Capítulo 9
Madre Yaśodā Ata al Señor Kṛṣṇa
En alguna ocasión, viendo que su doncella estaba ocupada en diferentes quehaceres domésticos, madre Yaśodā personalmente se encargó de batir mantequilla. Y mientras batía la mantequilla, cantaba los pasatiempos infantiles de Kṛṣṇa y disfrutaba pensando en su hijo.
Madre Yaśodā tenía fajado el extremo de su sari mientras batía, y a causa de su intenso amor por su hijo, la leche goteaba en automático de sus pechos, los cuales se movían mientras trabajaba muy duro batiendo con ambas manos. Los brazaletes y pulseras en sus brazos tintineaban al tocarse entre sí, y sus aretes y pechos se sacudían. Había gotas de sudor en su rostro, y la guirnalda de flores que tenía en la cabeza se dispersó aquí y allá. Ante esta vista pintoresca, el Señor Kṛṣṇa apareció como un niño. Él sintió hambre, y por amor a Su madre, quiso que ella dejara de batir. Le indicó que su deber principal era dejarle mamar su pecho y luego más tarde batir la mantequilla.
Madre Yaśodā tomó a su hijo en su regazo y empujó los pezones de sus pechos dentro de Su boca. Y mientras Kṛṣṇa estaba mamando la leche, ella sonreía, disfrutando la belleza del rostro de su hijo. De repente, la leche que estaba en el fogón comenzó a hervir y a derramarse. Solo para evitar que la leche se derramara, madre Yaśodā inmediatamente dejó a Kṛṣṇa a un lado y fue hacia el fogón. Dejado así por Su madre, Kṛṣṇa se enojó mucho, y Sus labios y ojos se pusieron rojos de ira. Él apretó Sus dientes y labios, y tomando un pedazo de piedra, inmediatamente rompió la olla de mantequilla. Sacó mantequilla de ella, y con falsas lágrimas en los ojos, comenzó a comer la mantequilla en un lugar apartado.
Mientras tanto, después de poner en orden la cacerola de leche que se estaba desbordando madre Yaśodā regresó al lugar donde se batía la mantequilla. Vio la olla rota en la cual se guardaba el yogur para batir. Como no pudo encontrar a su hijo, concluyó que la olla rota era obra Suya. Comenzó a sonreír mientras pensaba, “El niño es muy astuto. Después de romper la olla, se ha ido de este lugar por temor a ser castigado.” Después de buscar por todas partes, encontró un gran mortero de madera que estaba puesto boca abajo, y encontró a su hijo sentado sobre él. Kṛṣṇa estaba tomando la mantequilla que colgaba del techo en un columpio, y se la estaba dando de comer a los monos. Ella vio a Kṛṣṇa mirando hacia un lado y hacia otro por temor a ella, porque Él estaba consciente de Su comportamiento travieso. Después de ver a su hijo actuando así, ella muy silenciosamente se acercó a Él por detrás. Kṛṣṇa, sin embargo, rápidamente la vio acercándose a Él con una vara en la mano, e inmediatamente se bajó del mortero y comenzó a huir por temor.
Madre Yaśodā Lo persiguió por todos los rincones, tratando de capturar a la Suprema Personalidad de Dios, quien nunca es alcanzado ni siquiera por las meditaciones de los grandes yogīs. En otras palabras, la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, quien nunca es atrapado por los yogīs y especuladores, estaba jugando exactamente como un niño pequeño para una gran devota como madre Yaśodā. Sin embargo, debido a su cintura delgada y su cuerpo pesado madre Yaśodā no podía atrapar fácilmente al niño que corría tan rápido. Aun así, trató de seguirlo tan rápido como le fue posible. Su cabello se aflojó, y la flor que llevaba en su cabello cayó al suelo. Aunque estaba cansada, de alguna manera alcanzó a su travieso hijo y Lo capturó. Cuando fue atrapado, Kṛṣṇa estuvo casi a punto de llorar. Frotó Sus manos sobre Sus ojos, que estaban ungidos con cosmético negro. El niño vio el rostro de Su madre mientras ella estaba frente a Él, y Sus ojos se pusieron inquietos por temor. Madre Yaśodā pudo entender que Kṛṣṇa estaba innecesariamente asustado, y para Su beneficio quiso mitigar Sus temores.
Siendo la mayor bienqueriente de su hijo, madre Yaśodā comenzó a pensar, “Si el niño está demasiado asustado de mí, no sé qué Le vaya a pasar.” Madre Yaśodā entonces tiró su vara. Para castigarlo, pensó atar Sus manos con algunas cuerdas. Ella no lo sabía, pero en realidad era imposible para ella atar a la Suprema Personalidad de Dios. Madre Yaśodā pensaba que Kṛṣṇa era su pequeño hijo; ella no sabía que el niño no tenía ninguna limitación. No hay interior ni exterior en Él, ni principio ni fin. Él es ilimitado y omnipenetrante. En verdad, Él Mismo es toda la manifestación cósmica. Aun así, madre Yaśodā pensaba en Kṛṣṇa como su hijo. Aunque Él está más allá del alcance de todos los sentidos, ella se esforzó por atarlo a un mortero de madera. Pero cuando trató de atarlo, se dió cuenta que la cuerda que estaba usando era demasiado corta–por cinco centímetros. Reunió más cuerdas de la casa y las unió, pero al final encontró que faltaban los mismos cinco centímetros. De esta manera, ella unió todas las cuerdas que había en la casa, pero al unir el nudo final, vio que aún faltaban cinco centímetros. Madre Yaśodā estaba sonriendo, pero estaba asombrada. ¿Cómo estaba sucediendo esto?
Al intentar atar a su hijo, se cansó. Estaba sudando, y la guirnalda en su cabeza cayó. Entonces el Señor Kṛṣṇa apreció el arduo trabajo de Su madre, y siendo compasivo con ella, accedió a ser atado con las cuerdas. Kṛṣṇa, actuando como un niño humano en la casa de madre Yaśodā, estaba llevando a cabo Sus propios y selectos pasatiempos. Por supuesto, nadie puede controlar a la Suprema Personalidad de Dios. El devoto puro se entrega a los pies de loto del Señor, quien puede protegerlo o destruirlo. Pero de su parte, el devoto nunca olvida su propia posición de entrega. De manera similar, el Señor también siente placer trascendental al someterse a la protección del devoto. Esto fue ejemplificado por la entrega de Kṛṣṇa ante Su madre, Yaśodā.
Kṛṣṇa es el supremo otorgador de todo tipo de liberación para Sus devotos, pero la bendición que le fue otorgada a madre Yaśodā nunca fue experimentada ni siquiera por el Señor Brahmā o el Señor Śiva o la diosa de la fortuna.
La Suprema Personalidad de Dios, quien es conocido como el hijo de Yaśodā y Nanda Mahārāja, nunca es conocido de manera tan completa por los yogīs y especuladores. Pero Él está fácilmente disponible para Sus devotos. Tampoco es apreciado por los yogīs y especuladores como el supremo depósito de todo placer.
Después de atar a su hijo, madre Yaśodā se ocupó en los quehaceres domésticos. En ese momento, atado al mortero de madera, Kṛṣṇa pudo ver ante Sí un par de árboles que eran conocidos como árboles arjuna. El gran depósito de placer, el Señor Śrī Kṛṣṇa, entonces pensó para Sí, “Madre Yaśodā primero se fue sin darme suficiente leche, y por lo tanto rompí la olla de yogur y distribuí las reservas de mantequilla en caridad a los monos. Ahora ella Me ha atado a un mortero de madera. Así que haré alguna travesura más grande que la anterior.” Y así Él pensó en derribar los dos árboles arjuna que eran muy altos.
Hay una historia detrás del par de árboles arjuna. En sus vidas anteriores, los árboles habían nacido como hijos humanos de Kuvera, y sus nombres eran Nalakūvara y Maṇigrīva. Ahora, por fortuna, el Señor los había visto. En sus vidas anteriores el gran sabio Nārada los había maldecido con el fin de que recibieran la más alta bendición de ver al Señor Kṛṣṇa. Esta maldición-bendición les fue otorgada debido a su olvido a causa de la intoxicación. Esta historia se narrará en el próximo capítulo.
Así termina el significado Bhaktivedanta del Noveno Capítulo de Kṛṣṇa, “Madre Yaśodā ata al Señor Kṛṣṇa.”