento predominante en el planeta; por lo tanto, aquellos seres que viven en el sol poseen cuerpos que están compuestos de fuego. De entre todos los seres del sol, la personalidad principal es un dios con el nombre de Vivasvān. Él es conocido como el dios del sol (sūrya–nārāyaṇa). En todos los planetas existen personalidades principales, tal como en los Estados Unidos la persona principal es el Presidente. De la historia llamada Mahābhārata, entendemos que antiguamente había un solo rey en este planeta, de nombre Mahārāja Bharata. Él gobernó hace unos 5,000 años, y el planeta recibió su nombre en honor a él. Posteriormente, la tierra se dividió en tantos países diferentes. De este modo, suele haber uno y algunas veces varios controladores de los diversos planetas del universo.
De este primer verso del Cuarto Capítulo aprendemos que hace millones de años Śrī Kṛṣṇa impartió el conocimiento del karma–yoga al dios del sol, Vivasvān. Śrī Kṛṣṇa, quien impartió las enseñanzas del Bhagavad-gītā a Arjuna, indica aquí que estas enseñanzas no son en absoluto nuevas, sino que fueron enunciadas hace muchas eras en un planeta diferente. Vivasvān, a su vez, repitió estas enseñanzas a su hijo Manu. A su vez, Manu impartió el conocimiento a su discípulo Ikṣvāku. Mahārāja Ikṣvāku fue un gran rey y antepasado del Señor Rāmacandra. El punto que se enfatiza aquí es que si uno desea aprender el Bhagavad-gītā y beneficiarse de él, existe un proceso para comprenderlo, y ese proceso se describe aquí. No es que Kṛṣṇa esté hablando el Bhagavad–gītā a Arjuna por primera vez. Las autoridades Védicas estiman que el Señor impartió estas instrucciones divinas a Vivasvān hace algunos 400 millones de años. Del Mahābhārata, entendemos que el Bhagavad-gītā fue hablado a Arjuna hace unos 5,000 mil años. Antes de Arjuna, las enseñanzas fueron transmitidas mediante la sucesión discipular, pero con el paso de tanto tiempo, esas enseñanzas se perdieron.
evaṁ paramparā-prāptam
imaṁ rājarṣayo viduḥ
sa kāleneha mahatā
yogo naṣṭaḥ parantapa
sa evāyaṁ mayā te ’dya
yogaḥ proktaḥ purātanaḥ
bhakto ’si me sakhā ceti
rahasyaṁ hy etad uttamam
“Esta ciencia suprema fue recibida así a través de la cadena de sucesión discipular, y los reyes santos la entendieron de esa manera. Pero con el transcurso del tiempo, la sucesión se rompió y, por lo tanto, la ciencia tal como es parece haberse perdido. Hoy esa ciencia muy antigua acerca de la relación con el Supremo te es relatada por Mí, porque tú eres Mi devoto así también como Mi amigo; por lo tanto puedes comprender el misterio trascendental de esta ciencia.” (Bg. 4.2–3)
En el Bhagavad-gītā se delinean varios sistemas de yoga–bhakti-yoga, karma-yoga, jñāna-yoga, haṭha-yoga–y por eso aquí se le llama yoga. La palabra yoga significa “vincularse,” y la idea es que en el yoga vinculamos nuestra conciencia con Dios. Es un medio para reunirnos con Dios o restablecer nuestra relación con Él. Con el curso del tiempo, este yoga impartido por Śrī Kṛṣṇa se perdió. ¿Por qué es esto? ¿Acaso no había sabios eruditos en la época en que Śrī Kṛṣṇa hablaba a Arjuna? No, había muchos sabios presentes en ese momento. Por “perdido” se quiere decir que se perdió el significado del Bhagavad-gītā. Los eruditos pueden dar su propia interpretación del Bhagavad-gītā, analizándola según sus propios caprichos, pero eso no es el Bhagavad-gītā. Este es el punto que Śrī Kṛṣṇa está enfatizando, y un estudiante del Bhagavad-gītā debe notarlo. Una persona puede ser muy buen erudito desde el punto de vista material, pero eso no lo cualifica para comentar el Bhagavad-gītā. Con el propósito de comprender el Bhagavad-gītā, debemos aceptar el principio de sucesión discipular (paramparā). Debemos entrar en el espíritu del Bhagavad-gītā y no acercarnos a él simplemente desde el punto de vista de la erudición.
De entre todas las personas, ¿por qué Śrī Kṛṣṇa escogió a Arjuna como receptor de este conocimiento? Arjuna no era en absoluto un gran erudito, ni era un yogī, meditador o un hombre santo. Era un guerrero a punto de entrar en batalla. Había muchos grandes sabios viviendo en esa época, y Śrī Kṛṣṇa pudo haber entregado el Bhagavad-gītā a ellos. La respuesta es que, a pesar de ser un hombre ordinario, Arjuna tenía una gran cualificación: bhakto ’si me sakhā ceti: “Tú eres Mi devoto y Mi amigo.” Esta era la cualificación excepcional de Arjuna, una cualificación que los sabios no tenían. Arjuna sabía que Kṛṣṇa era la Suprema Personalidad de Dios, y por lo tanto se entregó a Él, aceptándolo como su maestro espiritual. A menos que uno sea devoto de Śrī Kṛṣṇa, no es posible entender el Bhagavad-gītā. Si uno quiere entender el Bhagavad-gītā, no puede recurrir a otros métodos. Debe entenderlo tal como está prescrito en el Bhagavad-gītā mismo, comprendiéndolo como Arjuna lo comprendió. Si deseamos entender el Bhagavad-gītā de otra manera, o darle una interpretación individual, eso puede ser una exhibición de nuestra erudición, pero no es el Bhagavad-gītā.
A través de la erudición podemos ser capaces de fabricar alguna teoría sobre el Bhagavad-gītā, tal como lo hizo Mahātmā Gandhi cuando lo interpretó en un esfuerzo por apoyar su teoría de la no violencia. ¿Cómo es posible probar la no violencia a partir del Bhagavad-gītā? El mismo tema del Bhagavad-gītā involucra la renuencia de Arjuna a luchar y la persuasión de Kṛṣṇa para que él mate a sus oponentes. De hecho, Kṛṣṇa le dice a Arjuna que la batalla ya había sido decidida por el Supremo, que las personas reunidas en el campo de batalla estaban predestinadas a no regresar jamás. Era el plan de Kṛṣṇa que todos los guerreros estaban destinados a morir, y Kṛṣṇa le dio a Arjuna la oportunidad de tomar el crédito de conquistarlos. Si en el Bhagavad-gītā se proclama que la lucha es una necesidad, ¿cómo es posible probar la no violencia a partir de él? Tales interpretaciones son intentos de distorsionar el Bhagavad-gītā. Tan pronto como el Gītā se interpreta de acuerdo con el motivo de un individuo, se pierde su significado. Se afirma que no podemos alcanzar la conclusión de la literatura Védica por la fuerza de nuestra propia lógica o argumento. Hay muchas cosas que no entran en la jurisdicción de nuestro sentido lógico. En lo que respecta a las escrituras, encontramos diferentes escrituras que describen la Verdad Absoluta de distintas maneras. Si las analizamos a todas ellas, habrá desconcierto. También hay muchos filósofos con diferentes opiniones, y siempre se contradicen entre sí. Si la verdad no puede entenderse leyendo varias escrituras, mediante argumentos lógicos o teorías filosóficas, entonces ¿cómo puede alcanzarse? El hecho es que la sabiduría de la Verdad Absoluta es muy confidencial, pero si seguimos a las autoridades, puede comprenderse.
En India existen sucesiones discipulares que vienen de Rāmānujācārya, Madhvācārya, Nimbārka, Viṣṇusvāmī y otros grandes sabios. Las literaturas Védicas se entienden a través de los maestros espirituales superiores. Arjuna entendió el Bhagavad-gītā de Kṛṣṇa, y si deseamos entenderlo, tenemos que entenderlo de Arjuna, no de ninguna otra fuente. Si tenemos algún conocimiento del Bhagavad-gītā, tenemos que ver cómo concuerda con la comprensión de Arjuna. Si entendemos el Bhagavad-gītā de la misma manera que Arjuna, debemos saber que nuestra comprensión es correcta. Este debe ser el criterio para nuestro estudio del Bhagavad-gītā. Si en verdad queremos recibir beneficio del Bhagavad-gītā, debemos seguir este principio. El Bhagavad-gītā no es un libro ordinario de conocimiento que podamos comprar en el mercado, leer y simplemente consultar un diccionario para entenderlo. Esto no es posible. Si así fuera, Kṛṣṇa nunca le habría dicho a Arjuna que la ciencia se había perdido.
No es difícil entender la necesidad de pasar a través de la sucesión discipular para comprender el Bhagavad-gītā. Si deseamos ser abogados, ingenieros o médicos, tenemos que recibir conocimiento de abogados, ingenieros y médicos autorizados. Un nuevo abogado tiene que convertirse en aprendiz de un abogado experimentado, o un joven que estudia para ser médico tiene que convertirse en interno y trabajar con quienes ya son practicantes con licencia. Nuestro conocimiento de un tema no puede perfeccionarse a menos que lo recibamos a través de fuentes autorizadas.
Existen dos procesos para alcanzar el conocimiento–uno es el inductivo y el otro el deductivo. El método deductivo se considera que es más perfecto. Podemos tomar una premisa como, “Todos los hombres son mortales,” y nadie necesita discutir cómo es que el hombre es mortal. Generalmente se acepta que este es el caso. La conclusión deductiva sería: “El señor Johnson es un hombre; por lo tanto, el señor Johnson es mortal.” Pero ¿cómo se llega a la premisa de que todos los hombres son mortales? Los seguidores del método inductivo desean llegar a esta premisa mediante experimentos y observaciones. Así, podemos estudiar que este hombre murió, aquel hombre murió, etc., y después de ver que tantos hombres han muerto, podemos concluir o generalizar que todos los hombres son mortales, sin embargo, existe un defecto mayor en este método inductivo, y es que nuestra experiencia es limitada. Puede que nunca hayamos visto a un hombre que no sea mortal, pero estamos juzgando esto basándonos en nuestra experiencia personal, que es finita. Nuestros sentidos tienen poder limitado, y hay muchos defectos en nuestro estado condicionado. En consecuencia, el proceso inductivo no siempre es perfecto, mientras que el proceso deductivo proveniente de una fuente de conocimiento perfecto sí lo es. El proceso Védico es precisamente un proceso de este tipo.
Aunque la autoridad es reconocida, hay muchos pasajes en el Bhagavad-gītā que parecen dogmáticos. Por ejemplo, en el Séptimo Capítulo, Śrī Kṛṣṇa dice:
mattaḥ parataraṁ nānyat
kiñcid asti dhanañjaya
mayi sarvam idaṁ protaṁ
sūtre maṇi-gaṇā iva
“Oh conquistador de riquezas (Arjuna), no hay Verdad superior a Mí. Todo descansa en Mí, así como las perlas están ensartadas en un hilo.” (Bg. 7.7)
Śrī Kṛṣṇa está diciendo que no existe autoridad superior a Él, y esto puede parecer muy dogmático. Si yo dijera, “No hay nadie superior a mí,” la gente pensaría, “Oh, el Swāmījī es muy orgulloso.” Si un hombre condicionado por tantas imperfecciones dijera que es el más grande de todos, estaría blasfemando. Pero Kṛṣṇa puede decirlo, porque entendemos por las historias que incluso mientras estuvo en esta tierra fue considerado la personalidad más grande de Su tiempo. De hecho, fue el más grande en todos los campos de actividad.
Según el sistema Védico, el conocimiento que se recibe de la autoridad más grande debe considerarse perfecto. De acuerdo con los Vedas, existen tres clases de pruebas: pratyakṣa, anumāna y śabda. Una es mediante la percepción visual. Si una persona está sentada frente a mí, puedo verla sentada allí, y mi conocimiento de la persona sentada allí es recibido por medio de mis ojos. El segundo método, anumāna, es auricular: podemos escuchar a unos niños jugando afuera y, al oírlos, conjeturar que están allí. Y el tercer método es el método de aceptar las verdades provenientes de una autoridad superior. Tal dicho como “El hombre es mortal” se acepta de autoridades superiores. Todos lo aceptan, pero nadie ha tenido la experiencia de que todos los hombres sean mortales. Por tradición, debemos aceptarlo. Si alguien pregunta, “¿Quién descubrió esta verdad primero? ¿Tú la descubriste?” es muy difícil responder. Lo único que podemos decir es que el conocimiento se ha ido transmitiendo y que nosotros lo aceptamos. De los tres métodos para adquirir conocimiento, los Vedas afirman que el tercero, el de recibir conocimiento de autoridades superiores, es el más perfecto. La percepción directa siempre es imperfecta, especialmente en el estado condicionado de la vida. Por percepción directa podemos ver que el sol es como un disco, no mayor que el plato en el que comemos. Sin embargo, por parte de los científicos, comprendemos que el sol es muchas miles de veces más grande que la tierra. Entonces, ¿qué debemos aceptar? ¿La declaración, la de las autoridades, o nuestra propia experiencia? Aunque no podamos probar personalmente cuán grande es el sol, aceptamos el veredicto de los astrónomos. De este modo, aceptamos las afirmaciones de las autoridades en todos los campos de nuestra actividad. De los periódicos y la radio también entendemos que tales y tales acontecimientos están ocurriendo en China e India y en otros lugares alrededor de la tierra. No experimentamos directamente estos acontecimientos, y no sabemos si realmente están ocurriendo, pero aceptamos la autoridad de los periódicos y de la radio. No tenemos más opción que creer en las autoridades con el fin de obtener conocimiento. Y cuando la autoridad es perfecta, nuestro conocimiento es perfecto.
De acuerdo con las fuentes Védicas, de todas las autoridades Kṛṣṇa es la más grande y la más perfecta (mattaḥ parataraṁ nānyat kiñcid asti dhanañjaya). No solo Kṛṣṇa se proclama a Sí Mismo como la autoridad suprema, sino que esto también es aceptado por los grandes sabios y eruditos del Bhagavad-gītā. Si no aceptamos a Kṛṣṇa como autoridad ni tomamos Sus palabras tal como son, no podremos obtener ningún beneficio del Bhagavad-gītā. No se trata de dogmatismo, sino de un hecho. Si estudiamos cuidadosamente lo que Kṛṣṇa dice, veremos que es correcto. Incluso eruditos como Śaṅkarācārya, quien tienen opiniones diferentes a las de la Personalidad de Dios, admiten que Kṛṣṇa es svayaṁ bhagavān–Kṛṣṇa es el Señor Supremo.
El conocimiento Védico no es un descubrimiento reciente. Todo es conocimiento revelado antiguo. Kṛṣṇa se refiere a él como purātanaḥ, lo cual significa antiguo. Kṛṣṇa dice que millones de años antes Él habló este yoga al dios del sol, y no sabemos cuántos millones de años antes de eso lo habló a alguien más. Este conocimiento siempre se está repitiendo, del mismo modo que el verano, el otoño, el invierno y la primavera se repiten cada año. Nuestro acopio de conocimiento es muy pobre; ni siquiera conocemos la historia de este planeta más allá de 5,000 años, pero las literaturas Védicas nos ofrecen historias que se remontan a millones de años atrás. Solo porque no tengamos conocimiento de lo que sucedió hace 3,000 años en este planeta no podemos concluir que no existiera historia en aquel entonces. Por supuesto, alguien puede negar la validez histórica de Kṛṣṇa. Alguien puede decir que de acuerdo al Mahābhārata, Kṛṣṇa vivió hace 5,000 años, y que, siendo así, no es posible que haya hablado el Bhagavad-gītā al dios del sol hace muchos millones de años antes. Si yo dijera que di una conferencia en el sol hace millones de años al dios del sol, la gente diría, “El Swāmījī está hablando tonterías.” Pero este no es el caso con Kṛṣṇa, porque Él es la Suprema Personalidad de Dios. Ya sea que creamos o no que Kṛṣṇa habló el Bhagavad-gītā al dios del sol, este hecho está siendo aceptado por Arjuna. Arjuna aceptó a Kṛṣṇa como el Señor Supremo, y por lo tanto sabía que era perfectamente posible que Kṛṣṇa hubiera hablado a alguien millones de años antes. Aunque Arjuna acepta personalmente las declaraciones de Śrī Kṛṣṇa, con el fin de aclararles la situación a las personas que vendrían después de él, pregunta:
aparaṁ bhavato janma
paraṁ janma vivasvataḥ
katham etad vijānīyāṁ
tvam ādau proktavān iti
“El dios del sol Vivasvān es mayor que Tú por nacimiento. ¿Cómo puedo entender que al principio Tú le instruiste esta ciencia?” (Bg. 4.4)
En realidad, esta es una pregunta muy inteligente, y Kṛṣṇa la responde de la siguiente manera:
bahūni me vyatītāni
janmāni tava cārjuna
tāny ahaṁ veda sarvāṇi
na tvaṁ vettha parantapa
“Muchos, muchos nacimientos tanto tú como yo hemos pasado. Yo puedo recordarlos todos, pero tú no puedes, Oh subyugador del enemigo” (Bg. 4.5)
Aunque Kṛṣṇa es Dios, Él se encarna muchas, muchas veces. Arjuna, siendo una entidad viviente, también toma su nacimiento muchas, muchas veces. La diferencia entre la Suprema Personalidad de Dios y una entidad viviente es, tāny ahaṁ veda sarvāṇi: Kṛṣṇa recuerda los eventos de Sus encarnaciones pasadas, mientras que la entidad viviente no puede recordar. Esa es una de las diferencias entre Dios y el hombre. Dios es eterno, y nosotros también somos eternos, pero la diferencia es que siempre estamos cambiando de cuerpos. A la muerte olvidamos los eventos de nuestra vida; la muerte significa olvido, eso es todo. Por la noche, cuando vamos a dormir, olvidamos que somos el esposo de tal y tal esposa y el padre de tales y tales hijos. Nos olvidamos a nosotros mismos en el sueño, pero cuando despertamos, recordamos, “Oh, soy tal y tal, y debo hacer tal y tal cosa.” Es un hecho que en nuestras vidas anteriores tuvimos otros cuerpos con otras familias, padres, madres, y así sucesivamente en otros países, pero hemos olvidado todo esto. Podríamos haber sido perros, gatos, hombres o dioses–lo que sea que fuimos, ahora lo hemos olvidado.
A pesar de todos estos cambios, como entidades vivientes, somos eternos. Así como en vidas anteriores nos hemos preparado para este cuerpo, en esta vida nos estamos preparando para otro cuerpo. Recibimos nuestros cuerpos de acuerdo con nuestro karma, o actividades. Aquellos que están en la modalidad de la bondad son promovidos a planetas superiores, en un estatus de vida más elevado (Bg. 14.14). Aquellos que mueren en la modalidad de la pasión permanecen en la tierra, y los que mueren en la modalidad de la ignorancia pueden caer en las especies animales de vida o ser transferidos a un planeta inferior (Bg. 14.15). Este es el proceso que ha estado ocurriendo, pero lo olvidamos.
En una ocasión, Indra, el rey del cielo, cometió una ofensa a los pies de su maestro espiritual, y su maestro espiritual lo maldijo a nacer como un cerdo. Así, el trono del reino celestial quedó vacío mientras Indra iba a la tierra para convertirse en un cerdo. Viendo la situación, Brahmā vino a la tierra y se dirigió al cerdo: “Mi querido señor, te has convertido en un cerdo en este planeta tierra. He venido a liberarte. Ven conmigo de inmediato.” Pero el cerdo respondió: “Oh, no puedo ir contigo. Tengo tantas responsabilidades–mis hijos, mi esposa y esta agradable sociedad de cerdos.” Aun cuando Brahmā prometió llevarlo de vuelta al cielo, Indra, en forma de cerdo, se negó. Esto se llama olvido. De manera similar, el Señor Śrī Kṛṣṇa viene y nos dice, “¿Qué estás haciendo en este mundo material? Sarva-dharmān parityajya mām ekaṁ śaraṇaṁ vraja. Ven a Mí, y te daré toda protección.” Pero decimos, “No te creo, señor. Tengo asuntos más importantes aquí.” Esta es la posición del alma condicionada–olvido. Este olvido se disipa rápidamente siguiendo el sendero de la sucesión discipular.