Capítulo 3
Aprendiendo a Amar
La contaminación de la actividad pecaminosa requiere una expiación proporcionada. Esa es la prescripción de las escrituras. Śukadeva Gosvāmī dice que si uno acepta la expiación antes de la muerte, en su próxima vida no caerá. Si no hace expiación, llevará consigo las reacciones resultantes de sus actividades pecaminosas y tendrá que sufrir. De acuerdo a la ley, si un hombre mata a alguien, él mismo debe ser asesinado. La idea de una vida por otra no es un concepto muy nuevo, sino que se puede encontrar en el Manu-saṁhitā, el libro de leyes Védicas para la humanidad, donde se establece que cuando un rey cuelga al asesino, el asesino en realidad se beneficia, porque si no es asesinado, llevará la reacción por su asesinato y tendrá que sufrir de muchísimas maneras.
Las leyes de la naturaleza son muy sutiles y se administran con mucha diligencia, aunque la gente no lo sepa. En el Manu-saṁhitā se sanciona el concepto de una vida por otra, y en realidad se observa en todo el mundo. De manera similar, hay otras leyes que establecen que uno no puede ni siquiera matar a una hormiga sin ser responsable. Dado que no podemos crear, no tenemos el derecho de matar a ninguna entidad viviente y, por lo tanto, las leyes hechas por el hombre que distinguen entre matar a un hombre y matar a un animal son imperfectas. Aunque hay imperfecciones en las leyes hechas por el hombre, no puede haber defectos en las leyes de Dios. De acuerdo a las leyes de Dios, matar a un animal es tan punible como matar a un hombre. Aquellos que hacen distinciones entre los dos están inventando sus propias leyes. Incluso en los Diez Mandamientos se prescribe, “No matarás.” Esta es una ley perfecta, pero al discriminar y especular los hombres la deforman. “No mataré al hombre, pero mataré a los animales.” De esta manera, las personas se engañan a sí mismas y se infligen sufrimiento a sí mismas y a los demás. En cualquier caso, sin embargo, las leyes de Dios no excusarán tal comportamiento.
Todos son criaturas de Dios, aunque con diferentes cuerpos o vestidos. Dios es considerado el único padre supremo. Un padre puede tener muchos hijos, y algunos pueden ser inteligentes y otros no muy inteligentes, pero si un hijo inteligente le dice a su padre, “Mi hermano no es muy inteligente; déjame matarlo,” ¿estará de acuerdo el padre? Simplemente porque un hijo no es muy inteligente y el otro desea matarlo para evitar la carga, el padre nunca estará de acuerdo. De manera similar, si Dios es el padre supremo, ¿por qué debería sancionar la matanza de animales que también son Sus hijos? En el Bhagavad-gītā, Dios le declara a Arjuna que todas las 8, 400, 000 especies de entidades vivientes son Sus hijos. “Y Yo soy su padre que da la semilla,” dice el Señor. Así como en la procreación material ordinaria, el padre da la semilla y la madre desarrolla el cuerpo suministrando la sangre necesaria al embrión, de manera similar, las entidades vivientes, partes y porciones del padre supremo, son fecundadas por el Señor en la naturaleza material.
La dimensión del alma espiritual es muy pequeña y se da en las escrituras como keśāgra–una diezmilésima parte de la punta de un cabello. Difícilmente podemos imaginar un punto muy pequeño dividido en miles de partes. En otras palabras, es tan diminuta que no puede ser percibida ni siquiera por el microscopio más poderoso. Así, la dimensión de la chispa espiritual es tan diminuta que es invisible a la visión mundana. Toda esta información se da en las escrituras, pero debido a que no tenemos la visión adecuada, no podemos ver. Aunque nuestros ojos materiales no pueden percibir la dimensión del alma, el alma está, sin embargo, dentro del cuerpo, y tan pronto como se va, toma otro cuerpo según su trabajo.
Uno siempre debe considerar que detrás de todas estas actividades se encuentra una superintendencia superior. La entidad viviente trabaja en el mundo material tal como el oficinista trabaja en su trabajo, y se lleva un registro de servicio de su desempeño. La entidad viviente no sabe cuál es la opinión de su superior, pero su registro de servicio se mantiene en la oficina, no obstante, y de acuerdo con sus actividades se le concede un ascenso o un incremento de sueldo, o a veces puede ser degradado o incluso despedido. De manera similar, para todas nuestras actividades hay testigos; por lo tanto, se dice en las escrituras que las entidades vivientes están bajo una supervisión superior y que son recompensadas y castigadas de acuerdo con su trabajo. Ahora tenemos cuerpos humanos, pero en la próxima vida puede que no los tengamos; podemos tener algo más, mejor o más bajo. El tipo de cuerpo lo deciden los superiores de la entidad viviente. Generalmente, la entidad viviente no conoce la ciencia de como el alma espiritual transmigra de un cuerpo a otro.
El alma espiritual transmigra incluso en la duración de una vida a medida que el cuerpo cambia. Cuando el cuerpo se manifiesta por primera vez en el útero de la madre, es muy pequeño, como un guisante, y gradualmente desarrolla nueve agujeros–dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales, una boca, un órgano genital y un recto. De esta manera el cuerpo se desarrolla, y mientras necesita desarrollarse dentro del vientre de la madre, permanece allí. Cuando está lo suficientemente desarrollado para salir al exterior, sale y crece. El crecimiento implica el cambio del cuerpo. Este cambio no puede entenderse porque es imperceptible para la entidad viviente. En la niñez teníamos cuerpos pequeños que ahora ya no existen; por lo tanto, se puede decir que hemos cambiado nuestros cuerpos. De manera similar, debido a la naturaleza de las cosas materiales, tenemos que cambiar este cuerpo cuando deja de funcionar. Todo lo material se deteriora, y como una máquina descompuesta o un trapo viejo, el cuerpo se vuelve inútil después de cierto tiempo.
Si bien este proceso de crecimiento siempre está ocurriendo, el sistema educativo en las universidades modernas, aunque se considera avanzado, desafortunadamente no se ocupa de esto. En realidad no hay educación sin conocimiento espiritual. Uno puede aprender a ganarse el pan, comer, dormir y aparearse sin una educación formal. Los animales no se educan–no son técnicos, y no tienen títulos universitarios–pero también comen, duermen, se aparean y se defienden. Si el sistema educativo simplemente enseña estos procesos, no merece el nombre de educación. La verdadera educación nos permite comprender lo que somos. Mientras el hombre no desarrolle su conciencia mediante la comprensión de la verdad del ser, todas sus acciones se realizarán en la modalidad de la ignorancia. Una vida humana está destinada a la victoria sobre las leyes de la naturaleza material. En realidad, todos estamos tratando de alcanzar esa victoria para contrarrestar la embestida de la naturaleza material. La victoria final es conquistar el nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez, pero hemos descuidado este importante punto.
Si el sistema educativo se ocupara de la adecuada utilización de lo que Dios está supliendo, mejoraría. Todas las frutas y granos que comemos son dados por Dios, quien suministra alimento a todas las entidades vivientes. En el Śrīmad-Bhāgavatam se declara, jīvo jīvasya jīvanam: “Una entidad viviente es alimento para otra.” (Bhāg 1.13.47) Los animales sin manos son comida para los animales con manos, como nosotros. Los animales sin patas son comida para animales con cuatro patas. La hierba es una entidad viviente, pero no tiene patas con las que moverse, por lo que las vacas y otros animales la comen. Tales entidades inmóviles son alimento para los animales en movimiento, y de esta manera el mundo está en una lucha constante entre explotadores y explotados. El más débil es explotado por el más fuerte; esta es la ley de la naturaleza. Tradicionalmente, los Vaiṣṇavas, o devotos de Kṛṣṇa, no comen carne. Esto no es solo por el motivo del vegetarianismo, sino por el fomento de la conciencia de Dios. Para volverse consciente de Dios, uno debe seguir algunas reglas y regulaciones. Por supuesto, uno tiene que comer, pero la propuesta es que uno debe comer los remanentes de los alimentos que se ofrecen a Kṛṣṇa. Esta es también la filosofía del Bhagavad-gītā, en la que Kṛṣṇa dice:
patraṁ puṣpaṁ phalaṁ toyaṁ
yo me bhaktyā prayacchati
tad ahaṁ bhakty-upahṛtam
aśnāmi prayatātmanaḥ
“Si uno Me ofrece con amor y devoción una hoja, una flor, una fruta o agua, Yo lo acepto.” (Bg. 9.26)
No es que Kṛṣṇa esté hambriento y nos esté mendigando comida. El propósito de esta ofrenda es crear una transacción amorosa. Kṛṣṇa quiere esta transacción, “Tú Me amas y Yo te amaré.” Como Dios, la energía de Kṛṣṇa crea y sostiene todo, entonces, ¿por qué debería mendigarnos una hoja, una fruta y un poco de agua? Sin embargo, Él estará muy complacido si le ofrecemos un pedazo de fruta, una hoja y agua con amor, diciendo, “Kṛṣṇa, soy tan pobre que no puedo conseguir nada. He conseguido esta fruta y una hoja. Bondadosamente acéptalas.” Tal ofrenda alegraría mucho a Kṛṣṇa. Si Él come lo que le ofrecemos, nuestra vida será exitosa, porque realmente nos haremos amigos de Kṛṣṇa. Las frutas, las flores y el agua pueden obtenerse prácticamente en cualquier parte del mundo por cualquier hombre, pobre o rico, y pueden ofrecerse. Debemos recordar entonces que no es el vegetarianismo lo importante, ni es que Dios tenga necesidad de algo. El punto importante es que simplemente tenemos que intentar aprender a amar a Kṛṣṇa.
El amor comienza con este dar y tomar. Damos algo a nuestro amado, él nos da algo, y de esta forma se desarrolla el amor. Cuando creamos cualquier transacción amorosa con cualquier muchacho o muchacha, hombre o mujer, damos y tomamos. Así, Kṛṣṇa nos está enseñando como dar y recibir. Kṛṣṇa nos está rogando, “Trata de amarme. Aprende a amarme. Ofréceme algo.”
“Señor,” podemos decir, “no tengo nada que darte.”
“Oh, ¿no puedes colectar un pedazo de fruta, una flor, una hoja o un poco de agua?”
“Oh, sí, ¿por qué no? Cualquiera puede colectar esto.”
Este, es entonces, el método de conciencia de Kṛṣṇa que le permite a uno entablar una amistad con Kṛṣṇa. Podemos entrar en cualquier número de relaciones con Kṛṣṇa. Podemos convertirnos en un sirviente directo de Kṛṣṇa, o en las etapas más elevadas podemos convertirnos en el padre, la madre o el amante de Kṛṣṇa. Kṛṣṇa está preparado para establecer una relación amorosa con todas las entidades vivientes. En realidad, esta relación ya existe porque Él es el padre supremo y nosotros somos sus partes y porciones. Como el hijo es parte del cuerpo del padre, la relación entre ellos no puede romperse; puede ser olvidada por algún tiempo, pero tan pronto como uno reconoce a su padre o a su hijo, inmediatamente se desarrolla el afecto. De manera similar, estamos eternamente relacionados con Kṛṣṇa, pero en el momento presente esta relación simplemente está olvidada o reprimida. En consecuencia, pensamos que no tenemos ninguna relación con Kṛṣṇa, pero esto no es un hecho. Porque somos integrales con Él, porque somos partes y porciones de Él, nuestra relación con Él es eterna. Esa relación simplemente tiene que revivirse, y ese reavivamiento es este proceso de conciencia de Kṛṣṇa.
En la actualidad estamos bajo la influencia de una conciencia diferente. Una persona está pensado que es Indio, otra está pensando que es Americano y alguien más está pensando, “Yo soy esto” o “Yo soy aquello.” De esta manera, creamos tantas identidades artificiales, pero nuestra identidad real debería ser, “Yo soy de Kṛṣṇa.” Cuando pensamos de esta manera, estamos pensando con conciencia de Kṛṣṇa. Solo de esta manera se puede establecer el amor universal entre todas las entidades vivientes. Kṛṣṇa está relacionado con todos como padre eterno y, en consecuencia, cuando establecemos una relación consciente de Kṛṣṇa, nos relacionamos con todos. Cuando uno se casa, automáticamente establece una relación con la familia del cónyuge. De manera similar, si restablecemos nuestra relación original con Kṛṣṇa, estableceremos nuestra verdadera relación con todos los demás. Ese es el fundamento del verdadero amor universal. El amor universal es artificial y no puede perdurar a menos que establezcamos nuestra relación con el centro. Uno es Americano si nace en América y, en consecuencia, otros Americanos se convierten en miembros de su familia, pero si nace en otro lugar, no tiene relación con los Americanos. En la plataforma mundana todas las relaciones son relativas. Nuestra relación con Kṛṣṇa, sin embargo, es eterna y no está sujeta al tiempo ni a las circunstancias. Cuando restablezcamos nuestra relación con Kṛṣṇa, las preguntas sobre la fraternidad universal, la justicia, la paz y la prosperidad serán contestadas. No hay posibilidad de realizar estos ideales superiores sin Kṛṣṇa. Si falta el punto central, ¿cómo puede haber fraternidad y paz?
En el Bhagavad-gītā se da claramente la fórmula de la paz. Tenemos que entender que Kṛṣṇa es el único disfrutador. La conciencia de esto se desarrolla en un templo consciente de Kṛṣṇa donde el punto central de todas las actividades es Kṛṣṇa. Toda la cocina se lleva a cabo para Kṛṣṇa, no para los propios fines. Finalmente comeremos el prasādam (alimento ofrecido), pero cuando cocinamos debemos pensar que estamos cocinando para Kṛṣṇa y no para nosotros mismos. Cuando los miembros de un templo salen a la calle, no lo hacen por su propio bien, sino para distribuir literaturas sobre la conciencia de Kṛṣṇa a fin de hacer a las personas conscientes de la presencia de Kṛṣṇa. Todo el dinero adquirido es gastado para Kṛṣṇa, en difundir Su mensaje de muchísimas maneras. Ese estilo de vida, en el que todo se hace por Kṛṣṇa, promueve el desarrollo de la conciencia de Kṛṣṇa dentro de la entidad viviente. Nuestras actividades pueden seguir siendo las mismas; simplemente tenemos que entender que estamos actuando para Kṛṣṇa y no para nuestra satisfacción personal. De esta manera podemos llegar a nuestra conciencia original y ser felices. A menos que uno esté establecido en su conciencia original, la cual es conciencia de Kṛṣṇa, seguro que está loco hasta cierto punto. Todo aquel que no es consciente de Kṛṣṇa debe ser considerado loco porque existe en una plataforma que es temporal y transitoria. Dado que nosotros, como entidades vivientes, somos eternos, las actividades temporales no son de nuestra incumbencia. Nuestras ocupaciones deben ser eternas porque nosotros somos eternos, y esa ocupación eterna es la prestación de servicio a Kṛṣṇa con amor.
Kṛṣṇa es el eterno supremo, y nosotros somos eternos subordinados. Kṛṣṇa es la entidad viviente suprema, y nosotros somos entidades vivientes subordinadas. El dedo es parte y porción del cuerpo total, y su función eterna es servir al cuerpo. De hecho, ese es el verdadero propósito del dedo, y si no puede servir a todo el cuerpo, está enfermo o es inútil. De manera similar, como parte y porción, tenemos que servir a Kṛṣṇa y estar subordinados a Él, porque como padre supremo, Él suple todas nuestras necesidades. Tal vida de subordinación a Kṛṣṇa es una vida normal y es una vida de verdadera liberación. Aquellos que tratan de negar a Kṛṣṇa y viven fuera de toda relación con Él, en realidad están llevando una vida pecaminosa.
Śukadeva Gosvāmī y Mahārāja Parīkṣit discutieron este tema, y Parīkṣit Mahārāja estaba ansioso por saber cómo se podía salvar a las almas condicionadas de sus vidas infernales. Es el deseo natural de un Vaiṣṇava salvar a la humanidad sufriente. Por lo general, a los demás no les importa si la gente sufre o no, pero un Vaiṣṇava, un devoto del Señor, siempre está pensando en cómo mitigar la condición caída de la gente. Los Cristianos creen que a través de Su crucifixión, el Señor Jesucristo asimiló todas las actividades pecaminosas de la gente del mundo. Un devoto del Señor siempre está pensando en como asimilar los sufrimientos de los demás. Un devoto similar fue Vāsudeva Datta, quien era un asociado del Señor Caitanya. Él le dijo al Señor, “Ahora que has venido, ten la bondad de liberar a todas las personas de esta tierra y llevarlas a Vaikuṇṭha, el mundo espiritual. Y si crees que son tan pecaminosas que no pueden ser liberadas, por favor transfiéreme todos sus pecados. Yo sufriré por ellas.” Esta es la misericordia de un Vaiṣṇava. Sin embargo, no es que Jesucristo o Vāsudeva Datta deban hacer un contrato por nuestros pecados y que debamos seguir cometiéndolos, porque esta es una propuesta muy atroz. Un Vaiṣṇava o devoto puede sufrir por toda la humanidad, pero la raza humana o los discípulos de un devoto en particular no deben aprovecharse de esta facilidad y continuar cometiendo pecados. Más bien, uno debe darse cuenta de que, dado que el Señor Jesucristo o Vāsudeva Datta sufrieron por él, debe parar de cometer pecados.
De hecho, cada uno es responsable de sus propias actividades pecaminosas. Por lo tanto, Śukadeva Gosvāmī recomienda, tasmāt puraivāśv iha pāpa-niṣkṛtau: Para liberarse de todas las reacciones de las actividades pecaminosas, mientras uno esté encarnado, se debe expiar. Yateta mṛtyor avipadyatātmanā doṣasya dṛṣṭvā guru-lāghavaṁ yathā bhiṣak cikitseta rujāṁ nidāna-vit. De acuerdo con las actividades pecaminosas de uno, se debe aceptar un programa de expiación. Como se mencionó antes, hay diferentes expiaciones para diferentes actividades pecaminosas. En cualquier caso, antes de la muerte, uno debe realizar expiación para que así no lleve actividades pecaminosas a su próxima vida y tenga que sufrir entonces. Si no se realiza alguna expiación por nuestras actividades pecaminosas, la naturaleza no nos excusará. Tendremos que sufrir los efectos de nuestros pecados en la próxima vida. Tal cautiverio a las actividades materiales de uno se llama karma-bandhanaḥ.
yajñārthāt karmaṇo ‘nyatra
loko ‘yaṁ karma-bandhanaḥ
tad-arthaṁ karma kaunteya
mukta-saṅgaḥ samācara
“El trabajo realizado como sacrificio a Viṣṇu debe realizarse, de lo contrario, el trabajo lo ata a uno a este mundo material. Por lo tanto, Oh hijo de Kuntī, realiza tus deberes prescritos para Su satisfacción, y de esa manera permanecerás siempre desapegado y libre de cautiverio.” (Bg. 3.9)
Uno puede matar a un animal para disfrutar comiéndolo, sin embargo, estará atado por tal acción. Así, en su próxima vida aquel se convertirá en una vaca o una cabra, y la vaca o la cabra se convertirán en un hombre y se lo comerán. Esta es la declaración Védica, y como con todas las declaraciones Védicas, uno puede creerlo o no. Desafortunadamente, en la actualidad las personas son educadas de tal manera que no creen en la próxima vida. De hecho, parece que cuanto más “educado” se vuelve uno, menos cree en Dios, en la ley de Dios, en la próxima vida y en las actividades pecaminosas y piadosas. Así, la educación moderna está simplemente preparando a los hombres para que se conviertan en animales. Si no hay educación para enseñar a un ser humano lo qué es y si es o no este cuerpo, sigue siendo no mejor que un asno. Un asno también piensa, “Yo soy este cuerpo,” al igual que otros animales. Entonces, si un hombre piensa de la misma manera, ¿en qué se diferencia de cualquier otro animal? El Śrīmad-Bhāgavatam declara:
yasyātma-buddhiḥ kuṇape tri-dhātuke
sva-dhīḥ kalatrādiṣu bhauma ijya-dhīḥ
yat tīrtha-buddhiḥ salile na karhicij
janeṣv abhijñeṣu sa eva gokharaḥ
“Para quien acepta el cuerpo–que está hecho de tres elementos–como su yo, quien tiene una afinidad por las relaciones corporales íntimas con su esposa e hijos, quien considera que su tierra es digna de adoración y quien acepta las aguas de los lugares santos de peregrinaje pero no aprovecha el conocimiento de las personas santas allí, se debe considerar que está en ilusión y no es mejor que un asno o una vaca.” (Bhāg 10.84.13) De acuerdo al Āyur Veda, el cuerpo material se compone de tres elementos, kapha-pitta-vātaiḥ–moco, bilis y aire. Dentro del cuerpo hay una compleja maquinaria que transforma la comida en líquido. Hay tantísimos procesos corporales complicados en marcha, pero ¿qué sabemos de ellos? Decimos, “Este es mi cuerpo,” pero ¿qué sabemos acerca de este cuerpo? Algunas personas incluso afirman: “Yo soy Dios,” pero ni siquiera saben lo que sucede dentro de sus propios cuerpos.
El cuerpo es una bolsa de heces, orina, sangre y huesos. Si uno cree que de las heces, la orina, la sangre y los huesos surge la inteligencia, es un tonto. ¿Podemos crear inteligencia mezclando heces, orina, huesos y sangre? No obstante, la gente todavía piensa, “Yo soy este cuerpo.” Por lo tanto, las escrituras dicen que cualquiera que acepte este cuerpo como el yo y acepte las relaciones corporales de esposa, hijos y familia como propias, está ilusionado. La palabra kalatra significa esposa y ādi significa comienzo. Porque un hombre se siente solo, acepta una esposa, e inmediatamente hay hijos y luego nietos. De esta manera hay expansión. Strī significa “aquello que se expande”, así que kalatrādiṣu significa “expansiones del yo,” comenzando por la esposa. La palabra bhauma se refiere a la tierra de nacimiento de uno, que los ignorantes consideran digna de adoración (ijyadhīḥ). Las personas están dispuestas a dar su vida por la tierra donde nacieron, pero no saben que la tierra, el cuerpo, la esposa, los hijos, el país y la sociedad realmente no tienen nada que ver con ellos. Somos alma espiritual (ahaṁ brahmāsmi). Esto es realización del conocimiento, y cuando llegamos a este punto del conocimiento, nos volvemos felices.
brahma-bhūtaḥ prasannātmā
na śocati na kāṅkṣati
samaḥ sarveṣu bhūteṣu
mad-bhaktiṁ labhate parām
“Aquel que está situado trascendentalmente realiza de inmediato al Brahman Supremo. Nunca se lamenta ni desea nada. Está dispuesto por igual para con todas las entidades vivientes, y en ese estado logra el servicio devocional puro hacia Mí.” (Bg. 18.54) Uno inmediatamente se vuelve alegre (prasannātmā) cuando llega a comprender “Soy un alma espiritual. Soy Brahman. No soy esta materia.” La señal de esta alegría es que uno ya no siente anhelo ni lamentación. Dentro de este mundo todos están sujetos a la lamentación por lo que se pierde y anhelan lo que se debe ganar, sin embargo, la verdadera ganancia es comprenderse a uno mismo y conocer la propia identidad de uno.
Mientras mantengamos la concepción corporal de la vida, tenemos que acatar las leyes de la naturaleza material, así como las leyes del estado y todas las demás leyes. Así, este cuerpo se llama condicional, porque está sujeto a diferentes condiciones. Hay una variedad de condiciones, e independientemente de la condición a la que estemos sujetos, somos responsables. Si no expiamos las actividades pecaminosas cometidas mientras estamos en este cuerpo, tendremos que sufrir en el próximo cuerpo porque obtendremos otro cuerpo de acuerdo con el karma (yaṁ yaṁ vāpi smaran bhāvaṁ tyajaty ante kalevaram). Esa es la ley de la naturaleza. Śukadeva Gosvāmī, por lo tanto, recomienda que uno se someta a la expiación de acuerdo con la gravedad de sus actividades pecaminosas. Uno debe seguir los métodos de expiación prescritos en los śāstras, de lo contrario no hay salvación.
Parīkṣit Mahārāja, quien era muy inteligente, dijo, “Por medio de la expiación, uno puede liberarse de la actividad pecaminosa, pero supongamos que un hombre ha cometido un asesinato y luego lo matan–la reacción pecaminosa de su asesinato se neutraliza, pero no se garantiza que en su próxima vida no matará a otro hombre.” Por eso, Parīkṣit Mahārāja señaló que después de la expiación, la gente vuelve a cometer los mismos pecados. Si un hombre está enfermo, el médico puede darle medicina y curarlo, pero eso no garantiza que no vuelva a ser atacado por la misma enfermedad. Las enfermedades venéreas a menudo se contraen una y otra vez, a pesar de las curas, y un ladrón puede robar una y otra vez, a pesar de haber sido encarcelado repetidamente. ¿Por qué es esto? Por lo tanto, Parīkṣit Mahārāja señaló que, aunque la expiación puede ser buena para contrarrestar las actividades pecaminosas ya cometidas, no impide que esos pecados se vuelvan a cometer. Todos pueden ver que un hombre que comete un asesinato es castigado, pero ver esto no es suficiente para disuadir a uno de matar. En todas las escrituras y en todos los libros de leyes se advierte al hombre que no mate, aun así, nadie se preocupa por estas leyes. ¿Cuál es el remedio para esto? Dṛṣṭa-śrutābhyāṁ yat pāpaṁ. Por experiencia práctica y por escuchar a las autoridades, todos saben qué es la actividad pecaminosa, y nadie puede decir, “No sé qué es el pecado.” ¿Cuál es el valor de la expiación si uno comete el mismo pecado una y otra vez después de la expiación? Kvacin nivartate ‘bhadrāt kvacic carati tat punaḥ prāyaścittam ato ‘pārthaṁ manye kuñjara-śaucavat (Bhāg 6.1.10). Cuando uno está siendo castigado, piensa, “¡Qué error he cometido! No volveré a cometer este pecado.” Pero tan pronto como está fuera de peligro, vuelve a cometer el mismo pecado.
El hábito es una segunda naturaleza; es muy difícil de romper. Śvā yadi kriyate rājā/ tat kiṁ nāśnāty upānaham (Hitopadeśa): Uno puede sentar a un perro en un trono real, pero tan pronto como vea un zapato, inmediatamente saltará y correrá tras él simplemente porque es un perro. Las cualidades caninas están ahí y no se pueden cambiar simplemente poniendo al perro en un trono. De manera similar, nosotros hemos adquirido cualidades materiales al asociarnos con las tres modalidades de la naturaleza material—sattva guṇa, rajo guṇa y tamo guṇa—y nuestros hábitos se forman por la asociación con estas tres cualidades, que son las cualidades de la bondad, la pasión y la ignorancia. Sin embargo, si nos desasociamos de las tres modalidades de la naturaleza material, se invoca nuestra verdadera naturaleza espiritual. Ese es el proceso de la conciencia de Kṛṣṇa. Si uno es consciente de Kṛṣṇa, no hay ninguna posibilidad de que se asocie con las tres modalidades de la naturaleza material, y cuando uno es consciente de Kṛṣṇa, se invoca automáticamente la propia naturaleza espiritual de uno. Ese es el secreto. Aquellos que siguen seriamente el proceso de conciencia de Kṛṣṇa, a pesar de que previamente hayan estado habituados a muchas cosas indeseables, son capaces de permanecer en una plataforma donde no hay contaminación material, simplemente en virtud de practicar la conciencia de Kṛṣṇa.
Por lo tanto, la conciencia de Kṛṣṇa es una excelente medicina. A menos que uno llegue a conciencia de Kṛṣṇa, los hábitos que forma en asociación con las tres modalidades de la naturaleza material continuarán y no podrá cambiarlos. Si uno realmente quiere liberación de la repetición del nacimiento y la muerte, debe volverse consciente de Kṛṣṇa. En el Bhagavad-gītā, el Señor Kṛṣṇa dice:
māṁ ca yo vyabhicāreṇa
bhakti-yogena sevate
sa guṇān samatītyaitān
brahma-bhūyāya kalpate
“Aquel que se ocupa en pleno servicio devocional, que no cae bajo ninguna circunstancia, trasciende de inmediato las modalidades de la naturaleza material y llega así al plano del Brahman.” (Bg. 14.26)
El proceso de conciencia de Kṛṣṇa no recomienda esta o aquella expiación. Uno puede seguir experimentando mediante la expiación, pero las enfermedades del alma permanecerán a menos que uno llegue a la plataforma de prestar servicio devocional con amor y purificar su vida.