Capítulo 20: Por qué Duryodhana se Sintió Insultado al Final del Sacrificio Rājasūya

Capítulo 20

Por qué Duryodhana se Sintió Insultado al Final del Sacrificio Rājasūya

El Rey Yudhiṣṭhira era conocido como ajātaśatru, o una persona que no tiene enemigos. Por lo tanto, cuando todos los hombres, todos los semidioses, todos los reyes, sabios y santos vieron la exitosa culminación del yajña Rājasūya realizado por el Rey Yudhiṣṭhira, se pusieron muy felices. Que solamente Duryodhana no estuviera feliz resultaba asombroso para Mahārāja Parīkṣit, y por ello pidió a Śukadeva Gosvāmī que lo explicara.

Śukadeva Gosvāmī dijo, “Mi querido Rey Parīkṣit, tu abuelo, el Rey Yudhiṣṭhira, era una gran alma. Su disposición afable atraía a todos como amigos suyos y, por ello, era conocido como ajātaśatru, aquel que nunca creaba un enemigo. Ocupó a todos los miembros de la dinastía Kuru en hacerse cargo de diferentes departamentos para la administración del sacrificio Rājasūya. Por ejemplo, Bhīmasena quedó a cargo del departamento de cocina, Duryodhana a cargo del departamento de tesorería, Sahadeva a cargo del departamento de recepción, Nakula a cargo del departamento de almacenes, y Arjuna fue ocupado en cuidar de la comodidad de las personas mayores. La característica más asombrosa era que Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, se encargó de lavar los pies de todos los invitados que llegaban. La Reina, la diosa de la fortuna Draupadī, estaba a cargo de administrar la distribución de los alimentos, y como Karṇa era famoso por dar caridad, quedó a cargo del departamento de caridad. De esta manera, Sātyaki, Vikarṇa, Hārdikya, Vidura, Bhūriśravā y Santardana, el hijo de Bāhlīka, estuvieron todos ocupados en diferentes departamentos para administrar los asuntos del sacrificio Rājasūya. Todos estaban tan unidos al Rey Yudhiṣṭhira por un afecto amoroso que simplemente deseaban complacerlo.”

Después de que Śiśupāla murió por la misericordia del Señor Kṛṣṇa y se fundió en la existencia espiritual, y después del final del yajña Rājasūya, cuando todos los amigos, invitados y bienquerientes habían sido honrados y recompensados suficientemente, el Rey Yudhiṣṭhira fue a bañarse en el Ganges. La ciudad de Hastināpura se encuentra actualmente a orillas del Yamunā, y la afirmación del Śrīmad-Bhāgavatam de que el Rey Yudhiṣṭhira fue a bañarse en el Ganges indica, por lo tanto, que durante la época de los Pāṇḍavas, el Río Yamunā también era conocido como el Ganges. Mientras el Rey tomaba el baño avabhṛtha, vibraban diferentes instrumentos musicales, como mṛdaṅgas, caracolas, tambores, timbales y clarines. Además, tintineaban las campanitas tobilleras de las bailarinas. Muchos grupos de cantantes profesionales tocaban vīṇās, flautas, gongs y címbalos, y así un sonido tumultuoso vibraba en el cielo. Los invitados principescos de muchos reinos, como Sṛñjaya, Kāmboja, Kuru, Kekaya y Kośala, estaban presentes con sus diferentes banderas y elefantes, cuadrigas, caballos y soldados magníficamente decorados. Todos avanzaban en procesión, y el Rey Yudhiṣṭhira iba al frente. Los miembros ejecutivos, como los sacerdotes, los ministros religiosos y los brāhmaṇas, estaban realizando un sacrificio y todos cantaban en voz alta los himnos Védicos. Los semidioses, los habitantes de Pitṛloka y Gandharvaloka, así como muchos sabios, arrojaban flores desde el cielo. Los hombres y mujeres de Hastināpura e Indraprastha, con sus cuerpos ungidos con esencias y aceites florales, estaban elegantemente vestidos con prendas coloridas y adornados con guirnaldas, joyas y ornamentos. Todos disfrutaban de la ceremonia y se arrojaban unos a otros sustancias líquidas como agua, aceite, leche, mantequilla y yogur. Algunos incluso las untaban sobre los cuerpos de los demás. De esta manera disfrutaban de la ocasión. Las prostitutas profesionales también estaban ocupadas untando alegremente estas sustancias líquidas sobre los cuerpos de los hombres, y los hombres correspondían de la misma manera. Todas las sustancias líquidas habían sido mezcladas con cúrcuma y azafrán, y su color era de un amarillo brillante.

Con el fin de presenciar la gran ceremonia, habían venido muchas esposas de los semidioses en diferentes aeroplanos, y eran visibles en el cielo. De manera similar, las reinas de la familia real llegaron magníficamente adornadas y rodeadas de guardaespaldas en la superficie de diferentes palanquines. Durante ese tiempo, el Señor Kṛṣṇa, primo materno de los Pāṇḍavas, y Su amigo especial Arjuna arrojaban las sustancias líquidas sobre los cuerpos de las reinas. Las reinas se sintieron avergonzadas, pero al mismo tiempo sus hermosas sonrisas iluminaban sus rostros. Debido a las sustancias líquidas que se arrojaban sobre sus cuerpos, los saris que las cubrían quedaron completamente mojados. Las diferentes partes de sus hermosos cuerpos, particularmente sus senos y sus cinturas, se hicieron parcialmente visibles debido a la tela mojada. Las reinas también trajeron cubetas de sustancias líquidas y las rociaron sobre los cuerpos de sus cuñados. Mientras participaban en estas actividades jubilosas, sus cabellos se soltaron y las flores que adornaban sus cuerpos comenzaron a caer. Cuando el Señor Kṛṣṇa, Arjuna y las reinas estaban así ocupados en estas actividades jubilosas, las personas que no tenían el corazón limpio se agitaron por deseos lujuriosos. En otras palabras, tal comportamiento entre hombres y mujeres puros es agradable, pero las personas materialmente contaminadas se ponen lujuriosas.

El Rey Yudhiṣṭhira, en una magnífica cuadriga tirada por excelentes caballos, estaba presente con sus reinas, incluyendo a Draupadī y las demás. Las festividades del sacrificio eran tan hermosas que parecía como si el Rājasūya estuviera allí presente en persona con las funciones del sacrificio.

Después del sacrificio Rājasūya, tuvo lugar el deber ritual Védico conocido como patnīsaṁyāja. Este sacrificio se realizaba junto con la esposa, y también fue debidamente realizado por los sacerdotes del Rey Yudhiṣṭhira. Cuando la Reina Draupadī y el Rey Yudhiṣṭhira estaban tomando su baño avabhṛtha, los ciudadanos de Hastināpura, así como los semidioses, comenzaron a tocar tambores y a hacer sonar trompetas por sentimientos de felicidad, y hubo una lluvia de flores desde el cielo. Cuando el Rey y la Reina terminaron su baño en el Ganges, todos los demás ciudadanos, pertenecientes a todos los varṇas o castas–los brāhmaṇas, los kṣatriyas, los vaiśyas y los śūdras–tomaron sus baños en el Ganges. Bañarse en el Ganges es recomendado en las literaturas Védicas porque mediante tal baño uno queda liberado de todas las reacciones pecaminosas. Esto todavía se practica en la India, especialmente en momentos particularmente auspiciosos. En tales ocasiones, millones de personas se bañan en el Ganges.

Después de tomar su baño, el Rey Yudhiṣṭhira se vistió con una nueva prenda de seda y un manto, y se adornó con valiosas joyas. El Rey no solo se vistió y se adornó a sí mismo, sino que también dio ropa y ornamentos a todos los sacerdotes y a los demás que habían participado en los yajñas. De esta manera, todos fueron adorados por el Rey Yudhiṣṭhira. Él adoraba constantemente a sus amigos, a los miembros de su familia, a sus parientes, a sus bienquerientes y a todos los presentes, y como era un gran devoto del Señor Nārāyaṇa, o porque era un Vaiṣṇava, sabía por lo tanto cómo tratar bien a todos. El esfuerzo de los filósofos Māyāvādīs por ver a todos como Dios es una manera artificial de alcanzar la unidad, pero un Vaiṣṇava o un devoto del Señor Nārāyaṇa ve a toda entidad viviente como parte y porción del Señor Supremo. Por lo tanto, el trato de un Vaiṣṇava hacia otras entidades vivientes se encuentra en la plataforma absoluta. Así como uno no puede tratar una parte de su cuerpo de manera diferente de otra parte porque todas pertenecen al mismo cuerpo, de la misma manera un Vaiṣṇava no ve a un ser humano como diferente de un animal, porque en ambos ve al alma y a la Superalma sentadas simultáneamente.

Cuando todos se habían refrescado después de bañarse y estaban vestidos con prendas de seda, pendientes enjoyados, guirnaldas de flores, turbantes, largos mantos y collares de perlas, todos juntos parecían semidioses del cielo. Esto era especialmente cierto en el caso de las mujeres, que estaban muy elegantemente vestidas. Cada una llevaba un cinturón de oro alrededor de la cintura. Todas sonreían. Aquí y allá se veían marcas de tilaka y cabellos rizados. Esta combinación era muy atractiva.

Las personas que habían participado en el sacrificio Rājasūya–incluyendo a los sacerdotes más cultos, los brāhmaṇas que habían ayudado en la ejecución del sacrificio, los ciudadanos de todos los varṇas, reyes, semidioses, sabios, santos y ciudadanos de Pitṛloka–estaban todas muy satisfechas con el trato del Rey Yudhiṣṭhira y, al final, partieron felizmente hacia sus residencias. Mientras regresaban a sus hogares, hablaban del trato del Rey Yudhiṣṭhira, y aun después de hablar continuamente de su grandeza no estaban satisfechos, tal como uno puede beber néctar una y otra vez y nunca quedar satisfecho. Después de que todos los demás se marcharon, Mahārāja Yudhiṣṭhira retuvo a su círculo íntimo de amigos, incluyendo al Señor Kṛṣṇa, impidiéndoles partir. El Señor Kṛṣṇa no pudo rechazar la petición del Rey. Por lo tanto, envió de regreso a todos los héroes de la dinastía Yadu, como Sāmba y otros. Todos ellos regresaron a Dvārakā, y el Señor Kṛṣṇa permaneció personalmente para dar placer al Rey.

En el mundo material, todos tienen algún tipo particular de deseo que quieren satisfacer, pero uno nunca es capaz de satisfacer plenamente sus deseos. Sin embargo, el Rey Yudhiṣṭhira, debido a su devoción inquebrantable a Kṛṣṇa, pudo satisfacer exitosamente todos sus deseos mediante la ejecución del yajña Rājasūya. De la descripción de la ejecución del yajña Rājasūya parece que tal función es un gran océano de deseos opulentos. No es posible para un hombre ordinario cruzar semejante océano; sin embargo, por la gracia del Señor Kṛṣṇa, el Rey Yudhiṣṭhira pudo cruzarlo muy fácilmente y, de esta manera, quedó libre de todas las ansiedades.

Cuando Duryodhana vio que Mahārāja Yudhiṣṭhira se había vuelto muy famoso después de realizar el yajña Rājasūya y estaba completamente satisfecho en todos los aspectos, comenzó a arder con el fuego de la envidia porque su mente siempre era venenosa. Por una parte, envidiaba el palacio imperial que había sido construido por el demonio Maya para los Pāṇḍavas. El palacio era extraordinario por su desconcertante trabajo artístico y era digno de la posición de grandes príncipes, reyes o líderes de los demonios. En aquel gran palacio, los Pāṇḍavas vivían con los miembros de su familia, y la Reina Draupadī servía a sus esposos muy pacíficamente. Y como en aquellos días el Señor Kṛṣṇa también estaba allí, el palacio estaba además decorado por Sus miles de reinas. Cuando las reinas, con sus pesados senos y delgadas cinturas, se desplazaban por el palacio y sus campanitas tobilleras resonaban muy melodiosamente con sus movimientos, todo el palacio parecía más opulento que los reinos celestiales. Como una parte de sus senos estaba espolvoreada con polvo de azafrán, los collares de perlas sobre sus pechos parecían rojizos. Con sus grandes pendientes y sus cabellos sueltos, las reinas parecían muy hermosas. Después de contemplar semejantes bellezas en el palacio del Rey Yudhiṣṭhira, Duryodhana sintió envidia. Sintió especialmente envidia y lujuria al ver la belleza de Draupadī, porque desde el mismo comienzo de su matrimonio con los Pāṇḍavas había sentido una atracción especial por ella. En la asamblea para elegir esposo de Draupadī, Duryodhana también había estado presente y, junto con otros príncipes, había quedado muy cautivado por la belleza de Draupadī, pero no había logrado obtenerla.

En cierta ocasión, el Rey Yudhiṣṭhira estaba sentado en el trono dorado del palacio construido por el demonio Maya. Sus cuatro hermanos y otros parientes, así como su gran bienqueriente, la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, estaban presentes, y la opulencia material del Rey Yudhiṣṭhira no parecía inferior a la del Señor Brahmā. Mientras estaba sentado en el trono rodeado de sus amigos y los recitadores le ofrecían oraciones en forma de hermosas canciones, Duryodhana llegó al palacio con su hermano menor. Duryodhana estaba adornado con un yelmo y llevaba una espada en la mano. Siempre estaba de humor envidioso y furioso y, por lo tanto, ante la menor provocación, habló bruscamente con los porteros y se enfureció. Estaba irritado porque no logró distinguir entre el agua y la tierra. Gracias a la habilidad del demonio Maya, el palacio estaba decorado en diferentes lugares de tal manera que quien no conociera los trucos consideraría que el agua era tierra y la tierra era agua. Duryodhana también quedó confundido por esta habilidad artística y, cuando atravesaba un lugar con agua pensando que era tierra, cayó. Cuando Duryodhana, debido a su necedad, hubo caído de esa manera, las reinas disfrutaron del incidente riéndose. El Rey Yudhiṣṭhira pudo comprender los sentimientos de Duryodhana e intentó contener a las reinas para que no se rieran, pero el Señor Kṛṣṇa indicó que el Rey Yudhiṣṭhira no debía impedirles disfrutar del incidente. Kṛṣṇa deseaba que Duryodhana pudiera ser engañado de esa manera y que todos pudieran disfrutar de su comportamiento necio. Cuando todos se rieron, Duryodhana se sintió muy insultado y sus cabellos se erizaron de ira. Al sentirse así insultado, abandonó inmediatamente el palacio, inclinando la cabeza. Permaneció en silencio y no protestó. Cuando Duryodhana se marchó en semejante estado de ira, todos lamentaron el incidente, y el Rey Yudhiṣṭhira también se sintió muy apenado. Pero, a pesar de todo lo ocurrido, Kṛṣṇa permaneció en silencio. No dijo nada ni en contra ni a favor del incidente. Parecía que Duryodhana había sido puesto bajo la ilusión por la voluntad suprema del Señor Kṛṣṇa, y este fue el comienzo de la enemistad entre las dos ramas de la dinastía Kuru. Parecía que esto formaba parte del plan de Kṛṣṇa en Su misión de disminuir la carga del mundo.

El Rey Parīkṣit había preguntado a Śukadeva Gosvāmī por qué Duryodhana no estaba satisfecho después de la culminación del gran sacrificio Rājasūya, y así fue explicado por Śukadeva Gosvāmī.

Así termina el significado Bhaktivedanta del Segundo Volúmen, Vigésimo Capítulo, de Kṛṣṇa, “Por qué Duryodhana se Sintió Insultado al Final del Sacrificio Rājasūya.”

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